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¿En qué está ahora Santos?

juanmaloPor: Juan Manuel López C

No es casualidad que en las noticias salga seguido y repetido que el ex presidente Uribe no le pasa al teléfono al Presidente Santos.

Ante todo porque la fuente es el mismo primer mandatario, y él mismo hace que le reiteren la pregunta para insistir en la respuesta.

Suponer que fue que Santos no aguantó más tener ese sirirí encima y decidió acabar con ese problema sería no tener en cuenta su temperamento. No es probable que tales declaraciones sean respuestas espontaneas y sin premeditación que le sacan los entrevistadores.

La distancia entre los dos ha sido clara desde hace bastante tiempo, pero era Juan Manuel Santos quien había evitado darle vuelo o importancia a este hecho.

El cambio coincide con el resultado electoral y con el haber dado de baja a Cano, por lo cual es lógico deducir que esos eventos algo tuvieron que ver.

Lo primero le significó al Dr. Uribe una gran derrota y mostró hasta qué punto ha perdido ascendencia no solo sobre los electores sino sobre los que tiene capacidad de hacerse elegir. Le disminuyó el tamaño como potencial contradictor.

Lo segundo acabó con el argumento de que el ‘duro’ de la ‘seguridad democrática’ era él y que el nuevo mandatario no estaba a la altura para seguir con esa política contra la guerrilla. Como dicen: ‘le cerró la boca’ y se quedó con la imagen de que más que el Gobierno Uribe fue el Ministerio de Santos (y su estrategia) el que aportó  los éxitos de entonces.

Digamos que es claro que algo tiene en la cabeza Santos cuando hace énfasis en el tipo de relaciones que ahora tiene con Uribe. Especulemos un poco sobre lo que podría estar planeando.

Una característica es que dejó de hablar de uno u otro de los huevitos –es decir de las generalidades o slogans de ‘seguridad democrática,’ ‘confianza inversionista’ o ‘cohesión social’-  y se refiere ahora a los temas concretos de distanciamientos: que es un cambio de forma porque sustituyó las malas relaciones con Chávez y Correa por una relación diplomática normal; que Uribe no gusta que se reconozca algo tan obvio como que sí hay conflicto armado; que le molesta y se opone a la ley de víctimas; que le enerva el nombramiento de Pardo; etc.

El punto es que escoge los temas que sabe que contrastan a su favor ante  la opinión pública. Y al divulgar que Uribe por negarse a contestar sus llamadas rompe la armonía que suponía existir, aclara que éstas no tienen nada que ver con rendirle cuentas, informarlo o mucho menos consultarlo, sino únicamente actos protocolarios de agradecimiento o reconocimiento en temas como la aprobación del TLC.

Parecería que como jugador de poker nuestro actual gobernante intenta que su contraparte sea quien hace las apuestas a sabiendas que es uno quien tiene los cuatro ases.
La ruptura de la U con una dirección ‘furibista’ sería el escenario perfecto, puesto que justificaría y propiciaría la salida del sector Santista y su ‘unión’ o integración con el liberalismo, siendo seguramente una minoría la de quienes prefieren quedarse y seguir agradeciendo a Uribe el pasado, y una mayoría los que prefieren jugársela a la esperanza de tener algo para agradecer en el futuro.

Se protocolizaría así lo que es la realidad actual –refiriéndonos a la distribución del poder parlamentario- en la cual el Presidente se quedaría con la ‘Unidad Nacional’ bajo una sola bandera de centro (de ‘liberales’ neoliberales, Cambio Radical y la U santista) y una oposición de derecha representada por Uribe y los pocos ‘furibistas’ que lo acompañarían.
Bajo estas condiciones el discutir un proyecto de reforma constitucional como lo intentan los seguidores de Uribe sería el ideal para Santos pues se definiría que no hay lugar a segunda reelección y se reglamentaría la fusión de partidos con lo que se garantizaría una prolongación del Gobierno Santos.

Esto en el momento que con la muerte de Cano parece claro que la posibilidad de avanzar algo en un acuerdo de paz con la guerrilla (que es lo que le aseguraría el sitio en la historia que Santos anhela) no se podrá en lo que queda de este mandato.

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