
Roy Barreras ha construido su aspiración presidencial alrededor de un argumento que, visto con cuidado, funciona más como un sofisma ingenioso que como una propuesta política coherente.
La idea central es simple en apariencia: pedirle al progresismo que hoy vota y respalda a Iván Cepeda que le “preste” sus votos en una consulta, con el supuesto objetivo superior de derrotar al uribismo.
El problema no es solo la audacia del planteamiento, sino la paradoja política y ética que encierra.
El razonamiento de Roy parte de una premisa emocionalmente atractiva
La unidad del progresismo. Bajo ese marco, invita a los votantes de Iván Cepeda a apoyarlo estratégicamente en la consulta, confiando en que él sería el mejor posicionado para enfrentar a la derecha tradicional.
Sin embargo, el sofisma aparece cuando se examina la consecuencia lógica de esa “ayuda prestada”. Si Roy lograra, gracias a esos votos, superar el umbral de 1.500.000 sufragios en la consulta, el siguiente paso —según su propio cálculo político— sería desplazar a Iván Cepeda de la carrera presidencial.
Es decir, pedir apoyo en nombre de la unidad para luego eliminar al mismo aliado que hizo posible ese apoyo.
La contradicción se profundiza
La contradicción se profundiza cuando Roy insiste en que su participación en la consulta es un acto de cohesión del progresismo.
Ese argumento tenía sentido cuando Iván Cepeda aún podía participar en la misma consulta. En ese escenario, la consulta funcionaba como un mecanismo legítimo de selección interna. Pero con Iván por fuera, la pregunta que ronda entre los seguidores progresistas es incómoda y persistente:
¿Cómo se construye unidad si, después de la consulta, no es posible unirse a ningún candidato que haya participado en otra?
La Ley 1475, en su artículo 7, es clara
Los candidatos que ganan consultas en marzo están obligados a ir a primera vuelta. No hay espacio legal para “acuerdos” posteriores que unifiquen candidaturas, salvo pagando una sanción económica proporcional al costo de la consulta.
Los defensores de Roy minimizan este punto, señalando que la sanción es solo económica. Sus críticos, en cambio, ven allí una irresponsabilidad mayúscula: participar sabiendo que se violará el espíritu de la ley, derrochar recursos públicos y exponerse a la discrecionalidad de un CNE y unos jueces electorales duramente cuestionados, todo para satisfacer el capricho político de una sola figura.
Roy quiere hacerse contar
En el fondo, muchos interpretan que Roy no busca realmente la presidencia, sino “hacerse contar”: medir fuerzas, ganar visibilidad y, quizás, negociar una eventual fórmula vicepresidencial con el mismo Iván Cepeda al que hoy le solicita votos prestados.
Está en su derecho, sin duda, pero eso no convierte la jugada en honesta ni en conveniente para el progresismo.
Por ahora, el primer balance en redes sociales es claro
Buena parte de las bases progresistas se oponen a una consulta de “izquierda” sin representantes reales de esa izquierda. Habrá que esperar cómo se desarrolla este novelón político, marcado por las jugaditas del CNE y los caprichos de Roy Barreras, para saber en qué termina este nuevo enredo del progresismo colombiano.





