Inicio Benito Guerra Don Chucho, Centinela de la historia industrial – Por: Benito Guerra Fuentes

Don Chucho, Centinela de la historia industrial – Por: Benito Guerra Fuentes

El 2 de agosto de 2020, a los 89 años, Don Chucho partió serenamente. Se fue en paz, con la satisfacción de haber cumplido su misión con dignidad, responsabilidad y honor

Fotografías suministradas por la familia Arévalo Peñuela y La señora Luisa Antonia de Annichiarico.

A don Jesús Arévalo Rey, a quien generaciones enteras conocieron y apreciaron como “Don Chucho”, dedicamos este sencillo, pero sentido homenaje. Fue mucho más que el emblemático portero del Colegio Técnico Industrial; fue un hombre de paciencia inagotable, voluntad ejemplar y profundo respeto por su trabajo y por cada miembro de la comunidad educativa.

Nació el 20 de marzo de 1931 en Calarcá, Quindío, donde transcurrieron sus primeros años entre cafetales y paisajes apacibles. Sin embargo, la violencia política que sacudió al país lo obligó a abandonar su tierra y trasladarse a Bogotá. Allí, en 1948, vivió uno de los episodios más dramáticos de la historia nacional: el Bogotazo. Solía recordar cómo corría junto a su padre mientras las balas silbaban a su alrededor, hasta encontrar refugio en una vivienda marcada con una bandera roja, símbolo de protección en medio del caos.

Después de varios años de trabajo en la capital, el destino le presentó una oportunidad que cambiaría su vida. El señor Rafael Maldonado, rector de la naciente Escuela Industrial de Barrancabermeja, le propuso vincularse al proyecto educativo. Don Jesús aceptó el reto y llegó al puerto petrolero en agosto de 1962, convirtiéndose en uno de los pioneros y testigos privilegiados de la construcción de una institución que marcaría la historia de la ciudad.

Dos años más tarde, en 1964, contrajo matrimonio con la señora Mariela Peñuela. Juntos edificaron un hogar sólido y ejemplar durante 47 años, del que nacieron sus tres hijas: Alba, Nubia y Deisy.

Aunque muchos lo recuerdan vigilando la entrada principal o cuidando con esmero las bicicletas de los estudiantes, pocos conocieron una de sus facetas más admirables; la de lector apasionado. Fue un intelectual silencioso que encontró en los libros una fuente permanente de aprendizaje. Con la complicidad de la bibliotecaria, la señora Inelda de Zambrano, emprendió una hazaña extraordinaria; leer, uno por uno, casi todos los ejemplares de la biblioteca del colegio. La filosofía, la historia y los editoriales ocupaban buena parte de sus horas libres. Aquella pasión por las letras lo llevó también a escribir cuentos que, pese a su habitual discreción, obtuvieron reconocimientos y premios.

Fotografías suministradas por la familia Arévalo Peñuela

Tras 31 años de servicio ejemplar y múltiples condecoraciones, se jubiló el 30 de junio de 1993. Inició entonces una nueva etapa dedicada a sus mayores afectos; viajar, compartir con su familia y continuar alimentando su amor por la lectura.

El 2 de agosto de 2020, a los 89 años, Don Chucho partió serenamente. Se fue en paz, con la satisfacción de haber cumplido su misión con dignidad, responsabilidad y honor. Su recuerdo permanece vivo en la memoria de quienes lo conocimos y en los pasillos de una institución que ayudó a construir con trabajo silencioso, disciplina ejemplar y una inquebrantable vocación de servicio.