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Ivan Marulanda

Sample ImageEn entrevista con El Espectador, el precandidato liberal a la Presidencia rechaza la posibilidad de una alianza con Germán Vargas Lleras.

Ha estado muy polarizada este proceso de consulta, con señalamientos y rumores ¿es posible así lograr la unidad?

Es cierto, pero yo aspiro a que el Partido salga unido y consolidado de todo esto. De todos modos, habrá que esperar que se clarifiquen las acusaciones que se han hecho.
Se habla por ejemplo de falta de garantías desde la Dirección Nacional ¿usted cómo lo ha sentido?
Creo es que no ha habido un liderazgo proactivo por parte del ex presidente César Gaviria para favorecer este proceso. Cada ha hecho lo que puede, unos con más recursos que otros, pero se necesita que a futuro, desde la Dirección Nacional Liberal, haya más colaboración y una total imparcialidad y transparencia.

¿Usted sigue firme con el compromiso de apoyar a quien gane la consulta?

No tengo la menor duda de que vamos a salir unidos, a menos de que surjan pruebas de que una victoria espuria, lo cual invalidaría el proceso. Yo no podría aceptar a estas alturas de la vida que dentro de la  consulta interna se presente un proceso 8000 o una parapolítica.

¿Cree que quien gane la consulta debe asumir la dirección del Partido y que el ex presidente Gaviria se debe hacer a un lado?
Debe haber un cambio en la dirección del Partido, pero hacia una dirección plural, con tres o cinco miembros, encabezada por quien gane la consulta.

Después del domingo ¿cuál debe ser la estrategia del liberalismo?

Hay que buscar aliados que tengan un planteamiento coherente con el liberalismo en cuanto a la visión de país. No se puede pensar en alianzas simplemente para atajar al presidente Uribe, sino que tiene que ser algo propositivo que le plantee a los colombianos otros caminos y otra opción en cuanto a la solución de los problemas.

¿Alianza con Germán Vargas Lleras, por ejemplo?

No, porque la única diferencia que él tiene con el presidente Uribe es que no está de acuerdo con otra reelección, pero de resto ha sido una persona que ha compartido todo lo de este gobierno. No tendría sentido hacer ahora una propuesta al país y luego una coalición con quien ha sido nuestro contradictor en los últimos ocho años. Eso me parecería que no es responsable ni serio. La política no se puede hacer sobre la base de simples acuerdos electorales.

Hablando de propuestas ¿cree que el tema de la seguridad será el eje de la próxima contienda electoral?

Será central para el país, sobre todo porque no se ha resuelto el problema con lo de la seguridad democrática del presidente Uribe, que apunta sólo a un factor de desorden que son las Farc y el ELN. Pero en Colombia hay muchos factores que generan violencia, incluso mucho más proactivos que la misma guerrilla, que son la delincuencia común y el narcotráfico.

Dicen los uribistas que si no hay reelección se corre el riesgo de volver a ‘caguanizar’ el país…

La seguridad es un tema de Estado, es decir, cualquiera que sea el gobierno tiene que tener una política que le garantice la seguridad a los ciudadanos. Lo que pasa es que hay que tener una visión distinta, partir del fortalecimiento de la justicia en sus instrumentos técnicos, científicos, en sus recursos humanos y presupuestales, y naturalmente consolidar su autonomía. Pero por otro lado, el país necesita una política social porque con hambre no hay seguridad. Colombia tiene una situación de miseria y de marginalidad insostenible. Las propias estadísticas hablan de más de ocho millones de personas en la indigencia y más de 20 millones por debajo de la línea de la pobreza. Con esa situación, el tema de la seguridad es inmanejable.

¿Qué hacer entonces?

Tenemos que fortalecer el mercado interno y para eso se necesita subir el salario mínimo, volver a un contrato de trabajo y atener trabajadores bien remunerados, con prestaciones sociales y seguridad laboral. Hay que dirigir los recursos hacia la construcción de vivienda popular y las obras de infraestructura. Necesitamos también hacer inversión en educación pública, en escuelas, colegios y universidades; en hospitales y puestos de salud. El tema de la eficiencia de la economía es supremamente delicado porque nos va a costar mucho dinero y tiempo actualizar nuestros sistema de transporte e infraestructura para poder ser competitivos. Colombia no puede seguir creciendo en las ciudades del interior, como Bogotá y Medellín. Bogotá está a más de  500 kilómetros de los puertos y por eso cuesta más  transportar una tonelada de carne hasta Buenaventura que de Buenaventura a Shangai o Hong Kong. Nosotros no podemos ser competitivos con este sistema de ciudades en el interior y en las cordilleras, por lo que tenemos que hacer inversiones en las plataformas industriales y comerciales en los litorales Pacífico y Atlántico, y en las riberas de los ríos navegables: en el Magdalena, en la Orinoquia, en el Atrato, en las fronteras con Venezuela, Perú, Brasil y Ecuador, para poder poner al alcance de nuestro sistema productivo los mercados internacionales.

¿Tenía usted también una propuesta en materia de eficiencia de la Fuerza Pública?

