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¿De qué hablamos, cuando hablamos de educación sindical?

¿De qué hablamos, cuando hablamos de educación sindical?Por: Edwin Palma Egea

 

La Educación sindical actual ya no sirve, la propuesta es una escuela nacional de formación que apuntale la estrategia de ganar poder político para los trabajadores y crecer.

 

Nuestro tema de hoy parece un asunto extraño o exclusivo de eso que a tantos les parece o desconocido o peligroso: El sindicalismo. Y en particular la educación sindical.

 

Y la educación de los trabajadores y de aquellos sindicalizados no es cosa de poca monta. 23 millones trabajamos y más de un millón estamos sindicalizados. A pesar de la fragmentación, la persecución y la violencia el sindical es el movimiento social más grande, movilizado y temido de Colombia.

 

Pero hoy vengo a hablar de problemas, ausencias y propuestas. Creo que con más de cinco mil sindicatos registrados y aislados es imposible construir una política, una agenda, un currículo nacional para la formación sindical. Una apuesta nacional y masiva, centralizada en lo programático, pero descentralizada en su diseño y ejecución. Una escuela nacional de formación que apuntale la estrategia de ganar poder político para los trabajadores y crecer.

 

Hoy existen decenas de esfuerzos aislados, pequeños y sin rumbo, sin metas claras. Esos esfuerzos se han dirigido a formar cuadros sindicales, casi siempre hombres de más de 40 años que suelen pasar buena parte del año en diversos cursos, que no contribuyen a transformar la anquilosada cultura institucional del sindicalismo, y se dirigen a organizaciones o tendencias políticas sindicales en asuntos que poco tienen que ver con los cambios en el mundo del trabajo, que evaden las urgencias del sindicalismo colombiano: Formar organizadores sindicales, comunicadores digitales, que hablen con todos los trabajadores o expertos en litigio estratégico e internacional.

 

Una escuela nacional de formación que ayude efectivamente a romper el cerco de hostilidad antisindical del empresariado y el Estado, que incluya a las mujeres y a los más jóvenes, sobre todo a los trabajadores no sindicalizados, que más que rechazo al sindicato, lo que padecen es una vieja ignorancia sobre sus derechos laborales individuales y colectivos como parte de los derechos humanos fundamentales.

 

Una escuela nacional de formación que le de oportunidades a la inmensa mayoría de los trabajadores sindicalizados que no pueden formarse debido a la pobreza de casi todos los sindicatos y a la falta de permisos, en ese sentido las organizaciones sindicales con más recursos debemos plantearnos como ayudar a nuestros compañeros con menos oportunidades.

 

Debería el sindicalismo nacional plantearse una gran apuesta educativa para los trabajadores del país. Contrario a lo que piensan algunos sobre que la educación sindical “no es la varita mágica” para resolver la crisis por la que atravesamos, la formación es uno de los pilares de la acción colectiva nacional y ayudaría a resolver un sinnúmero de problemas.

 

Construyamos juntos un modelo educativo basado en la repolitización, en la acción, en dar herramientas para la transformación, la movilización y la acción sindical, rompamos con eso de seguir sentados en cursos de teorías nebulosas. Ayudemos a abrir mentes, cualificar, politizar y entregar instrumentos para la lucha sindical y política cotidiana.

 

Los sindicatos todos los días hacemos cosas por los trabajadores y por la sociedad, pero no se visibilizan porque los medios corporativos no lo muestran, pero también porque son esfuerzos aislados, no planeados e invisibles para nuestras propias organizaciones. Por eso los sindicalistas debemos, por ejemplo, tener formación en comunicación pública y digital. Más de 1 millón de sindicalistas en las redes sociales hablando sobre lo buenos que son los sindicatos para la democracia, ayudaría a transformar la mala imagen que tenemos en la opinión pública.

 

Hoy abunda el sindicalista apolítico, el que cree que nada tiene que ver la organización de los trabajadores con la política, nada más peligroso. Abunda el sindicalista que no comprende que su lucha es contra la desigualdad social no por personales privilegios.  Abunda el sindicalista que no sabe qué es un fuero sindical, lo que protege o cómo se protege. A tutiplén hay sindicalistas anclados a la comunicación del boletín y la cartelera sindical. Tenemos que quebrar la inercia, salir al mundo.

 

El sindicalismo debe enseñar economía política. Si Marx viviera, seguro nos enseñaría de una forma mas didáctica, comprensible y amigable sus teorías sobre acumulación de capital, lucha de clases o plusvalía. Así, muchos trabajadores se apropiarían de ellos mejor que como los venimos recibiendo de las tradicionales escuelas sindicales.

 

Los sindicalistas tenemos que estudiar y esforzarnos por aprender, pero para actuar, para cambiar. Debemos ponernos al día y estar actualizados en los temas laborales, políticos, sociales y económicos. A pesar de su anacronismo y de estar diseñado para paralizarnos, hay que usar las herramientas que nos da el derecho laboral, las redes sociales y la seguridad y salud en el trabajo para crecer y movilizar.

 

Otro tema del que nos olvidamos es que debemos revitalizar y reformar los programas de historia laboral, política y sindical. Entender cómo y donde nació el conflicto interno que aun persiste, las causas del mismo y porqué abogamos por la solución política. A ver si así dejamos de ver sindicalistas pregonando la guerra y del lado del discurso minimalista de un conflicto social de mas de medio siglo.

 

La formación sindical debe aterrizar a los trabajadores sobre las rápidas transformaciones del mundo del trabajo. Son tan rápidas que nos dejan paralizados mientras se pierden puestos de trabajo, se cierran y se deslocalizan empresas sin que los sindicatos se anticipen a esos cierres con propuestas y estrategias factibles. Es necesario que las escuelas sindicales organicen un programa de renovación en los contenidos de la negociación colectiva.

 

La crisis del sindicalismo colombiano no es toda culpa del imperialismo, el modelo neoliberal y los gobiernos de turno. Nosotros también debemos revisarnos, asumir responsabilidades y cambiar mediante fuertes procesos de educación sindical y política.

 

Creo que se puede construir ese ambicioso plan, sin sectarismo, con pluralismo político, ideológico y programático. Podríamos mirar experiencias internacionales, pero debemos comenzar ya. La Educación sindical actual ya no sirve.

 

 

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