
Escuchen las barbaridades que dice Abelardo De La Espriella en sólo un minuto. Cada afirmación abre más preguntas que respuestas y evidencia una narrativa llena de incoherencias difíciles de sostener.
Primero, asegura que llevan trabajando más de seis meses en el empalme.
¿Cómo así?
En ese momento apenas estaba recogiendo firmas y, según su propio relato, ya existía una comisión de Empalme y Anticorrupción operando con un presupuesto de 60 millones de dólares.
¿Quién autoriza semejante estructura antes de ganar una elección?
¿Con qué sustento legal o administrativo?
Luego afirma que más de 400 personas, lideradas por José Manuel Restrepo, están involucradas. Pero si ese nombramiento vicepresidencial se anunció hace apenas tres meses, ¿cómo se explica que ya comandara un equipo tan grande desde mucho antes? La línea de tiempo simplemente no cuadra.
A esto se suma la afirmación de que el BID “le regala” a Colombia 60 millones de dólares.
Cualquier persona con nociones básicas de finanzas internacionales sabe que los bancos multilaterales no regalan dinero. Otorgan créditos, cooperación técnica o recursos condicionados, pero jamás “regalos” de esa magnitud.
¿De dónde sale esa versión?
Además, históricamente los procesos de empalme no han costado nada al Estado.
Son equipos designados por el gobierno entrante que trabajan de manera articulada con el saliente.
Entonces, ¿por qué ahora costaría 60 millones de dólares?
¿A quién se le pagaría?
¿Dónde están los contratos, los alcances, las órdenes de trabajo?
Finalmente, si el Gobierno Nacional no ha tenido ninguna reunión formal de empalme, ¿ante qué instancias verificaron esa información?
Como dice el dicho, “vaca ladrona no olvida el portillo”. Si así se construyó el discurso para llegar, lleno de contradicciones, no sorprende que continúe en la misma línea.





