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Los nunca: Miguel Gómez Martínez (ministro de hacienda)

La presencia de figuras provenientes de reconocidas familias políticas demuestra que la promesa de dejar atrás a "los de siempre" terminó convirtiéndose en mentira, en una continuidad de las élites tradicionales. El gobierno que se presentó como el de los "nunca" comienza, precisamente, con los de siempre.

El anuncio de Miguel Gómez como ministro de Hacienda del gobierno de Abelardo de la Espriella ha desatado un intenso debate político.

Esta designación contradice una de las principales banderas de campaña del hoy presidente electo: la promesa de gobernar con los llamados «nunca», es decir, personas ajenas a la política tradicional y a las dinastías que históricamente han ocupado el poder en Colombia.

Miguel Gómez Martínez pertenece a una de las familias más influyentes de la política nacional.

Es hijo del ex senador Enrique Gómez Hurtado, nieto del ex presidente Laureano Gómez, sobrino de Álvaro Gómez Hurtado y hermano del senador electo Enrique Gómez Martínez, líder del Movimiento de Salvación Nacional, colectividad que respaldó la candidatura presidencial de De la Espriella.

Este nombramiento representa la llegada de un nuevo heredero político a un gabinete que prometía romper con las viejas estructuras del poder.

Diversas voces han cuestionado la decisión.

El influencer político Carlos Carrillo afirmó que «los nietos de Laureano necesitaron aliarse con el amigote de los narcos para volver al poder» y sostuvo que quienes se presentaron como «los nunca» llevan generaciones vinculados al Estado.

Por su parte, el ex director de la DIAN, Luis Carlos Reyes, ironizó señalando que «más que política tradicional, el laureanismo es política vintage».

A su vez, Santiago Vargas Acebedo recordó que Laureano Gómez llegó al poder hace 76 años con un proyecto político conservador y afirmó que hoy esa tradición vuelve a tener protagonismo en el nuevo gobierno.

El discurso de renovación quedó desdibujado desde los primeros anuncios del gabinete.

La presencia de figuras provenientes de reconocidas familias políticas demuestra que la promesa de dejar atrás a «los de siempre» terminó convirtiéndose en mentira, en una continuidad de las élites tradicionales.  El gobierno que se presentó como el de los «nunca» comienza, precisamente, con los de siempre.