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¿Será Duque para Uribe lo que Maduro para Chávez? – Por: Juan Manuel López C

Los ‘mesías’ no solo no funcionan en cuerpo ajeno, sino deterioran lo positivo de sus aportes y de su imagen. Este efecto no depende de la orientación o línea ideológica o incluso intereses públicos que se suponen defender.

¿Será Duque para Uribe lo que Maduro para Chávez? - Por: Juan Manuel López C
Ivan Duque Alvaro Uribe – Hugo Chavez Nicolas Maduro

Similitudes entre ambos casos se prestan a temer que los resultados se repitan. La polarización alrededor de figuras mesiánicas solo lleva a resultados negativos

Tanto Uribe como Chávez cumplieron un mandato que les dieron sus ciudadanos. Cada uno interpretó lo que la población -o la mayoría de ella deseaba- y por eso fueron elegidos y respaldados durante sus respectivos gobiernos.

La situación de desequilibrio social en Venezuela hizo que la propuesta de unas reformas ‘revolucionarias’ parecieran responder a las necesidades de esa nación. En Colombia por el hartazgo con las acciones de la guerrilla (secuestros, extorciones, sabotajes) se propició la formación de grupos paramilitares, a veces legales bajo la forma de convivires o más usualmente de naturaleza ilegal.

Como es natural, quienes no compartían las respectivas propuestas conformaron grupos de oposición.

Infortunadamente debido a las condiciones de liderazgo autocrático, en ambos países se fue montando una polarización cada vez más radicalizada y cada vez más personalizada.

A unos escandaliza más la persecución a los enemigos políticos, y a otros las motosierras y los falsos positivos, siendo estos los argumentos en contra de cada lado; y ambos justificándose así como enemigos uno del otro.

En ambos casos se mantuvo el paralelismo entre una imagen de democracia y de acatamiento al Estado de Derecho, y un relativo abuso de poder para adelantar los propósitos sin acudir a rupturas con la institucionalidad.

Chávez duró más porque pudo prolongar su período presidencial hasta su muerte, pero ambos rompieron las limitaciones que imponían las respectivas constituciones vigentes; Uribe solo pudo aplicar una vez el ‘artículito’ -aunque lo intentó otra vez y la Corte lo impidió- y Chávez sí repitió, pero no se debe olvidar que el voto popular la validó, puesto que nunca perdió una elección.

Hoy ninguno cuenta con las cifras de aprobación interna que gozaron durante sus mandatos

Ambos nombraron a quien podría defender su legado pues Duque es ‘el que dijo Uribe’ y Maduro el que escogió Chávez.

Maduro acabó extrapolando los propósitos de Chávez y también claramente los defectos o cuestionamientos atribuidos a la forma de adelantarlos.

Hoy es difícil negar que en Venezuela existe una dictadura, que se violan los principios de los Estados liberales (democracia real, Derechos Humanos, imperio de las leyes, etc.)

Igual se debe reconocer que las circunstancias externas obligaron o favorecieron esa drasticidad o radicalización extrema por parte de ese gobierno, ya que el bloqueo, la cuasi guerra declarada por los Estados Unidos y la caída de los precios del petróleo colaboraron a crear una situación dramática que, adicionada a los errores de manejo, llevaron a la catástrofe que hoy vive Venezuela.

Así la economía y las condiciones de vida de muchos venezolanos se han deteriorado al tiempo con la imagen de ‘la revolución del siglo XXI’ y la del mismo Chávez, aunque ya se empieza diferenciar entre la gestión de este y la del actual gobernante, y algunos distinguen las administraciones del uno y el otro, reivindicando las políticas y actuaciones del primero pero cuestionando las de Maduro.

Lo que vemos en Colombia respecto a Uribe y Duque algo tiene de similar, la pregunta es: ¿hasta dónde llegará a parecerse?

Ya muchos seguidores de nuestro expresidente -a comenzar por buena parte del Centro Democrático- se distancian de Duque.

Unos porque no comparten su alejamiento de la línea dura uribista, otros por insatisfechos con los resultados de su administración. Y la oposición, al igual que sucedió con Maduro, sale a las calles a mostrar su inconformismo, encontrándose con una represión armada -que incluye grupos civiles organizados-.

También aquí circunstancias externas ajenas al control del gobierno, como la pandemia, han coincidido con el descalabro de las condiciones de vida de los ciudadanos y con la crisis de la institucionalidad que motivan y justifican las protestas.

En extremos contrarios las similitudes entre ambos casos se prestan al temor de que los resultados se repitan.

Pero mientras tanto como consideración positiva deja lecciones. Las polarizaciones alrededor de figuras mesiánicas solo llevan a resultados negativos.

Los ‘mesías’ no solo no funcionan en cuerpo ajeno, sino deterioran lo positivo de sus aportes y de su imagen. Este efecto no depende de la orientación o línea ideológica o incluso intereses públicos que se suponen defender.

Y la más importante: la similitud en ambos procesos nace de la obsolescencia de la concepción de Estado (modelos de democracias y sistemas económicos no adaptados a unas nuevas realidades) que lo que invitan es a una nueva forma de contrato social.

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