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Gracias Ecopetrol, gracias Unión Sindical Obrera – Por: Edwin Palma E

Gracias Ecopetrol, gracias Unión Sindical Obrera
Derecho, política y sindicalismo me llevaron a la docencia universitaria y a escribir un libro 

Llegó la hora de cerrar este ciclo intensamente vivido en Ecopetrol y en la acción sindical como dirigente de la USO; en la política seguiré las muchas batallas.

Llegar a Orito en el Putumayo, a los 17 años, fue para mí como viajar al otro lado del mundo. Todo era nuevo, solo había oportunidades y mundos por descubrir.

En ese lugar y a esa edad empecé a trabajar en Ecopetrol como practicante del SENA y mis nuevos compañeros de trabajo entre los que recuerdo con cariño a Tobías (QEPD), Julio, Manuel o José Sócimo, me presentaron a la Unión Sindical Obrera, la USO, la Gloriosa.

A pesar de ser barranqueño no conocí la USO en mis tiempos de estudiante de colegio público, pero me la encontré cuando llegué a la industria del petróleo en el 2001. También conocí a buenos jefes como el ingeniero Héctor Manosalva, hoy presidente de Cenit, de quién recuerdo su vinculación con la obreriada a pesar de la división que aún se mantiene en Ecopetrol, entre “directivos” y “convencionales”. En la estatal petrolera hay clubes y casinos que discriminan trabajadores en sus nóminas. Un muro que deberíamos derribar.

Terminada la práctica me presenté a un concurso para ser analista químico de la Refinería de Barrancabermeja. Allí, en el laboratorio, conocí a grandes compañeros y compañeras combativas, muy ligados a la lucha sindical. Una batalla de ellos, había generado precisamente la vacante que yo, junto a dos compañeros más ocupamos hace 20 años. El encargado de hacerme la inducción fue César Muñoz, quien un par de años después fue el primer despedido de la huelga de 2004 y hoy es dirigente sindical de la seccional.

Eran los tiempos oscuros de Álvaro Uribe Vélez y de Isaac Yanovich. Ambos, en guerra sin cuartel contra los trabajadores y contra la USO. Intentaron acabarnos, pero no pudieron, aunque lograron escindir a Ecopetrol e inyectarle capital privado. Eran los tiempos del estatuto antiterrorista, de guerra total con las Farc, de la “seguridad democrática”.

Eran tiempos muy difíciles para los trabajadores y trabajadoras, aunque ninguno ha sido fácil. Eran los tiempos de la violencia paramilitar, acababan de asesinar a Aury Sará, dirigente sindical en Cartagena y a Rafael Jaimes en Barrancabermeja. En el puerto petrolero los militares habían desalojado a la USO de la refinería en 2003, fecha en la que desapareció el inolvidable “pito”. Ese fue el preludio de lo huelga de 2004. Al final la USO sobrevivió.

La huelga contra Uribe en 2004 se hizo para defender a Ecopetrol como empresa pública y sobre ella escribí en extenso en mi recién publicado libro. Pasé dos meses preso en la cárcel de Barrancabermeja, muy difíciles para mi familia y compartí con 253 trabajadores despedidos cerca de 8 años de lucha por su reintegro. Ahí empecé la militancia sindical, miembro del comité de reclamos, del comité de educación, de la federación, como vicepresidente y presidente de la subdirectiva de Barrancabermeja, dos veces vicepresidente nacional y tres años presidente nacional.

Todo eso suma 15 años que combiné, además, con mis estudios de derecho en la Universidad Cooperativa de Colombia que había empezado cuando hacía turnos nocturnos en la planta de polietileno al lado de Oscar, Lucy, Armando, Leonardo, Bernardo y otros compañeros que habíamos sido sancionados con el ostracismo laboral y la discriminación después de haber participado activamente en la huelga.

Me gusta estudiar, así que después del pregrado me especialicé en derecho laboral, continué con la maestría y apenas hace unos años y terminé una especialización en derecho constitucional. Mi vida académica se la debo a las conquistas de la USO y a Ecopetrol. Y la mejor forma que he encontrado para retribuirlo es poner esos conocimientos al servicio de las personas que trabajan, especialmente de los más perseguidos y explotados. Lo mismo le sugiero a mi esposa y a mis hijos.

