Yo también fui concejal – Por: Pedro Severiche A.

Yo también fui concejal – Por: Pedro Severiche A.De estas líneas que son para usted, paciente lector, podrá pensar con justa razón que mis afirmaciones de cómo en el Concejo de Barrancabermeja de mediados del siglo pasado los debates se hacían a plomo y puño limpio, no son ciertas. Dirá usted que son puros inventos míos, que son exageradas.

 

Aumentará su incredulidad cuando le cuente sobre la forma cómo en esos acalorados debates al hoy exministro Horacio Serpa le partieron una de sus clavículas los concejales de la Anapo (Alianza Nacional Popular), partido político del que germinó años más tarde el M-19 en Colombia y cuya llama aún mantiene viva el senador Gustavo Petro.

 

Podría decirse que a Serpa le tocó abrirse paso en la política a clavícula limpia.

 

 

Confieso que he vivido

 

Confieso que el Concejo y yo hemos tenido una relación algunas veces cercana, otras no. Sin embargo, esa relación ha servido para ser testigo de ver el naufragio allí de los sueños de no pocos que han querido cambiar el destino de esta capital del petróleo, pero también el mundo, buscando una credencial en esa corporación, que como por encanto ha estado en el mismo lugar de siempre y casi que con la misma gente.

 

Podría decirse que tantas almas que han llegado al seno del Concejo para cambiar a Barrancabermeja, no nos ha alcanzado para cambiar de sede ni a la Alcaldía ni al propio Concejo que por años ha albergado sueños y frustraciones. Me atrevo a afirmar que, a esas almas, el Concejo si les cambió la vida: para bien o para mal. Mas su edificio sigue siendo el mismo que me sirvió de refugio, cuando no era feliz, pero anda bien documentado.

 

 

La clavícula de Serpa

 

Volviendo al cuento de la Anapo, destaco que para esa época a la gente le interesaba menos la política y más el poder trabajar para Ecopetrol. Hoy la malla de Ecopetrol se trasladó a la Alcaldía y hasta tiene sindicato: Asofilo (Asociación de aguantadores de filo).

 

 

Para entonces, quienes oficiaban como corporados eran en su mayoría hombres de pocos argumentos y muchas balas. Diré que otros no tanto, para evitarme problemas.

 

Al Concejo se llegaba armado de varias pistolas y había quienes lucían en su pretina y su curul el revólver que los acompañaba. Así las cosas, en los acalorados debates -a falta de ideas- buenos eran los puñetazos y los disparos al aire. Uno que otro silletazo, que no es lo mismo que pupitrazo, no estaba de más.

 

Fue en uno de esos debates en los que Horacio Serpa, tratando de mediar en esa ciega jauría, pero también en su intento de llegar más tarde a la Presidencia de la República, un concejal de cuyo nombre ‘Mamola’ no quiere recordarse, le golpeó en su humanidad y le fracturó una de sus clavículas, como ya se dijo arriba.

 

De allí que cada vez que Serpa hace un esfuerzo en su vida, se le sale la clavícula, ocasión que aprovecha para recordarle la madre al bruto que lo jodió.

 

De si Serpa andaba armado en ese entonces, mi colega Raúl Chacón Zárate me dice que si porque lo persiguió por la edificación de la sucursal de Vanguardia Liberal en Barrancabermeja para pegarle un tiro –según él- por una publicación suya. Por supuesto, después Serpa sería Comisionado de Paz.

 

 

Yo fui concejal

 

Aquí donde me leen, yo también sufrí de esa fiebre de querer ser concejal de Barrancabermeja. Y lo fui, pero en condición de suplente. El mismo día que me entregaron la credencial, se me fue por un excusado en un baño público, hecho premonitorio de que esa no era mi ruta en la vida.

 

Pero vale rescatar que, para esa época, los concejales no recibían honorarios y tampoco aprobaban millonarias adiciones presupuestales. Algunos vivían de lo que aportaban a quienes lograban emplear en el Municipio. Nadie terminó preso por eso.

 

Destaco que para estos tiempos la figura del suplente despareció, pero surgió algo peor: el siguiente en la lista. ¡Vaya horror!

 

Así es señor lector, yo fui concejal, pero nunca asistí al Concejo. Le cuento que la única vez que iba a asistir, por enfermedad de mi principal, al bellaco lo llevaron en camilla hasta su curul y me dejó viendo un chispero, y sin poder pedir la palabra. Esa vez quedé muy tieso y muy majo.

 

 

De mayorías y minorías

 

Con la Constitución Política del 91, llegaron los honorarios y con ellos el mundo cambió. Comenzó el acuartelamiento para elegir contralor y personero. Recuerdo como por tacañería, la coalición que iba a elegir a un abogado del Fila (Movimiento de Serpa) se encerró en el Hotel San Carlos la noche anterior a la elección para evitar cualquier fuga.

 

El otro bando (que estaba en minoría por falta de un voto) se acuarteló en el hotel Bachué, bando que era liderado por Elkin Bueno, quien había desertado de las filas de Serpa y para entonces ya era alcalde electo. Como puede ver, mi leal lector, Serpa y Elkin, siempre han estado de telón de fondo de la política local.

 

 

 

En esa oportunidad, los del Fila dejaron salir a comprar una cajetilla de Marlboro a uno de sus acuartelados del Hotel San Carlos y por un cigarrillo perdieron las mayorías, porque el concejal Marlboro fue casi que raptado de las puertas del hotel de los Ochoa y llevado a rastras hasta el Bachué donde humo fue lo que le sobró. Los primeros perdieron por tacaños.

 

El contralor elegido entonces hoy tiene sotana.

 

 

 

El Concejo de hoy

 

He querido escribir estas líneas aprovechando el clima electoral que hoy se vive. Más de 300 almas aspiran a tener una credencial de concejal de Barrancabermeja. Un honor que cuesta y no hay cama para tanta gente.

 

Saludo a quiénes con ímpetu, esfuerzo y dedicación buscan el favor popular. Todos a una hablan del cambio y censuran la corrupción, esa misma asolapada que con sus encantos le echa perder la vida a más de uno. De 17 curules de Barrancabermeja ya una tiene dueño, es la del segundo en la votación para alcalde. Quedan 16.

 

De los 16 restantes, hay gigantes que ya tienen aseguradas sus curules. Pero que ello no sea óbice para seguir con ese fervor y ese entusiasmo con el que hoy van por cada rincón de Barrancabermeja ilustrando cómo votar por su número y por su partido a esa estela de candidatos.

 

La gente, entretanto, pide la plata del engrudo para poder pegar los afiches. Con la nueva ley, eso ya es delito. Ojo con eso.

 

 

A manera de epílogo

 

Cierro estas líneas recordando al ya desparecido Enano Isaías, el más famoso radiotécnico de estas tierras bermejas.

Isaías, era un hombre de cortísima estatura quien siempre se movilizaba en una diminuta bicicleta por las calles nuestras.

Se lanzó al Concejo como imitando a Lucho, el concejal lustrabotas de Bogotá.  Le pregunté entonces cuál sería su primera realización como corporado de llegar a obtener la preciada credencial. Esto me contestó, con entonado acento:

 

 

-. Lo primero que hago es mudarme de ese barrio donde vivo.

Le contra interrogué sobre el porqué de ese cambio radical suyo de ser concejal, y me

respondió de forma sincera y mirándome de arriba abajo, de abajo arriba:

 

– . Porque no me aguanto más a mis vecinos. 

 

 

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