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Luis Ángel Chávez Obeso: es temprano todavía – Por: Pedro Severiche

Luis Ángel Chávez Obeso: es temprano todavía – Por: Pedro Severiche Aún hay quienes, como yo, recuerdan esa mañana de viernes en la que el más popular de los locutores que ha tenido Barrancabermeja, Luis Ángel Chávez Obeso, anunció que la de Lotería de Santander caería en 613.

 

Como todo lo que Chávez decía a través de su emisora era ley, la mayoría de los ciudadanos de Barrancabermeja apostó, ganó y quebró a más de una casa de apuestas. Desde entonces quedó prohibido por las casas chanceras la apuesta a números que “Lacho”, como se le conocía al famoso Chávez, insinuara a sus seguidores. Por supuesto que el 613 quedó borrado de las apuestas para siempre.

 

Yo por mi parte recordaré siempre la voz atronadora del disparo que rasgó la tranquilidad de la madrugada de ese martes, que rompió el silencio de ese amanecer; pero también los sesos de su cabeza, cuando decidió pegarse un tiro con el revólver de Teresita, su hermana.

 

 

La carta 

 

Dejó Chávez una carta al morir a su gruesa audiencia y a sus colegas locutores. Pidió perdón por su fatal determinación. En ella aseguró, de su puño y letra, que los sufrimientos que venía padeciendo eran insoportables. Cada día, cada noche, era de grandes sufrimientos. Los primeros días acompañado y después prácticamente abandonado”.

 

Chávez dejó otra carta cuyo destinatario fue su colega Julio Mejía López, un veterano de la Guerra de Corea que aún vive. En ella dejó escrita su última voluntad:

 

“Quiero llevarme de mortaja un pantalón blanco, que ya lo tengo… camisa blanca, corbata y el saco que siempre utilicé”, dice su escrito. El saco, supe hoy, lo compró en un almacén que quedaba en el Hotel Bachué: Los Corales, de propiedad de César Merlano. Y lo compró para ir a la ciudad de Bogotá a tramitar su licencia de locutor, la que no le negaron ante la remesa de queso que llevó y repartió por todos los despachos del edificio Murillo Toro, lugar donde se ubica el Ministerio de las TIC, antes Ministerio de Comunicaciones.

 

 


De Tamalameque

 

Luis Ángel nació en Tamalameque, dicen que en una noche sin luna. Sin saber cuál era su rumbo (y como quien no sabe para dónde va, cualquier bus le sirve) se vino de polizonte en un barco cuyo capitán era de nombre Arturo Celis, un navegante amante del licor con gran pasión. Buenos Aires, así se llamaba el barco.

 

De cocinero terminó Chávez una vez fue descubierto en un escondite del barco y luego por un almuerzo frío que le sirvió al ebrio capitán, lo bajaron del barco y lo dejaron tirado como un muérgano en el muelle de Barrancabermeja, lugar donde tuvo buenos aires.

 

De cocinero de un barco, en Barrancabermeja Chávez pasó a ser mensajero, oficio que lo condujo a las puertas de Radio Barrancabermeja, donde el destino le trazó su suerte. A falta de un locutor que no volvió, le preguntaron a Luis Ángel de si era capaz de anunciar la hora, y al hacerlo, ya jamás volvería a despegarse de los micrófonos.

 

 

Chávez y sus campañas

 

Le gustaba que le llamaran Luis Ángel. Pero hubo un atrevido que le recordaba siempre su debilidad por los hombres, sin saber que Chávez vivía armado, como era usual para la época. El atrevido, que le recordaba a grito entero cada vez que lo veía que era marica, vivió para contarlo; pero su osadía le costó un testículo.

Chávez nunca fue hipócrita con su orientación sexual y siempre la manifestó de frente … y quienes se le acercaron (que fueron muchos) sabían a qué atenerse.

 

Innumerables fueron las campañas que adelantó él con apoyo incondicional de su audiencia. Todos los necesitados encontraban en su apoyo, su voz de aliento y no pocas veces la solución de sus problemas.

 

Su estado descomplicado (nunca se acuñó la camisa), su franqueza y su sinceridad le ganaron la confianza de quienes lo escuchan fielmente en la emisora en la que estuviera. Fue sin duda el hombre que introdujo la música vallenata a Barrancabermeja, pero luego dejó desbordar su pasión por la música mexicana.

 

Ha sido el personaje más escuchado en la radio local y su fama fue aprovechada por ricos y pobres en algún momento. Hasta la guerrilla esperaba un santo y seña, que con mañas los subversivos le hacían pasar al famoso locutor… como un servicio social.

 

 

Su muerte

 

Cuando los médicos trataban de salvarle la vida en la ciudad de Bucaramanga, donde fue llevado en estado agónico en un helicóptero del Ejército ese martes, vino esa noche y se metió en mis sueños para decirme que ya había muerto.

 

Me describió como cruzó el umbral de la muerte:

 

“Tuve la sensación de que me hundía lenta, suave y continuamente, en una oscuridad que salía, no sé de dónde, a mi encuentro. Había en aquella tiniebla ascendente algo que me enervaba y me envolvía como en éxtasis. Sentía que, si me abandonaba a ella por completo, descansaría para siempre. Así lo hice”.

 

El día de la final partida de Luis Ángel Chávez Obeso la Lotería volvió a caer en 613, el número de “Lacho”. Las casas apostadoras ya estaban prevenidas con el hombre de Tamalameque (quien luego de anunciar la hora decía que era temprano todavía). Ese día no hubo apuestas en Barrancabermeja, para evitar la bancarrota. Dicen que, desde entonces, el número 13 es el número de los maricas.   

 

Aunque era tan flaco como un lamento, uno de sus apellidos era Obeso. Vea usted.

La hora que es lo importante… Es temprano todavía.

 

 


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