Mejor buenos sueños que pesadillas – Por: Jaime Calderón H

Es costumbre que cuando un colombiano obtiene una meta, suela recordarnos que “no hay que renunciar a los sueños”.

Es costumbre que cuando un colombiano obtiene una meta, suela recordarnos que “no hay que renunciar a los sueños”.

El Diccionario de la RAE define hazmerreír como la “persona que por su aspecto o conducta es objeto de diversión o burla de otros”. Esta definición se amolda a todo aquel que con su actuación de algún modo entretiene y no hace daño a los demás. Pero cuando las alocadas decisiones que alguien toma (o que le hacen tomar) ponen en peligro la estabilidad institucional de una nación, hay que pensar en darle el calificativo que le corresponde: el de “hazmellorar”.

Antes Verdad y Justicia y después perdón y reparación. Tan obvia como la famosa frase atribuida a Einstein según la cual “nada más tonto que esperar que repitiendo las mismas medidas se llegue a resultados diferentes”, sería el que no se puede esperar la solución de un problema sin antes establecer el diagnóstico de sus causas.

María Elena Santos escribió: «Para los que no se explican por qué, indígenas en Popayán, tumbaron la estatua de Sebastián de Belalcázar en el morro Tulcán, acá les cuento porque esto le interesará:

Cristina fue abandonada en un asilo donde murió sola. Aunque siempre tuvo la esperanza de ver de nuevo a sus seres queridos, estos sueños chocaron con la cruda realidad.

En Barrancabermeja independientemente de ideologías, favoritismos políticos o preferencias partidistas, se hace indispensable establecer una serie de temas que deben ser de interés público, deberían guiar la discusión política y generar consensos acerca de lo que debería hacer el gobierno local, la academia, las organizaciones sociales y hasta la empresa privada.

El título de esto va entrecomillas porque es parodiando la columna de Felipe Zuleta del domingo pasado, aquí en El Espectador, titulada “Petro es un pirómano muy peligroso”. (Ver columna).

Podría afirmar que los seres humanos, al igual que el bello satélite que nos ilumina en la noche, tenemos un lado oscuro y uno que brilla.

Los apóstoles de la “no violencia” creen que en empresas o entidades públicas no tenemos derecho a protestar y menos a hacer huelgas. Para ellos, la mejor protesta es la que no existe