¿Hay conflicto armado en Colombia? ¡Dìiiiiiigame!

serpaPor: Horacio Serpa U.

Negar la existencia del conflicto armado interno puede ser un simple decir, un “cañazo”, una estrategia, pero no es real ni verdadero ni  apropiado ni  conveniente. Una necedad.
Las confrontaciones violentas, las guerras, se miden por muertos. Es una desgracia, pero así es. Napoleón dijo que “las guerras comienzan con soldados pero terminan con cadáveres”.

Nuestra historia en el último medio siglo es un impresionante reguero de muertos, mujeres y hombres, niños y viejos, muchísimos jóvenes, pobres y ricos, guerreros y civiles, blancos, negros, mestizos, indígenas, de todo se ha dado porque la confrontación es tan cruenta, tan perversa, que nadie se ha escapado.

Primero la guerrilla en los años sesenta, al bullicio de la revolución liberadora, reivindicativa, saturada de ideologismos, de distintas identificaciones y orígenes, pero violenta, dañina, matando aquí y allá. Proliferaron frentes, grupos, radicalismos, que se volvieron más extremistas en la medida en que no alcanzaban el poder. Unos desaparecieron, otros negociaron para llegar a la democracia, pero los más fuertes y destructores se mantienen en la  violencia.

Luego fue el contrafómeque, el paramilitarismo, al ritmo destructor de la guerra, pretendiendo ser los apoderados de la seguridad, los hacedores de una paz que no podía llegar porque la lucha se hizo mas bárbara y  se escaló de manera tal que para lograr ventaja era necesario asesinar mas que los otros, destruir, avasallar. 

Lo anterior en un marco en el que el narcotráfico, también matando, alimentó a unos y otros con montones de dólares provenientes de su negocio sucio. Mas muertos, mas horror.
Representantes del Estado se pervirtieron y desconociendo la ley se dedicaron a matar con la idea torcida de salvar las instituciones. Todavía me estremezco cuando recuerdo una frase que escuché en una mesa oficial de análisis sobre el problema: “el terrorismo solo se puede combatir con terrorismo”.

¿Cuántos muertos? Años hubo en los que tuvimos treinta mil por año. No todos provocados por el conflicto armado, pero por lo menos una tercera parte. Aun no se baja de quince mil. Si el promedio en medio siglo fuera de cinco mil por año, tenemos que lamentar medio millón de muertos por esta fratricida e insensata confrontación. ¡Medio millón!

La guerra es, además, destrucción. Daños en la economía, miedos, atrasos en el desarrollo, incremento de la desigualdad social, corrupción en todas las formas, venganzas, impunidad, descuadernamiento institucional. Todo lo que vivimos y sufrimos cada día, a pesar de los esfuerzos de muchos que tratan de aportar a la reconciliación, a la justicia, a la convivencia, a la paz.

Hemos avanzado, no hay duda. El argumento de usar la  violencia en un sentido o en otro, ha sido derrotado políticamente. La Justicia trabaja en su importante papel social. Muchas regiones viven tranquilas. La Fuerza Pública ha ganado legitimidad. El gobierno nacional, los partidos, los intelectuales, sectores sociales, quieren aportar al entendimiento, a la seguridad con democracia, con legalidad. Pero el problema no ha terminado.

Negar el conflicto armado es una necedad.

Bucaramanga, 17 de Mayo, 2011

 

Comments

comments

Categories