Es que me parece que el gasto en defensa tiene que ser más eficiente. Nosotros tenemos un gasto que pesa mucho sobre el Producto Interno Bruto y el presupuesto nacional, y que es muy ineficiente. Aquí se generó una escala del cuerpo de seguridad inmanejable e incontrolable para el Estado, hay unos problemas de indisciplina y corrupción en la Fuerza Pública absolutamente monstruosos, con falsos positivos, chuzadas telefónicas y complicidad de ciertos sectores con el narcotráfico y la delincuencia común. El país cuenta con cerca de 500 mil hombres en la Fuerza Pública, lo cual desborda la capacidad del Estado para garantizar una buena calidad. Por eso, hay que buscar algo más profesional, más reducido y manejable, liberando de paso recursos de la defensa hacia la inversión pública. Este país no tiene carreteras, no tiene ferrocarriles, no navega los  ríos, hicieron unos puertos  y aeropuertos ineficientes, y si no tenemos una infraestructura de transporte eficiente en una economía globalizada, la economía formal no puede crecer y no puede competir en los mercados internacionales, ni puede generar empleos de calidad. En esa medida, la gente va siendo absorbida por la informalidad y la criminalidad.

¿Pero acaso no se habla de una gran inversión extranjera y de confianza inversionista?

Son cifras macroeconómicas que no tienen estudiadas en su profundidad. En sus últimas publicaciones, la Cepal habla de que en América Latina solamente hay dos países donde aumentó la pobreza y la brecha entre ricos y pobres, a pesar de las buenas condiciones de la economía mundial en los últimos siete años: Colombia y República Dominicana.

¿No cree que el Partido Liberal se ha equivocado al dejarse llevar por peleas de maquinarias y no hacer propuestas en ese sentido?

Claro. El gran tema del Partido Liberal debe ser proponerles a los colombianos alternativas, caminos mejores para manejar la economía, el tema social, de orden público, los temas internacionales. Yo no he estado de acuerdo con la orientación que ha tenido la oposición por parte de Partido, que me parece que ha sido sólo de obstruccionismo, de conflictos, de mecánica política.

¿Cree que otro tema central de las próximas elecciones será la defensa de la Constitución de 1991?

La historia constitucional del país muestra unas constituciones que hicieron los vencedores en guerras civiles, es decir de acuerdo con su propia verdad y su propia estructura de poder. La Constitución de 1991 es distinta porque fue fruto de un acuerdo social y político, en donde se reunieron todos los actores de las violencias y de los conflictos sociales a tratar de resolver por las buenas lo que no habían podido resolver por las malas. Es una Constitución de consenso. Pero lo que vino después fue la irrupción de las fuerzas paramilitares en la política para tomarse el poder político. Hoy hay cerca de 90 congresistas judicializados por la Corte Suprema de Justicia porque sus campañas fueron fruto de una alianza o acción guerrera que el paramilitarismo, los cuales hicieron unas mayorías en el Legislativo. Es decir, estamos volviendo al escenario antiguo en el cual los guerreros ganaban las guerras y ponían sus constituciones y en eso estamos, en unas mayorías hechas a bala, con fosas comunes, con dólares del narcotráfico y con fraude electoral, que cambian la Constitución de acuerdo con su parecer y sus propios intereses.

¿Qué significaría para el país una segunda reelección del presidente Uribe?

Desde la constituyente yo soy enemigo de la reelección. Me parece que en un país como Colombia, una reelección y un presidente en campaña plantean un escenario donde no hay competencia y la democracia tiene dos características fundamentales: que haya competencia y que haya alternancia. Además, con un presidente haciendo campaña política con el presupuesto nacional, con la bandera y el escudo nacional, con la infraestructura del Estado, los helicópteros, aviones, ejércitos, ahí no hay competencia. Es la destrucción definitiva de la democracia colombiana.

¿Será que la Corte Constitucional avala el referendo reeleccionista?

Creo que sí. Ahora, yo como constituyente y demócrata, no soy enemigo del referendo. Se trata de una figura que está en la Constitución para que el pueblo sea consultado en determinados casos. Si el pueblo quiere una segunda reelección, pues que se lo pregunten en las urnas. Ahora, lo que pasa es que nosotros no tenemos que hacer oposición al referendo, que es un instrumento constitucional, sino a una segunda reelección. Hay que explicarles a los colombianos cuáles son las consecuencias que tendría un nuevo período del presidente Uribe, apelar a la conciencia del ciudadano para que en la decisión que van a tomar en el referendo tengan en cuenta los riesgos que implican para la democracia colombiana y para el manejo del Estado, para el progreso y la paz del país. Creo que la Corte tiene que tomar una decisión jurídica pero no política que le impida al pueblo expresarse.

¿Qué tanto de Luis Carlos Galán tiene hoy Iván Marulanda?

Todo. Yo estoy en la política porque a mí me daría pena con aquellos que dieron la vida por unos ideales: Luis Carlos Galán, Rodrigo Lara y muchos otros. Tengo las mismas convicciones. El país ha cambiado para mal y los problemas que nosotros planteamos han crecido en la medida en que perdimos porque nos mataron a los líderes. Creo que los hechos nos han dado la razón en el sentido de que estábamos enfrentando una problemática que era el narcotráfico en la política, la corrupción y la pérdida de los espacios democráticos. Yo estoy en esta lucha con mucho optimismo y alegría, pero en unas condiciones muy difíciles de soledad, porque a muy poca gente en la política colombiana les interesa esos ideales por los cuales nosotros construimos el Nuevo Liberalismo, por los cuales ellos dieron la vida y por los cuales yo permanezco luchando. Yo sigo totalmente leal a mis amigos y a las luchas que construí con ellos.

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