Don Arsenio Jaraba, alma y nervio del Fandango de la 24 – (Por: Pedro Severiche)

Don Arsenio Jaraba, alma y nervio del Fandango de la 24 – (Por: Pedro Severiche)Por esas cosas inexplicables de la vida, me gradué como mecánico industrial del bien amado Instituto Técnico Superior Industrial en 1977, plantel educativo que tenía sus instalaciones aún en la carrera 24 con calle 47 de Barrancabermeja; ese mismo sector donde estaba justamente ubicado Talleres Unidos, lugar donde fui a buscar mi trabajo como bachiller técnico.

 

Allí me atendió Don Arsenio Jaraba (como hoy me atiende en la sala de casa casi medio siglo después). Me reparó de pies a cabeza y como que no vio en mi ningún asomo para manejar sus tornos y me dijo algo así como, “Compita yo creo que usted no tiene pinta para este trabajo. Lo noto flojongo”.  Y es que son propias del ‘Compita’ Jaraba sus expresiones como malucongo, baratongo, sabrosongo, etc.

 

Me dice que puedo escribir Arsenio con S o con C. “Como a usted le dé la gana, Compita”.

 

 

El fandango de la 24

 

He venido a su casa para hablar de su vida y gustoso me atiende en su sala sentado en una mecedora, luciendo su sombrero blanco de tela y hablándome de las bondades del ajonjolí como secreto para vivir cien años. “Y el mote de guandú”, se lo recomienda a todos.

 

Pero yo he venido a hablar con él esta vez sobre el Fandango de la 24 y de cómo un hombre que llegó a Barrancabermeja en 1942 de La Llanada (Sucre) se convirtió en leyenda de la industria local.

 

Para quienes no saben, debo decirles que, en Barrancabermeja, como en cualquier ciudad grande del mundo, la gente se reúne la noche del 31 de diciembre, amanecer del 1º de enero, a recibir el Año Nuevo con la música de bandas folclóricas y danzando fandango, como recordando el legado de los hombres que sin mayor educación llegaron de la costa caribe colombiana y dieron el impulso que la industria del petróleo requería para ser hoy en día lo que es: el motor de Colombia.

 

 

 

El fandango de la 24 es un evento institucionalizado del hoy distrito de Barrancabermeja, luego del empeño puesto en su momento por la Junta de Acción Comunal del barrio El Recreo, que presidía para entonces Oscar Rodao. “Antes de institucionalizar el Fandango, los viejos ponían la totuma para pagar el costo del toque de las bandas”, recuerda Rodao.

 

Ellos vieron como Don Arsenio junto a sus vecinos y amigos como Hernán Herazo, Ramón Padilla, Alirio Castellanos, entre otros, recogían con totuma los recursos para pagar los gastos que cuesta hacer una fiesta de esta naturaleza.

 

“Ya la gente me está preguntando que cómo está el fandango de este año”, comenta riéndose.

 

 

De panadero a tornero 

 

Pero hablar con Don Arsenio es hablar de su vida como empresario de la industria local. Es un enamorado del trabajo. A sus casi 100 años de edad, suele pasar revista a su taller que ya no queda en la 24 sino en la 36, en un lote que fue de un exgerente de la refinería de Barrancabermeja y quien en algún momento quiso hacerle competencia, pero no le dio la talla.

 

Me recuerda que llegó un sábado a Barrancabermeja y como todos los que llegaban a Barrancabermeja en la mitad del siglo XX, pasó derecho para El Centro y se inició vendiendo pan con un canasto al hombro, ganando más plata que los que trabajaban para la Tropical Oil Company, hoy Ecopetrol.

 

“Ganaba más vendiendo que lo que ganaban los trabajadores de la TROCO. Yo les prestaba plata a ellos de lo que me ganaba vendiendo pan”, confiesa don Arsenio.

 

Cansado de vender pan, se volvió cansón pidiendo su entrada a la compañía y lo logró. Sin mayores conocimientos de mecánica industrial, pero eso sí de las operaciones matemáticas, se convirtió en el mejor de los torneros de la refinería de Barrancabermeja, a donde fue trasladado de El Centro gracias a su destreza con el buril.

 

 

 

 

 

Talleres Unidos

 

Inquieto como siempre ha sido, don Arsenio creó una cooperativa entre sus compañeros de trabajo y allí en refinería también prestaba plata hasta a su jefe de apellido Saldaña.  Esa cooperativa, con el tiempo, se convertiría en una de las empresas metalmecánicas de mayor reconocimiento en Colombia y con prestigio internacional: Talleres Unidos.

 

Para ponerse al frente de esa empresa, don Arsenio renunció a su estabilidad en Ecopetrol, luego de consultarlo con Josefina, la madre de sus hijos y quien se le adelantó en el camino hacia la otra vida.  Don Arsenio no se arrepiente de su salida de la compañía de petróleos, empresa que terminó con el tiempo contratando los más delicados trabajos con el ‘Compita’ Jaraba.

 

Sentado junto a él y acompañado de su hijo Arturo, aprovecho para agradecerle a don Arsenio Jaraba, el hecho de no haberme contratado como tornero porque ello me dio la oportunidad de ser periodista.

 

Y que suene La Lorenza, el porro que lleva en la sangre don Arsenio Jaraba Garay, música que sirvió para avivar la naciente industria del petróleo en Colombia a principios del siglo pasado.

 

“El porro se baila sueltongo y no apretadongo como ahora quieren bailarlo los pelaos”, advierte el ‘Compita’ Jaraba a quien el whisky a sus cien años, no le hace daño.

 

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