Inicio Política Atención, hermanos evangélicos: El Reino de Dios y la política

Atención, hermanos evangélicos: El Reino de Dios y la política

También debemos tener cuidado con la idea de que un determinado presidente será quien produzca una reforma moral o espiritual en una nación. Que un gobernante se reúna con pastores, ore con líderes religiosos o reciba una Biblia no significa que automáticamente vaya a gobernar con justicia.

Las reflexiones de Dante Gebel sobre la relación entre el Reino de Dios y la política nos invitan a pensar seriamente sobre el papel que debe desempeñar la Iglesia en la sociedad.

Los cristianos, deben tener cuidado de no confundir la misión del Evangelio con los proyectos políticos de este mundo.

Un coctel peligroso

La historia demuestra que los intentos de construir sociedades cristianas perfectas mediante el poder político terminan en abusos, imposiciones y hasta regímenes de terror.

El Reino de Dios no se establece mediante un presidente, un partido político o una estructura de gobierno. Cristo no llamó a su Iglesia a conquistar el poder, sino a anunciar el Evangelio, servir, amar al prójimo y mostrar la gracia de Dios.

Cuando la Iglesia se une demasiado al Estado, existe el peligro de que empiece a ejercer poder en lugar de dispensar gracia.

Y cuando cree que tiene la responsabilidad de imponer reglas religiosas a toda la sociedad, puede terminar cayendo en el fundamentalismo y olvidando que la transformación verdadera comienza en el corazón.

También debemos tener cuidado con la idea de que un determinado presidente será quien produzca una reforma moral o espiritual en una nación. Que un gobernante se reúna con pastores, ore con líderes religiosos o reciba una Biblia no significa que automáticamente vaya a gobernar con justicia.

Una Biblia en las manos de un político no garantiza un corazón transformado.

Por eso resulta preocupante observar cómo los evangélicos terminan profundamente divididos por los candidatos que apoyan. Hermanos que deberían encontrarse alrededor de Cristo terminan enfrentados por partidos, ideologías y figuras políticas.

Es triste cuando las discusiones políticas generan más enemistad entre creyentes que las diferencias relacionadas con la fe.

Esto no significa que los cristianos deban ser indiferentes ante la política.

El cristiano como cualquier otro ciudadano tiene el derecho y la responsabilidad de participar, votar, opinar y exigir justicia. Pero la esperanza no puede estar depositada en un presidente.

Ningún presidente es el Mesías, ningún partido puede salvar una nación y ningún gobierno puede ocupar el lugar que solamente le corresponde a Dios.

La independencia de la iglesia

La Iglesia debe mantener su libertad para hablar con verdad, denunciar la corrupción y defender al necesitado, sin convertirse en instrumento de ningún gobierno.

Para los cristianos la lealtad principal no es hacia un candidato ni hacia una ideología: es hacia Jesucristo.

Invitamos a los cristianos a participar en la sociedad con sabiduría, sin entregar la fe al poder político. El Reino de Dios no necesita un presidente que lo establezca. Necesita una Iglesia fiel que viva y anuncie el Evangelio.


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