Inicio Ed. Medio Mag ¿Por qué sectores populares respaldan a quienes bloquean las reformas que los...

¿Por qué sectores populares respaldan a quienes bloquean las reformas que los beneficiarían?

La defensa de las reformas progresistas y del cambio requiere no solo argumentos técnicos, sino también disputar el sentido común que ha permitido que el “síndrome de Doña Florinda” siga moldeando decisiones políticas en contra de los propios intereses populares.

En Colombia persiste una paradoja política que desconcierta a muchos analistas: en uno de los países más desiguales del planeta, donde décadas de políticas neoliberales han precarizado a los hogares mediante privatizaciones, tarifas elevadas y un modelo económico centrado en la renta, todavía existen sectores populares que respaldan a representantes políticos asociados con ese mismo modelo. 

Esta contradicción no es nueva, pero sí se ha vuelto más visible en un contexto donde un gobierno de orientación progresista impulsa reformas orientadas a mejorar las condiciones de vida de las mayorías.

El síndrome de Doña Florinda

Para comprender este fenómeno, resulta útil la teoría del “síndrome de Doña Florinda”, formulada por el escritor argentino Rafael Ton

Según esta perspectiva, se trata de una patología social basada en el desprecio aspiracional: personas de origen popular que, en lugar de reconocerse como parte de una estructura desigual, buscan alinearse simbólicamente con las élites. 

Aunque estas élites no los integren ni los representen, quienes padecen este síndrome adoptan su mirada y reproducen su desprecio hacia quienes consideran “más pobres” o parte de la “chusma”. Es una forma de distanciarse de su propia realidad para sentirse “más arriba”.

El uribista pobre 

En el contexto colombiano, esta lógica se expresa en sectores populares que respaldan a fuerzas políticas de derecha que históricamente han promovido políticas privatizadoras y rentistas. 

Mientras tanto, el gobierno actual ha impulsado medidas como el aumento del salario mínimo, la reducción del salario de congresistas, inversiones en salud, educación, vías y saneamiento básico, así como esfuerzos por contener el costo de vida, reducir tarifas de servicios públicos y fortalecer la producción de alimentos. 

Sin embargo, desde el Congreso y las cortes, sectores políticos como Cambio Radical, Centro Democratico, Mira, ASI, Nuevo liberalismo, Partido Liberal y Partido Conservador entre otros, contrarios a estas reformas, han bloqueado iniciativas orientadas a mejorar la vida de las comunidades más vulnerables y a recortar privilegios de las élites económicas.

La metáfora de Doña Florinda es reveladora

Ella no cuestiona al sistema que la precariza, sino que dirige su resentimiento hacia Don Ramón y hacia la vecindad que comparte su misma condición. 

No interpela al poder, lo imita. No denuncia la injusticia, la reproduce. Esta lógica, según Ton, es una constante en América Latina, donde la identidad política muchas veces se construye más desde el rechazo al semejante que desde la conciencia de clase.

En Colombia, este fenómeno se traduce en votantes que, movidos por regionalismos, prejuicios o narrativas emocionales, terminan apoyando a quienes se oponen a reformas que podrían beneficiarlos directamente. 

En el próximo escenario electoral, esta dinámica puede tener consecuencias profundas

El bloqueo de transformaciones sociales, el retroceso de derechos recuperados y la consolidación de un modelo que perpetúa la desigualdad.

Por ello, desde esta perspectiva, se vuelve crucial promover la participación electoral informada y masiva, especialmente entre quienes han sido históricamente excluidos.

 
La defensa de las reformas progresistas y del cambio requiere no solo argumentos técnicos, sino también disputar el sentido común que ha permitido que el “síndrome de Doña Florinda” siga moldeando decisiones políticas en contra de los propios intereses populares.


Para leer más noticias de Barrancabermeja y el Magdalena Medio pueden dar click aquí