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¡A donde hemos llegado!

 Aunque quisiera, definitivamente no me es posible dejar de escribir unas palabras sobre el sainete que es hoy por hoy la política nacional, protagonizada por los filibusteros adictos al poder, del oficialismo burócrata y ampón.

Primero: La mediocridad y lisonja al máximo nivel se nota cuando un precandidato presidencial como Santos expresa sin vergüenza que se lanza pero que si el presidente también lo hace se retira y lo apoya, ¡Qué carácter.

Segundo: Me avergoncé al escuchar en RCN radio el 27 de Agosto 8am, al Señor Felipe Arias “Alias Uribito”, diciendo implícitamente que por el presidente Uribe era capaz de ponerle “cachos a su esposa” con el fin de ganar un voto a favor de la reelección.  ¡Qué carácter!

Tercero:  Alirio Villamizar, el senador multimillonario dejó ver que esta vez la reelección no se aprobará con feria de notarias sino con billete en efectivo, pero la codicia de este bribón de siete suelas lo llevó a cobrar sendas coimas a funcionarios de la Electrificadora de Santander, Lotería de Santander, Seguro Social, Beneficencia Departamental, etc, etc..

Cuarto: El ultraconservador partido conservador está en una verdadera confusión, primero dicen que se retiran de la consulta pero como quedó en evidencia que la decisión fue arbitraria ahora dicen que se retira el aburridísimo precandidato Holguin Sardi y que otros siguen buscando ser candidatos únicos del partido pero que apoyarán el presidente Uribe en su reelección. Que falta de seriedad.

Colofón
A 9 meses de las elecciones presidenciales la situación política en mi país sigue muy confusa y lamento que Colombia haya caído en un escenario similar al de Venezuela ó Ecuador, donde se ha reemplazado la democracia transparente por gobiernos despóticos con narcicismo patológico y destructivo. Aristóteles advirtió sobre este riesgo que sufre cada forma de gobierno: la aristocracia puede degradar en oligarquía, la monarquía en tiranía y la democracia en despotismo. 

Ese despotismo que se deriva de la idea tener “las mayorías” y la fuerza de poner los principios constitucionales a sus pies con la enfermiza pretensión de que sólo uno de los ciudadanos es capaz de resolver los problemas de todos los demás y como si fuera poco poseedor de una sola realidad donde todos los demás simplemente están equivocados.  A eso hemos llegado, al desprestigio absoluto de la política, al fondo de la letrina, lo que sucede es que en el caso Colombiano para tocar el fondo tenemos que levantar los brazos.

 

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