El buque Florentino Ariza o el amor en los tiempos del olvido – Por: Pedro Severiche A.

El buque Florentino Ariza o el amor en los tiempos del olvidoUn espacio del olvido y el amor, de la violencia y la esperanza, haría Gabriel García Márquez del río Magdalena en su novela El amor en los tiempos del cólera. 

 

 

 

 

En la obra de Gabo, Florentino Ariza, su protagonista, emprende un primer viaje por este río a finales del siglo XIX para olvidar el desaire de Fermina Daza y reponerse así de las penas del alma.

 

Con varios pisos de camarotes y una rueda en la popa movilizada por la fuerza de las máquinas alimentadas por los árboles talados en la propia ribera, el buque en el que viaja Florentino es uno de los que se hicieron comunes en la navegación de vapor de hace más de dos siglos.

 

La imaginación de Gabo sirvió para que desde Cormagdalena alguien pensara materializar el sueño del Nobel y se decide, con dinero público, la construcción de la embarcación ‘Florentino Ariza’, un buque con 30 toneladas de peso y con tres motores de 105 caballos de fuerza cada uno. Hoy ese buque se halla en las entrañas del olvido, como si fuera un personaje más de Gabo.

 

La embarcación tuvo un costo de unos $800 millones (a precios de principios de este siglo) con una capacidad para transportar 84 pasajeros. Fue construida por el Fondo Rotatorio de la Armada Nacional, hoy Agencia Logística de las Fuerzas Militares, en el Astillero Gustavo Márquez de Medellín.

 

 

 

 

Con el Florentino Ariza, Cormagdalena anunció que se iniciaba una era de turismo por el río Magdalena. El diario El Tiempo de fecha 9 de noviembre de 2006 celebraba  que El ‘Florentino Ariza’, superaba “sin dificultades el Salto y abrió el camino para que cuando se reactive la navegación turística, se puedan hacer recorridos de Girardot a Cartagena”.

 

Y agregaba el diario capitalino que luego de su paso por el Salto “cuatro días después de haber partido del puerto de Caracolí, en Honda, el Florentino Ariza atracó sin novedad en Mómpox”.

 

Trece años después de atracar en Mómpox, el cuerpo del inerte Florentino Ariza yace abandonado a la orilla del río Magdalena, en predios del Puesto Fluvial Número 31 de la Armada Nacional en Barrancabermeja, acompañando con su tristeza y olvido a los soldados de ese batallón.

 

 

¿Por qué fracaso el sueño del buque?

 

De acuerdo con Cormagdalena, el problema empezó por el costoso sistema de propulsión a gasolina que utilizaba el Florentino Ariza, que sumado al daño en las transmisiones del bote, hizo que los operadores turísticos perdieran el interés por el alto costo de su mantenimiento.

 

 

 

 

“Podríamos solo hacerle mantenimiento y seguirá funcionando con el mismo sistema de propulsión a gasolina, que es costoso. Esto podría valer $80 o $100 millones, pero la propuesta es cambiarle el sistema de propulsión a Diésel para que sea más económico, ese cambio podría costar alrededor de $500 millones con todo el mantenimiento en general”, dijo el subdirector de desarrollo sostenible de navegación de Cormagdalena, Andrés Molina, a Vanguardia Liberal el 6 de mayo de 2012.

 

“Si hay algún operador interesado que garantice el mantenimiento del barco y le dé uso para lo que fue creado y que además que lo recupere, se estudiaría la posibilidad de darle una concesión por cierto número de años para que recupere el dinero que fue invertido”, agregó Molina hace 7 años.

 

Todo indica que no hubo operador que le metiera el diente a ese negocio y hoy el homenaje que se le quiso hacer a García Márquez y su obra, quedó abandonado a su suerte en predios de un batallón.

 

Su triste final se asemeja al ferry de Casabe que murió hundido en una orilla del río en Salamina, un olvidado pueblo del departamento del Magdalena.

 

 

 

Y eso que la intención inicial de Cormagdalena era construir 10 buques como el Florentino Ariza para hacer del turismo en el río Magdalena una fuente importante de ingresos para la Nación.

 

«Florentino Ariza renunció a sus recuerdos y la dejó a ella sola con los suyos, y mientras tanto enrollaba cigarrillos y se los iba dando encendidos hasta que se acabó la caja», Gabo.

 

 

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