La carga de la campaña – Por: Darío Echeverry Jr

La carga de la campaña – Por: Darío Echeverry Jr Es difícil hacer proselitismo político pues son tantos los intereses particulares y colectivos involucrados que más que ser un proceso de deliberación racional y objetivo, la campaña electoral se convierte en un juego de pasiones y sentimientos, donde todo es válido y se justifica todo en beneficio no de las ideas o propuestas sino de los candidatos, que se convierten en caudillos y héroes, dignos de hacer sacrificios en su nombre y a los cuales hay que defender sin importar el costo.

 

Este no es un fenómeno nuevo, el quehacer político, y el democrático, se ha caracterizado por girar en torno a candidatos, a su defensa a ultranza y al constante fluir de insultos, señalamientos y descalificaciones. Lo que sucede ahora es que las redes sociales y los teléfonos móviles han hecho que todo esto llegue a más gente en menos tiempo. El odio y el desprecio se han exacerbado y priman por sobre el debate de ideas y propuestas.

 

La discusión política se convierte en un ensordecedor ruido que persigue al ciudadano en todos lados, en calles y esquinas, en reuniones sociales y hasta en los teléfonos móviles. Pero se hace insoportable porque priman los mensajes de desprecio por el otro, de resentimiento espontaneo, de difamaciones y mentiras descaradas, todo esto justificado por el afán de descalificar al contrario, de destruir al contradictor, de desprestigiar al contendiente.

 

No importan las propuestas y los argumentos que las sustentan, pues no hay un análisis crítico, ni una revisión objetiva de lo que se plantea. Solo hay una avalancha de descalificaciones, que no aportan nada al proceso electoral y solo es el mecanismo de defensa de los seguidores de una u otra campaña, que buscan no discutir y argumentar sino degradar al oponente y a sus propuestas.

 

La cuestión aquí es que la sociedad está conforme con esto, pues a pesar de las quejas y las lamentaciones constantes no hay un verdadero rechazo social a este comportamiento. Esta forma de hacer política electoral es una costumbre aceptada, y en esa medida la comunidad soporta con estoicismo la situación y espera que pasen rápido los meses de campaña para volver a la normalidad, para que bajen los odios y cesen los ataques. Y esto sucede porque a amplios sectores de la población les gusta y disfrutan de los chismes, las discusiones sin sentido y el juego macabro de injurias y calumnias.

 

De alguna forma hay un gusto social, un morbo, que en época electoral se concentra en los candidatos y las campañas. Por eso difícilmente se podrá superar esta situación, pues es parte de cómo somos como comunidad y es una tradición social más, solo resta ser pacientes y como individuos rechazar ese comportamiento.

 

 

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