En 15 años de militancia sindical conocí muchas personas valiosas en el sindicato, en las empresas y los gobiernos. Hice decenas de amigos, perdí otros tantos y también gané enemigos. A todos ellos y ellas, les agradezco por sus enseñanzas. Aprendí el valor del pluralismo, del debate, de la diferencia, de la disidencia, de la tolerancia. La USO me enseñó a navegar entre aguas tormentosas, lecciones importantes que no enseña ninguna universidad por prestigiosa que sea.

Gracias a las conquistas de la USO, a nuestras luchas, los trabajadores directos de Ecopetrol somos privilegiados en un país en que la tasa de sindicalización no crece y que sufre los más altos índices de desempleo, informalidad y precariedad. Pero también descubrí que buena parte de nuestro liderazgo vive ensimismado cuando el mundo del trabajo y la injusticia corre a mil por hora y requiere acción permanente. Aprendí que hay miles de personas, de organizaciones sociales y académicas en todo el mundo haciendo más o lo mismo que nosotros y que es necesario unirnos a ellos y ellas. Seguiré buscando siempre que esas redes se fortalezcan en lucha contra el individualismo y el egoísmo, los valores que promueve el modelo neoliberal.

La “tormenta perfecta”, esa combinación entre el derecho, la política y el sindicalismo, esa “tripolaridad” de la que habla Luciano Sanín, me llevó a la docencia universitaria. A escribir un libro en homenaje a tantos hombres y mujeres que luchan a diario en el mundo por dignificar el trabajo y ahora a intentar seguir dando en la política las batallas por la ciudadanía excluida, como recientemente también lo sugiriera el Papa Francisco en el marco de la Conferencia Internacional del Trabajo.

Ahora me adentro en ese privilegiado mundo del que habla George Steiner, el de despertar en otros seres humanos poderes y sueños que están más allá de los míos, induciendo en otros el amor por lo que amo.

Llegó la hora de cerrar este ciclo intensamente vivido en Ecopetrol y en la acción sindical como dirigente de la USO. Seguiré vinculado con mi corazón y mi trabajo a la transición energética, al trabajo decente, a las asesorías, a los tribunales, a los conflictos colectivos en el trabajo, a la academia, al litigio estratégico que me permitió lograr para los trabajadores y trabajadoras sentencias como las T-248/14, C-593/14, C-796/14 o la C-180/16. Estoy convencido de que un país más igualitario, libre y pacífico es posible y es urgente, que otra sociedad, esa que soñamos desde el mundo sindical, podemos construirla mediante la cooperación, la compasión, la solidaridad, la empatía y las decisiones históricas en momentos históricos como el que estamos viviendo.

Estoy disponible para rendir cuentas por mis años como dirigente, a conversar, a reflexionar, a autocriticar, pero no a juzgar sin contexto. Nunca hay que simplificar los asuntos. He tratado siempre de hacer lo mejor dentro de lo posible y, sobre todo, he sido leal a los trabajadores, a los amigos y a mis convicciones. Todas las decisiones que tomé en mi vida sindical, siempre las resolví en favor de los trabajadores y trabajadoras, si me equivoqué en algunas es porque creo que al final, la vida social, política y sindical la hacemos con seres humanos de carne y hueso, con virtudes y defectos, que acertamos, pero también fallamos. Ofrezco excusas por aquello en que me he equivocado.

Hice menos de lo que hubiera querido hacer. Aspectos como la pandemia, pero también el dogmatismo, el desorden y “siempre se ha hecho así” impidieron otros escenarios, avances y otros resultados. Quedan muchas tareas pendientes, muchos retos, que requieren nuevos cuadros sindicales, más cosmopolitismo y más comprensión de que la sociedad se reorganiza y el trabajo cambia. Gracias a Ecopetrol, a sus directivos y gracias a la USO, a mis compañeros y compañeras, por haber forjado mi personalidad, por haberme permitido acceder a la educación y por llevarme a descubrir la capacidad de liderar. A las dos las llevaré en el corazón y las seguiré defendiendo siempre.


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