Hablemos de Iván Duque y su “sugar daddy” – (Por: Jorge Gomez P)

Hablemos de Iván Duque y su “sugar daddy” – (Por: Jorge Gomez P)Cuando Iván Duque era joven y liberal, la tenía clara: “Uribe nunca respaldó con fuerza la candidatura de Serpa, y lo que es peor, creo que nunca se podrán identificar ideológicamente, en tanto que Serpa es un hombre empeñado en la paz, y Uribe es identificado como un escudero de las Convivir, es decir, con una expresión clara de la extrema derecha colombiana, que concibe la paz únicamente como el resultado de una victoria militar sobre los alzados en armas”.

 

Eso escribió Duque en columna para el semanario Tolima 7 Días de El Tiempo en julio de 1998, unos días después de la derrota sufrida por Horacio Serpa, candidato a la presidencia por el Partido Liberal… al que Duque pertenecía. Se trata de un análisis de las circunstancias que desde Antioquia contribuyeron al triunfo de Andrés Pastrana, entre las cuales menciona que “la traída de Álvaro Uribe fue un error craso”, porque “fue oportunista y solo participó cuando vio la posibilidad de una victoria liberal”. Y remata con esta perla: “A Uribe Vélez en este momento lo único que le preocupa es organizar su campaña para el 2002, y de pronto por eso poco le importa la derrota del partido. Ya nos quedó claro que Uribe no es profeta en su propia tierra”.

 

Podría pensarse que se trató de un devaneo izquierdista, producto de su juventud (tenía 22 años), pero muchos pronunciamientos posteriores confirman que Duque siguió mostrando ideas liberales, hasta el día en que fue reclutado por Uribe a sus filas. De pensamiento liberal era cuando en su cuenta de Twitter dijo el 27 de julio de 2011 que “el derecho a la igualdad no es relativo, las parejas homosexuales deben poder unirse formalmente ante un notario”. Y en la misma línea ideológica, el 12 de mayo de 2012 le enviaba “Felicitaciones al presidente Obama por apoyar el matrimonio entre las parejas del mismo sexo. Gran paso en materia de derechos civiles”.

 

 

 

Según el analista Andrés Calle Noreña, la presidencia de la República para Duque terminó siendo “el premio al colombiano trepador y advenedizo, que sabe acomodarse, como gusano de guayaba”. (Ver trino). En la columna de Duque de 1998 que aquí cito, respecto a Uribe y Serpa decía, repito: “nunca se podrán identificar ideológicamente”. Efectivamente así ocurrió, cada uno en su propia orilla, excepto Iván Duque, quien demostró que sí es posible dar una voltereta ideológica para identificarse plenamente, hasta la abyección ideológica, con su otrora antagonista.

 

¿A cambio de qué? Del ofrecimiento -a modo de cuota inicial- de una curul en el Senado, cuando todavía se desempeñaba como representante del gobierno de Juan Manuel Santos en el BID. Esto lo hizo correr presuroso a afiliarse al Centro Democrático, avizorando -exultante y gozoso- el premio mayor que lo esperaba como resultado de su traición a las ideas liberales: la Presidencia de la República. A cambio de tan importante e inmerecida distinción, Duque se olvidó de las diferencias que tenía con Uribe y lo aceptó como su ‘sugar daddy’ político: “lo que tú quieras, papacito, no importa si me haces duro o pasito”. (La cita es inventada, solo metáfora).

 

Un año después de haberse posesionado, un informe especial de Semana titulado “Año de aprendizaje”, acomodaticio a más no poder, muestra por qué hoy la aprobación del subpresidente Duque no supera el 30 por ciento: porque “llegó después de haber estado 13 años en el exterior en cargos secundarios y con tres años en el Senado como única experiencia”. El solo título del artículo daría para pensar que ven a Duque como un practicante del Sena (¿acaso un presidente llega a aprender…?), y en él traicionan -a su vez- los postulados de un periodismo serio y objetivo, pues caen en una melosa complacencia con el uribismo que deja ver a las claras por qué esa revista intentó desembarazarse de un columnista como Daniel Coronell, antítesis de la Vicky Dávila emparentada con el clan Gnecco que cada semana escribe en tinta de su propia bilis. (Ver informe).

 

Según Semana, “al contrario de lo que algunos creían, Duque no llegó al poder a volver trizas los acuerdos de paz”. ¿Cómo así, entonces las seis objeciones a la ley estatutaria de la JEP que a pedido de su jefe presentó al Congreso, no tenían ese propósito? Y el proyecto que acaba de anunciar el Centro Democrático para crearles a los militares una sala especial de juzgamiento, ¿no responde al mismo objetivo de desarticular dicho tribunal de justicia transicional?

 

Es una suerte que existan periodistas lúcidas como María Jimena Duzán, quien el mismo domingo 4 de agosto hizo su propio balance del desgobierno que vivimos, en columna titulada “El presidente que no sabe quién es”, donde concluye: “En su primer año en el poder, Duque nos ha demostrado que no sabe gobernar sino bajo la sombra de Uribe, y que su verdadero Plan de Desarrollo es el Twitter de su presidente eterno. Para donde apunte el expresidente, él va a su sombra”. (Ver columna).

 

Esto es tan cierto, que su aberrante grado de sumisión al ‘sugar daddy’ le alcanza hasta para justificar las tretas de ciertos áulicos del círculo más íntimo de su amo: como cuando Ernesto Macias se valió de una “jugadita” en la instalación del Congreso para sacarlo del recinto antes de que Jorge Robledo hablara, y a Duque le preguntaron qué opinaba de semejante artimaña de rufián de esquina, y respondió que “yo no le daría a eso mucha importancia”. Cómo así, ¿todo un presidente de la República impedido para desaprobar el atropello de un congresista contra la oposición?

 

Mejor dicho, ¿en Casa de Nariño quién manda a quién? ¿Quién es el dominante y quién el dominado, ah?

 

DE REMATE: La vicepresidenta Marta Lucía Ramírez viajó el pasado 28 de julio a El Socorro (Santander) a conmemorar los 200 años del fusilamiento de Antonia Santos, y allá afirmó que dicho suceso “generó la rebeldía de los comuneros que impulsó a los santandereanos a enfrentarse en la batalla de Pienta”. (Ver noticia) Se le debe recordar a la despistada funcionaria que quien encendió la chispa de la efímera Revolución de los Comuneros fue Manuela Beltrán, 38 años atrás. A Antonia y a su hermano Fernando -ambos parientes lejanos de Juan Manuel Santos- se les conocía era como guerrilleros, no como comuneros, pues comandaban respectivamente las guerrillas de Coromoro y Cincelada contra la dominación española. Son cosas que la historia oficial prefiere mantener ocultas…

 

Tomado de El Espectador

 

 

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