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Decepcionados – Editorial El Medio Magdalena

Decepcionados – Editorial El Medio Magdalena

Cerca de iniciar un nuevo proceso electoral surge un periodo de grandes expectativas de la ciudadanía donde se refuerza la esperanza pero también la desconfianza hacia lo que puede ser la política, el gobierno y el futuro.

Las elecciones son momentos políticos de incertidumbre que ocasiona que la población se movilice, participando en el proceso, o se desentienda, absteniéndose hasta de informarse para votar.

La realidad de Barrancabermeja es de una profunda decepción y desencanto hacia la política, algo que no es nuevo, pero que se ha reforzado en el plano local. A pesar de las expectativas y las ilusiones la municipalidad está inmersa en una gran desilusión hacia el gobierno pues nada de lo que se planteaba y esperaba se ha concretado.

Es más, la situación ha empeorado bajo la pasividad cómplice de una administración pública apática y hasta indolente.

Por toda la ciudad se vive la decepción hacia el gobierno y sus resultados, no hay credibilidad ante sus anuncios y las críticas son el pan de cada día. Hay una suerte de crisis, de desilusión profunda de las grandes expectativas que se tenían, y que hoy se ven como un gran fracaso.

Los primeros desanimados son los propios involucrados en el proceso electoral que llevó al triunfo al actual gobierno, y aunque tienen expectativas burocráticas manifiestan su malestar cada vez más alto por todos lados. Y también la comunidad esta desanimada no solo por los incumplimientos, por las demoras y por la inacción, sino además por la ausencia de cambios en la actitud y en la forma de actuar, las críticas al pasado se ven como simples cálculos electorales y no como una verdadera guía para actuar.

Todo ha sido más de lo mismo pero peor, ese es el consenso ciudadano, las cosas han cambiado pero para empeorar. Y ya entre la comunidad hay sectores que han rebajado su crítica a niveles de profundo irrespeto, algo lamentable y reprochable, pero que es una muestra del malestar público que supera el respeto a la dignidad de las personas.

Lamentablemente los momentos de desconexión entre gobierno y ciudadanía son cada vez más frecuentes, aumentando la distancia entre ambos, alimentando la decepción pública y fortaleciendo la desconfianza hacia la gestión administrativa.

Es cierto que gran parte de la ciudadanía se mantiene callada, ausente y alejada de todo lo relacionado con el accionar del gobierno, pero eso no es algo positivo, demuestra que la mayor parte de la población no tiene ni interés ni expectativas sobre lo que pueda hacer la administración pública.

Así que el gobierno ha sido incapaz de involucrar a la comunidad en su trabajo y entusiasmar por su visión y resultados. Un hecho clave y esperanzador es que apenas se ha llegado a la mitad del periodo, lo que deja tiempo para recomponer y reparar, pero los hechos hasta el momento no dan mucho espacio a esa posibilidad.

La repetición de las prácticas políticas, los incumplimientos, las demoras, la desconexión, entre otras cosas, que han sido el común denominador en estos casi dos años no parece que fueran a cambiar de la noche a la mañana. Es momento de que el gobierno local realmente sea consecuente con las expectativas que despertó a través de su discurso y de su imagen de campaña.

La actual situación en el concejo es una muestra de la realidad que se vive en la localidad, marcada por intereses encontrados, incumplimientos, una pobre comunicación, la búsqueda de beneficios particulares, entre otras cosas, es decir las mismas prácticas políticas tradicionales, más de lo mismo, no hay cambios ni innovación, la ciudad se mantiene igual.

La comunidad necesita información, clara y permanente, pero no a través de publicaciones insulsas y superficiales sino mediante productos libres de demagogia, precisos y directos, que den a conocer no solo en qué va la gestión local sino también la lectura que tiene el gobierno de lo que sucede en la ciudad.

Los problemas de credibilidad y desconexión no se resuelven con retorica ni con distractores, eso solo busca torpemente ocultar el malestar que viene aumentando. Y no solo es necesario un cambio en la comunicación sino también en la gestión. Los errores del gobierno local son una muestra que el discurso de campaña era solo para época electoral y realmente no respondía a una verdadera intención de cambio.

Se mantienen las viejas formas de gobernar, con los mismos problemas y las mismas soluciones. Se recurren a los argumentos y discursos de siempre, repletos de demagogia y retórica. Se repiten las decisiones criticadas en el pasado, nuevos y pomposos anuncios y decisiones con los mismos actores rechazados de antes.

Las elecciones que se avecinan serán un espacio donde la esperanza se renueva, y es la oportunidad para que a nivel local se recomponga el camino y se cumpla con el cambio prometido, no solo por el bien del alcalde sino para beneficio de Barrancabermeja.


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