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Pacto Histórico no puede caer en la trampa de dividirse atacando a sus propios precandidatos

La invitación es clara: menos ataques personales, más debate de ideas; menos fragmentación, más construcción colectiva. El futuro de Colombia depende de la unidad progresista y de nuestra capacidad para ofrecer un proyecto de país que supere las viejas divisiones y ponga en el centro la dignidad, la justicia social y el bienestar de la gente.

En este momento decisivo para el país, cuando las fuerzas progresistas enfrentan el desafío de consolidar un proyecto de transformación social, es un error estratégico desgastarnos en disputas internas y reproducir los discursos que ya fueron derrotados en las urnas. 

No podemos caer en la trampa de atacar a precandidatos como Daniel Quintero Calle con la misma retórica que durante años utilizó el uribismo, precisamente el discurso que Quintero logró derrotar en Medellín

Convertirlo en blanco de ataques personales, rumores y descalificaciones superficiales es no solo injusto, sino también políticamente torpe.

Daniel Quintero ha demostrado coherencia con una agenda progresista. 

Durante su gestión como alcalde, respaldó abiertamente al presidente Gustavo Petro, incluso en momentos en los que ese apoyo le costó sanciones políticas y una intensa campaña de desprestigio. 

Ese gesto no habla de cálculo, sino de convicción. Hoy, su papel dentro de la dinámica política nacional es estratégico: le resta votos a la derecha en Antioquia y Medellín, dos regiones históricamente difíciles para los sectores alternativos

Ignorar ese factor sería un grave error de lectura política.

Por eso, reducir el debate a cuestiones como su apariencia, su nivel económico o a los rumores que difunden sus adversarios no solo carece de contenido, sino que además nos debilita como proyecto colectivo. 

Los ataques internos dividen a la militancia, desgastan la credibilidad del movimiento y desmovilizan a las bases que, en lugar de ver un bloque sólido, perciben un escenario de fragmentación.

La política progresista necesita unidad en torno a las ideas, no enfrentamientos personales. 

Figuras nuevas como Carolina Corcho, con su conocimiento, estatura política y compromiso con las reformas que necesita el país, deben ser bienvenidas, al igual que los demás precandidatos presidenciales y los candidatos a corporaciones públicas que participarán en la consulta de octubre

Este es el momento de reconocer la diversidad del Pacto Histórico como una fortaleza, no como una amenaza.

La clave de la victoria está en unirnos alrededor de las reformas sociales y económicas que beneficien a la mayoría 

Defender las conquistas laborales, garantizar una reforma pensional justa, eliminar la intermediación financiera en el sistema de salud, reducir las tarifas de los servicios públicos y de los peajes, avanzar en la transición energética, fortalecer el agro, el turismo y la educación como pilares del crecimiento nacional. 

Estas son las banderas que nos deben unir y movilizar.

Por eso resulta triste ver a algunos líderes del Pacto Histórico —congresistas, candidatos y funcionarios del gobierno— enfrascados en peleas públicas, «agarrados de las mechas» como si fueran adversarios. 

La militancia y la ciudadanía exigen altura política. 

No podemos permitir que las groserías y la descalificación sean el eje del debate. El respeto, la argumentación y el diálogo democrático deben ser los pilares que guíen nuestras discusiones internas

Ese es el legado que debemos ofrecerle al pueblo colombiano: superar la herencia de desigualdad, violencia y exclusión que la derecha dejó tras décadas de gobierno.

El poder de las bases 

Es necesario, además, hacer un llamado a cierto sector de la izquierda ortodoxa y fundamentalista dentro del Pacto Histórico que, sin haber tenido una participación destacada en el gobierno, pretende imponer candidaturas y controlar los procesos internos, desconociendo la vocación democrática del movimiento. 

El Pacto no puede convertirse en un espacio donde unas pocas voces decidan por todos; la legitimidad solo se construye desde la base.

La fortaleza del Pacto Histórico debe radicar en entregarle a las bases, al elector primario, el poder de decisión mediante el voto popular. 

Nuevos liderazgos

El surgimiento de nuevos liderazgos debe provenir de las entrañas de la Colombia profunda, de las comunidades, de los sectores populares que viven las problemáticas que buscamos transformar. 

Solo así podremos consolidar un movimiento sólido, democrático y representativo que defienda con coherencia las reformas sociales que el país necesita.

La invitación es clara: menos ataques personales, más debate de ideas; menos fragmentación, más construcción colectiva. El futuro de Colombia depende de la unidad progresista y de nuestra capacidad para ofrecer un proyecto de país que supere las viejas divisiones y ponga en el centro la dignidad, la justicia social y el bienestar de la gente.

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