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Yezid García Abello, maestro de la política – Por: Erwin Palma E

Me hubiera gustado que Jorge Santos, Ulpiano Quintero y tantos otros compañeros y compañeras del partido que nos ha arrebatado esta pandemia, estuvieran compartiendo con nosotros esta felicidad. Pero bueno, así es la vida.

Yezid García Abello, maestro de la política – Por: Erwin Palma E
Yezid García Abello

El avance de los derechos laborales será la bandera de Yezid en el Senado, donde seguirá luchando porque la constitución del trabajo se realice

Creo que la principal virtud del senador Yezid García Abello es la lealtad sin curvas a unos principios políticos y éticos que no ha cambiado desde joven y que son la clave del respeto y la admiración que inspira entre tantos amigos y copartidarios suyos y, sobre todo, entre sus contradictores.

Es además un hombre de partido, disciplinado y leal, tres cualidades en crisis en la vida política colombiana de hoy pero tan urgentes de rescatar. Como concejal de Bogotá en el período del alcalde Gustavo Petro esos principios fueron puestos a prueba muchas veces y no solo por la oposición. Como el mismo Petro lo ha reconocido, Yezid fue uno de sus más leales aliados, pero no por ser él el dirigente Petro, el líder, sino por unas ideas compartidas que en el caso de Yezid se han ido construyendo a lo largo de 50 años de militancia política y social al lado de los trabajadores y trabajadoras.

Pero lo que más me gusta de Yezid es que es un hombre plenamente caribe a pesar de vivir hace años en la nevera. Su sonrisa enorme seduce y tranquiliza, su abrazo siempre está presente, su lealtad sin fisuras con el Unión Magdalena despierta admiración por lo difícil que es ser hincha del equipo chico frente al desdén usual de los hinchas de los equipos de las grandes ciudades.

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Si alguien tiene el corazón a la izquierda es Yezid García, como líder estudiantil en 1971, fundando o asesorando algunos de los más importantes sindicatos del país y participando en huelgas tan valientes e importantes como la de Telecom a comienzos del gobierno de César Gaviria. Ese corazón que le ha puesto duras pruebas de las que también ha salido victorioso.

Como concejal de Bogotá, como líder sindical y desde hoy como senador, Yezid seguirá siendo un constructor de puentes, un ingeniero de los acuerdos progresistas y un defensor del diálogo para seguir luchando porque la constitución del trabajo se realice. Tal como lo hizo en el Concejo de Bogotá al lograr incluir en el Plan de Desarrollo de la Bogotá Humana el compromiso de lograr la política distrital de trabajo decente, el avance de los derechos laborales será la bandera de Yezid en el Senado.

Yezid respaldará también los proyectos de ley que ha presentado el Comité Nacional de Paro, defenderá la propiedad pública de Ecopetrol, las libertades sindicales, la transición energética justa y el trabajo decente. En esos temas, los trabajadores y trabajadoras del país, tendremos un aliado. La llegada de Yezid al Senado es un reconocimiento para él, pero también para miles de hombres y mujeres que creemos que la causa de los trabajadores, de los excluidos, deben estar en lo más alto del debate público y político.

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La semana pasada Yezid, durante la presentación de mi libro “La Huelga Después de la Huelga” en la ciudad de Bogotá, reivindicó a Lenin, a Francisco Mosquera, a la huelga de los trabajadores petroleros de 1948, a Raúl Eduardo Mahecha como fundador de la USO, y manifestó la urgencia de contar con más “Obreros cultos” para seguir defendiendo el carácter público de Ecopetrol y la necesidad de que el petróleo, y después, otras fuentes de energía, sigan generando riqueza para la nación.

Y sin planearlo, hace unos días nos encontramos un rato con amigos mutuos en su apartamento junto a su querido gato, “Cus Cus”, como siempre la simpatía y la claridad política, la enorme calidad humana y el buen gusto por vallenatos clásicos que escuchamos esa noche.

Muchas veces es difícil decir estas cosas mirando a la cara. Por eso esta columna es más que un homenaje al luchador de todas las horas, al imprescindible, al amigo generoso y a uno de mis mejores maestros. Es que, como le dijo García Márquez a Álvaro Mutis cuando cumplió 70 años yo también vengo a decirle a Yezid hoy “Por primera vez sin falsos pudores, sin mentadas de madre por miedo de llorar, y sólo para decirle con todo el corazón, cuánto lo admiramos, carajo, y cuánto lo queremos”.

Me hubiera gustado que Jorge Santos, Ulpiano Quintero y tantos otros compañeros y compañeras del partido que nos ha arrebatado esta pandemia, estuvieran compartiendo con nosotros esta felicidad. Pero bueno, así es la vida.

Muchos éxitos en este nuevo reto como senador. Compañero, amigo y maestro.


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