
El ministro de Vivienda Jaime Andrés Beltrán, enfrenta nuevamente fuertes cuestionamientos por la manera en que ha explicado la reconstrucción.
En las últimas 48 horas publicó diez trinos que, leídos en conjunto, dejan abiertas preguntas fundamentales sobre la ejecución, el destino de los recursos y los responsables de las obras.
Beltrán afirma que la caracterización de los damnificados “sigue avanzando”, pero al mismo tiempo anuncia $100 mil millones para subsidios de arriendo.
La pregunta es inevitable:
¿Cómo se calculó ese monto si todavía no se conoce con precisión cuántas personas serán beneficiarias?
También describe una cadena para el Banco de Materiales: empresa privada, UNGRD, alcaldías y gobernaciones. Pero allí parece terminar la explicación.
¿A quién entregarán finalmente las alcaldías y gobernaciones esos materiales?
¿Quién garantizará que lleguen a quienes realmente los necesitan?
El ministro habla además de “primeros auxilios a estructuras” y señala que constructoras donarán materiales. Sin embargo, no queda claro quién aportará la mano de obra ni quién asumirá la dirección técnica.
¿Quién construirá y qué profesional responderá por la seguridad de las estructuras frente a un próximo sismo?
Otra inquietud aparece cuando se habla de la fase posterior, presentada como la que requerirá mayor inversión. Si las empresas que hoy donan cemento y otros materiales también participan del mercado de la construcción, cabe preguntar: ¿podrán posteriormente contratar con el Estado?
Mientras tanto, el debate público parece aplicar una vara distinta según quién gestione la ayuda.
Algunos periodistas cuestionaron al representante Óscar Benavides, incluso comparándolo con DMG, pero no parecen aplicar el mismo nivel de escrutinio a iniciativas de recaudación impulsadas desde sectores cercanos al poder.
La primera dama recoge dinero a través de su propia fundación, de la que además es representante legal, una fundación creada un mes antes de la posesión presidencial y a la que bancos, autoridades locales y otros funcionarios públicos han invitado a donar.
Para la prensa tradicional eso sí es: “qué belleza de gesto”, “es solidaridad”, “promocionemos los canales en nuestros medios”.
La transparencia debe ser igual para todos.
La ayuda humanitaria no debería depender de simpatías políticas ni de prejuicios de clase o de élite. Lo que corresponde ahora son respuestas concretas, reglas claras y absoluta rendición de cuentas.





