Me pone a pensar que… – Por: Jaime Calderón H

Me pone a pensar que... – Por: Jaime Calderón HMientras Kaelin, Ratclife y Semenza reciben el Nobel por descubrir cómo las células censan y se adaptan a la disponibilidad del oxígeno, aportando mucho al conocimiento médico, hay una inquietud creciente acerca de la medicina que se practica en Estados Unidos.

 

Leyendo el libro “Deep Medicine” de Topol, del cual tomo las referencias para este escrito, surge mi preocupación de cuánto nos concierne.

 

La salud es un negocio, pero, además, ¿por qué es el más grande? Una, entre tantas razones para que lo sea, es que al menos allí, hay un número excesivo e indeseable de diagnósticos errados que conducen a terapias inapropiadas que en ocasiones causan daño a las personas.

 

Por supuesto que, el desperdicio de los recursos destinados por la sociedad a la salud, acrecientan las ganancias. Una revisión de tres estudios observacionales publicada en 2014 en BMJ, concluyó que hubo 12 millones de errores diagnósticos significativos en el período estudiado.

 

Otra publicación en Lancet de 2017 muestra que hasta el 60% de los procedimientos hechos, fueron innecesarios. David Epstein escribió hace 2 años un ensayo que tituló: “Cuando la evidencia dice NO, pero los doctores dicen Si”, afirmando que parte del problema es la evidencia que usamos los médicos para prescribir un tratamiento, dándole excesivo peso a los que en los estudios clínicos se denominan “endpoints sustitutos”, en lugar de centrar la atención en los “principales” que realmente pesan.

 

Esta distorsión alimentada por el mercadeo de la industria, apoyado en la literatura médica científica, ha estimulado exámenes innecesarios y riesgosos y el sobreuso de pruebas de laboratorio, procedimientos, cirugías y medicamentos.

 

Hay que decir que los médicos en la actualidad están sometidos a condiciones inapropiadas para su ejercicio, hasta el punto de que en USA, al menos la mitad sufren depresión y/o desgaste profesional, lo cual sin duda afecta la buena práctica.

 

Allí, el tiempo promedio de consulta para primera vez es de doce minutos, y para la segunda, de siete. En Corea del Sur, dos minutos. No sorprende entonces la cantidad de errores diagnósticos.

 

 

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