El cáncer y la papaya

El cáncer y la papaya - Por: Jaime Calderón HPor: Jaime Calderón Herrera.

 

Las células de nuestro cuerpo ya sean neuronas, hepatocitos o cualquiera, crecen y se dividen de manera controlada, gracias a factores genéticos durante nuestra primera etapa, de tal manera que, a lo largo de nuestras vidas de adultos, solo se dividen excepcionalmente.

 

Si se pierde ese control, sobreviene el crecimiento y la división celular sin freno, en un fenómeno que conocemos con el nombre de “cáncer”. Algunas “mutaciones” pueden inducir la proliferación celular, ya sea por vía del estímulo, o dañando los mecanismos de control.

 

Treinta billones de células conforman nuestro cuerpo, cincuenta millones de colombianos constituimos un cuerpo social que denominamos Nación, construida a partir de nuestros vínculos comunes de historia y cultura.

 

Por eso es dable hacer la analogía entre el cuerpo humano y el cuerpo social, afirmando que también una Nación puede gozar de salud o padecer enfermedades.

 

Una de nuestras patologías reconocida por todos es el cáncer de la corrupción y Colombia padece ese mal.

 

Desde la cultura hemos abonado la pérdida de la confianza entre nosotros, ilustrada en el dicho transmitido de padres a hijos advirtiendo “no dar papaya”, es decir no confiar, para luego incentivar el ventajismo con la admonición de “a papaya dada, papaya partida”.

 

El conflicto social permanente ha abonado el miedo que deriva en odio, ambas expresiones de una enfermedad que nos empuja al individualismo y que, yo complementaría, son insumo para la corrupción.

 

Un propósito común debiera ser el de erradicar el abuso de poder a cualquier escala, para beneficio propio o de terceros, transformándolo en una cultura de respeto al bien general con transparencia soportada en información veraz y accesible.

 

La construcción de ciudadanía es otro imperativo, por lo cual resulta infinitamente alentador ver la expresión de Democracia Participativa del pasado domingo, que entre otras cosas nos muestra que podemos reconstruir el control social perdido en el mar del “todo vale”.

 

Si me permiten la contradicción, diría que la corrupción dio papaya, y a papaya dada… papaya partida.

 

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