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Dejar el odio atrás

Dejar el odio atrásEditorial El Medio Magdalena.

 

En estos días en el país, y en la ciudad, ha sido posible ver que es realizable que se entreguen las armas y en un hito histórico se de punto final a la confrontación armada, pero lamentablemente al mismo tiempo no ha sido posible desarmar los espíritus y dejar el odio atrás.

 

En el país y en este municipio no es solo visible sino palpable el odio y el resentimiento que habita en un gran número de personas, lastimosamente para ellos no hay buenas noticias, ni acciones, ni gestos, ni señales, ni mensajes, que se han visto en el camino de la reconciliación nacional, pues solo cultivan la desconfianza y el recelo ante cualquier hecho que desafía su visión estructurada del mundo, que han construido a través de la negación de los otros, de aquellos que no comparten sus ideas, y la única forma posible es la construcción de una sociedad según su particular visión, donde no caben ideas diferentes y que solo es posible lograrla si ellos mismos la construyen.

 

Y cuando estas condiciones no se logran cultivan el odio y la animadversión en toda la sociedad, sin importarles las consecuencias de esos actos, pues lo único que les interesa es su propia opinión y no escuchan nada más.

 

Y el tema de la paz es el mejor ejemplo para entender esto, es posible ver como el mismo grupo de personas que se opuso a la negociación con las Farc y el Eln, luego se opusieron a los acuerdos con las Farc y al plebiscito, después se pusieron en contra de los ajustes a los acuerdos, también estuvieron en contra del inicio de la desmovilización, y ahora están en contra del desarme.

 

A estas personas no aprecian ni aceptan lo que este por fuera de su estrecha visión del mundo, no ven avances o victorias en la negociación con los grupos armados sino concesiones y derrotas, y así cultivan dentro de los ciudadanos la desconfianza y el odio.

 

Así fue en el plebiscito de octubre de 2016, la campaña en ese proceso electoral fue un ejemplo de cómo se usó el miedo y el engaño como arma entre la ciudadanía, se cultivó la sospecha y el temor entre la gente para lograr que prevaleciera el interés particular sobre el interés común.

 

Como sociedad no es posible permitir que una parte de la población siga usando el odio y el miedo como arma política para lograr el control del gobierno y ponerlo al servicio de una agenda privada, basada en prejuicios y prevenciones, que nada le aportan a la construcción de una nación que necesita reconciliarse para iniciar el camino de la paz.

 

Es indispensable iniciar los esfuerzos sociales y políticos para dejar atrás el odio como forma de cohesión social, tantos años de guerra deben enseñar a toda la comunidad que hay otras formas de relacionarse, por ejemplo, aquellas que se basan en el respeto y la tolerancia, básicas para la convivencia y que reconocen al otro, al vecino, al compañero de trabajo o al extraño que camina por la calle, como un igual que comparte las mismas reglas y valores sociales y políticos.

 

No es posible que Colombia como nación siga fundándose en la desconfianza y el odio, eso podría convertirse en la semilla de la próxima violencia, así como en el pasado la violencia partidista género la violencia guerrillera, y el país merece una nueva oportunidad.

 

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Es por esto que es indispensable dejar atrás el odio y ver el país desde otros ojos.

 

Es indispensable reconocer que a pesar de sus problemas y limitaciones se vive en un país mejor porque un grupo guerrillero entrego sus armas y por ende hay menos ciudadanos, soldados, policías, campesinos, guerrilleros, muertos o heridos, y por esto es mejor abandonar la desconfianza, el escepticismo y el odio para buscar mejores formas de ver el país y su realidad, que no oculte sus deficiencias pero que no condene sin apreciar los avances, por pequeños que sean.

 

Y esto mismo debe aplicarse en Barrancabermeja, no es posible construir una mejor ciudad a partir del odio y la desconfianza.

 

Como municipio solo es posible crecer en la medida en que se considere al otro como vecino no como rival, y donde deben primar los intereses comunes sobre los particulares.

 

Hay que dejar atrás la desconfianza permanente que desde el miedo y el resentimiento no permite reconocer los avances y progresos, por pequeños que sean.

 

El reto no es fácil, pero si no se desarman los corazones y no se deja el odio atrás, los problemas sociales no van a ser resueltos pues la atención pública se distraerá en discusiones sin sentido que solo buscan beneficiar a aquellos que sacan provecho del rencor y la división, aquellos que obtienen ganancias en la confusión de las comunidades, y así la gente seguirá sufriendo por causa de aquellos que solo proclaman el odio.

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