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Echaron de Blu Radio a Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo: ¿podemos ser solidarios?

La verdadera solidaridad debe ser con el principio de que ningún gobierno, empresa, anunciante o grupo de poder debería tener la capacidad de decidir qué voces pueden ser escuchadas y cuáles deben desaparecer.

La salida, con efecto inmediato, de Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo de Blu Radio deja una pregunta incómoda: ¿podemos ser solidarios con ellas, aun cuando durante años no compartimos muchas de sus posiciones y cuestionamos el papel que desempeñaron en el debate político nacional?

La respuesta debería ser sí, pero con memoria.

Quienes hoy celebran la salida de estas periodistas porque consideran que representan posiciones contrarias a sus propias ideas deberían recordar que la libertad de prensa no puede defenderse únicamente cuando las voces que son silenciadas coinciden con nosotros.

Una democracia necesita periodistas críticos, incómodos y diversos, incluso cuando sus opiniones nos molestan o contradicen nuestras convicciones.

Dicho esto, solidaridad no significa borrar la historia.

Durante los últimos años, Camila Zuluaga, Ana Cristina Restrepo como muchos otros periodistas fueron objeto de fuertes cuestionamientos desde sectores progresistas ya que sus análisis contribuían a desacreditar reformas sociales y cambios estructurales promovidos por el gobierno anterior.

Así las cosas, muchos sienten hoy que quienes antes fueron poco solidarios con las causas populares no deberían esperar ahora una solidaridad automática.

Pero precisamente ahí está la diferencia entre la justicia y la revancha política.

Lo preocupante es que cualquier medio de comunicación terminara condicionando sus contenidos informativos por presiones políticas, económicas o comerciales tal y como se está percibiendo en Colombia hoy.

Y esta preocupación debe mantenerse independientemente de quién gobierne.

Las voces diferentes fortalecen la democracia.

La solidaridad no debe ser con Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo ellas tienen reconocimiento público, experiencia y la posibilidad de continuar ejerciendo el periodismo desde otros espacios, incluso mediante proyectos propios.

Igual, no necesitan que todos compartamos sus opiniones; necesitan que exista un entorno donde puedan expresarlas.

Nuestra solidaridad es con las víctimas del fascismo y la desinformación promovida por los medios tradicionales

La verdadera solidaridad debe ser con el principio de que ningún gobierno, empresa, anunciante o grupo de poder debería tener la capacidad de decidir qué voces pueden ser escuchadas y cuáles deben desaparecer.

Este episodio debería servir de advertencia para todos los periodistas y medios de comunicación.

Defender la libertad de prensa cuando beneficia a los nuestros es fácil. Defenderla cuando protege a quienes pensamos que están equivocados es mucho más difícil.

Pero justamente ahí se mide la fortaleza de una democracia.