
En respuesta al precandidato David Luna, ex senador del Partido Cambio Radical que hoy pretende mostrarse como independiente, rechazamos su actitud prepotente al descalificar nuestras críticas como “el mismo libreto”.
No se equivoque, señor Luna: nuestras observaciones son legítimas y nacen del análisis de sus cinco propuestas, que lejos de representar un cambio real, parecen diseñadas para complacer a sus patrocinadores y no al pueblo colombiano. Las propuestas suyas nos generan un profundo rechazo debido a la visión simplista y autoritaria que plantean.
En primer lugar, el Plan de 100,000 reclutas para reforzar la seguridad es una de las propuestas más preocupantes.
Más bota militar no soluciona el problema de la violencia y la inseguridad en Colombia, sino que lo agravan. Lo único que se consigue con esta medida es una mayor represión hacia la población, especialmente en las comunidades más vulnerables.
La militarización de la sociedad no es la respuesta, ya que lo que se necesita es una solución integral basada en la justicia social, educación y empleo, que reduzca las causas estructurales de la violencia.
$10 billones de las regalías para combatir la pobreza
En segundo lugar, el uso de más de $10 billones de las regalías para combatir la pobreza suena a una idea superficial que tiene poco de sostenible. Estos recursos, lejos de llegar a las comunidades más necesitadas, se canalizan a través de políticas que favorecen a los grandes empresarios, como lo ha demostrado la historia.
Las regalías, en vez de ser un mecanismo para reducir la desigualdad, terminan siendo un negocio politiquero que beneficia a los poderosos y perpetúa el ciclo de pobreza para la mayoría de la población.
La tercera propuesta, el Plan Colombia Recargado, también nos resulta inaceptable.
Ya hemos visto los efectos negativos de las políticas de «guerra contra las drogas» desde la época de Andrés Pastrana, con un enfoque militarista y de criminalización.
Este plan, que promete usar inteligencia, tecnología y cooperación internacional, solo traerá un mayor control sobre la vida de las personas a través de la recolección de datos masivos.
La tecnología debería ser utilizada para mejorar la vida de los ciudadanos, no para crear una sociedad vigilada, donde la privacidad y la libertad individual queden comprometidas.
En cuanto a la reforma a la justicia con tecnología, nuevamente vemos una propuesta que oculta más de lo mismo.
Las reformas en el sistema judicial nunca han sido pensadas para hacer justicia a los más débiles, sino para asegurar la impunidad de aquellos que detentan el poder.
La promesa de que los fallos no tarden años no es creíble, porque las reformas siempre benefician a quienes están en el poder y no resuelven las raíces de la corrupción y la inequidad que existen en el sistema judicial.
El supuesto «trabajo con las regiones» es una propuesta vacía.
Lo que realmente vemos es que esos políticos como usted, solo trabajan para consolidar su poder a través de alianzas con alcaldes corruptos y desestabilizadores, que actualmente sabotean los esfuerzos del gobierno central y se aprovechan de los recursos para beneficio propio.
Sus propuestas no sólo son ineficaces, sino que están basadas en una visión autoritaria, de control social y de perpetuación de las estructuras de poder que han generado la profunda desigualdad y violencia que vivimos en Colombia.
No más de lo mismo
No necesitamos más de lo mismo, necesitamos un cambio real que respete los derechos de la gente y apunte a soluciones efectivas y justas.
Si realmente aspira a gobernar Colombia, lo primero que debe aprender es humildad. Escuchar al pueblo no es una estrategia electoral, es una obligación ética.
No subestime la inteligencia ciudadana. Pensar solo en beneficiar a quienes lo financian, ignorando al elector primario, es ruin y miserable. Colombia merece líderes sinceros, no actores en campaña.





