Un planetario para el centenario – Por: Pedro Severiche A.

Un planetario para el centenario – Por: Pedro Severiche A. Se llama Ronald Chinchilla Vélez y aunque uno se lo encuentra en todos los rincones de la capital petrolera de Colombia, Barrancabermeja, vive en las nubes, o mejor en las estrellas. Tiene 46 años, pero muy seguramente a él le gustaría que fueran años luz, para estar a tono con su inspiración y pasión por la astronomía.

 

Él es mi referente en todo lo que tenga que ver con el espacio para mi trabajo periodístico. Extrañamente nunca he mirado a través de sus telescopios, que son los mismos del Grupo Carl Sagan de Astronomía, grupo que creó hace ya varias décadas.

 

Si me hubiera permitido ver por esos potentes lentes, quizás le habría ayudado a encontrar al timador que alguna vez se voló con sus ahorros y la ilusión de tener su casa propia, no en la estratosfera, sino en el barrio Limonar, comuna cuatro de esta ciudad.

 

Pues bien, Ronald es un soñador, cazador de eclipses, cometas y meteoritos. Cada vez que sale a un parque es una excusa para darse un paseo por Júpiter, Saturno, Marte o cualquier otro lugar del universo. Siempre va acompañado de su amado telescopio, que se convierte en un imán para los más pequeños que quieren, como él, ver las estrellas.  

 

Este ciudadano que ama a Barrancabermeja con intensidad sublime, se ha fijado como meta lo que ya es para él una consigna: Un planetario para el CentenarioY en esa tarea, como que yo me embarqué también sin saber a qué hora.

 

 

La Luna  

 

Para Ronald el mes de julio ha sido un tiempo difícil para el cumplimiento de las metas trazadas. Pero también de satisfacciones. Quiso hacer una exposición del Apolo 11 y la llegada del hombre a la Luna hace medio siglo, pero no lo logró.

 

 

«No hubo exposición. Y eso me tiene inquieto por la falta de apoyo. Visité varios amigos que uno piensa que pueden llegar a hacerle un aporte para haber impreso esa exposición y no pude».

 

 

Y me explica qué hizo entonces:

 

«Me conseguí la película El primer hombre en la luna, de una producción de una marca de cine de 2018 y la presenté en la Casa del Libro y con pocos asistentes hicimos un pequeño conversatorio sobre la historia y por supuesto el futuro del hombre en el espacio: su paso hacia el planeta Marte». 

 

Y califica así la llegada del hombre a la luna el 20 de julio de 1969:

 

«Como una hazaña. Una hazaña enorme. Se debe a tres personas:  el ruso Sergueiv Koroliov, el alemán Wernher Von Braun, y la visión del presidente Kennedy, que anunció al mundo la posibilidad de llegar con un hombre a otro cuerpo diferente a la tierra que era la luna».

 

 

El ‘man’ es Germán

 

En contraste a lo que no fue la exposición que esperaba tener en distintos espacios del Puerto Petrolero, la felicidad lo embarga al saber que su amigo Germán Puerta Restrepo, economista y conocedor del universo como él, ha venido a acompañarlo en la II Feria del Libro de Barrancabermeja, Déjame leer en paz, por favor, que terminó con éxito esta semana.  

 

 

 

Y es que la compañía y el diálogo con Puerta Restrepo es algo del otro mundo. Es otro enamorado de exoplanetas y agujeros negros. Se suma a la campaña del Planetario soñado por su amigo Chinchilla, pero agrega:

 

«Que sea un planetario por cada estadio. En Colombia hay más de cien estadios y únicamente dos planetarios. Japón tiene 500 planetarios».

 

Asegura que ya nacieron los hombres que irán a Marte en la década de los 30, y me dice que yo no soy uno de ellos. Recordó que Neil Armstrong piso la luna a los 31 años y que vino a Colombia tres veces.

 

Cuándo se le pregunta a este economista colombiano dónde queda Dios luego de que el hombre conoce cada día más los rincones del universo, responde:

 

«La naturaleza no está diseñada para que entendamos más allá de nuestro alcance».

 

Y hablando de la llegada del hombre a la Luna, sostiene que cuando Armstrong puso su pie en ella las puertas del universo temblaron porque ya no habrá nada imposible para el hombre”.

 

 

Inspirador

 

Al preguntarle a Ronald por un concepto de lo que hemos escuchado de su amigo Germán Puerta, dice:

 

«Esto es inspirador a las nuevas generaciones con miras a continuar con la conquista del espacio. Esa es la característica que tiene la astronomía, que no la tiene ninguna otra, porque es medible, es sustentable y es tangible. Y ese es su carácter inspirador».

 

 


Debo confesar que, gracias a Ronald Chinchilla, el pasado 20 de julio, regresé de noche a la casa de la cuadra donde vivía hace 50 años y recordé con vecino Lesmes Verbel, como en la casa de la señora Blanca, vimos a Neil Armstrong dar ese paso sencillo para el hombre, pero ese salto gigante para la humanidad.

 

Pero recordamos también como don Anacleto Cáceres, el tendero de la esquina de la carrera 16 con Avenida del Ferrocarril, le cambió el nombre a su negocio y lo bautizó esa misma noche como Apolo 11, la tienda donde por primera vez vi a un hombre fumar marihuana, la otra forma de viajar por el espacio sin el impulso de cohete alguno.

 

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