Cortes y puntadas

Sample ImagePor: Jorge H. Silva Besil
 
En la entrada del cementerio de Tunja, se enmarca una frase lapidaria: “Aquí terminan las vanidades del Mundo.” Esta sentencia deja entrever algo más profundo e inconmutable que la muerte, es decir: la vida. Vivir es más que la ocupación de un espacio en el universo con las funciones primarias de nacer, crecer, reproducir y morir. La vírgula que separa la muerte de la vida, es mucho más que eso. El ser humano se encuentra en una constante lucha interna por conquistar lo eterno e intangible, en una carrera que para todos termina mucho antes de entender en que consiste vivir. Respetando las diferentes creencias religiosas, saber vivir implica primero un respeto por su vida y la de los demás, todo en una sincronía con el ambiente, la sociedad y desde luego con Dios.

La sociedad en que vivimos desprecia el concepto de la vida en los términos simples y la conceptualiza en tres principios: capital, poder político, y belleza física. La televisión, principal herramienta del proceso de aculturación, bombardea con información a las jóvenes mentes, en un mercado sin límites de comodidad y lujo decadente, que orbita frente a estos tres centros gravedad. El resultado conocido, la sociedad de consumo.

Esta sociedad de consumo, refleja sus síntomas en todos los estratos sociales, en tres factores: El culto individual, la avaricia económica, la carencia de respeto a los valores culturales, filosóficos y religiosos, y un conocimiento técnico basado en estudios de los más altos estándares nacionales e internacionales. Todos en su conjunto, parten de la dinámica del hombre moderno, que difícilmente podría tener un retroceso o un cambio positivo, sino todo lo contrario, una evolución creciente para cultivar estos anti valores.

Con todo, el primer aspecto, es el mas sintomático en nuestro país, y cada día, con mayor volumen en la sociedad colombiana, sin importar su condición familiar, económica, y académica.  El culto individual. Educan los medios de comunicación, en especial los televisivos, vía Internet e impresos, que la mujer y el hombre exitosos, son aquellos que guardan una proporción geométrica en el rostro, pecho y extremidades, de tal manera que puedan lucir, con la mayor holgura, las prendas de moda, el baile del momento, y conquistar a una o uno que pueda exhibir ante la sociedad. Sumado a lo anterior, el ser humano exitoso, debe acumular un conocimiento técnico que solo debe ser utilizado como herramienta de ganancia económica y para resolver su propio futuro, despreciando la realidad de muchas personas, imbuidos en su propia onda plástico burguesa.

El ser humano distinto a el o ella, que no cumplen con sus estándares de belleza física y éxito individual, no podrían alcanzar el regalo de su amistad, como tampoco contar con sus grandes conocimientos. Basta observar con detenimiento, el gran negocio de la estética en los profesionales de la medicina. Es mas rentable para ellos una especialización en las artes de la cirugía estética que en otras áreas de la salud, toda vez la gran cantidad de personas, que diariamente acuden al bisturí y otras técnicas científicas, con el propósito de amoldar sus figuras a los requerimientos sociales de la belleza física, para alcanzar el éxito.

En los jóvenes el asunto alcanza alarmantes estadísticas. Las quinceañeras, soñaban en su día estar rodeadas de su familia, utilizar el largo vestido rosado o la posibilidad de viajar con otras amigas de su noble edad. En la actualidad, el regalo sale un poco más costoso a la familia, quien endeuda el alma, con tal que la niña estrene prótesis mamaria, lipoescultura, aumento de derrier, colágeno y botox para reducir parpados y papada y demás tratamientos, que por falta de dinero, puede conducir a un simple masaje reductor. En el nivel profesional el asunto es más aterrador. El cambio físico es tanto, que son irreconocibles aun para sus propios familiares.

Así, como decía un sabio filosofo panameño, tenemos que recordar que el plástico se derrite si le da de lleno el sol; recordando, que por la ignorancia que nos trae sugestionados, por modelos importados que no son la solución, no hay que dejarse confundir, busquemos el fondo y la razón, concluyendo que se ven las caras, pero jamás el corazón.

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