Igual o peor

Igual o peor - Por: Darío Echeverry Jr. Por: Darío Echeverry Jr.

 

Pareciera que todo fuera un espejismo, que todo no fuera más que un débil reflejo, un velo que el tiempo ha logrado desgarrar sin dificultad, en realidad no hemos aprendido nada de respeto, tolerancia y libertad, estamos igual o aún más atrasados que hace 28 años que se promulgo la constitución política o cerca de 70 años de la declaración universal de derechos humanos.

 

Somos una sociedad de apariencias, de formalismos, de labios para afuera fomentamos los derechos, pero en realidad desconfiamos de las libertades y garantías, sospechamos de los derechos y de quien los promueve.

 

Se nos olvidó como era el mundo antes de que las mujeres pudieran votar o antes de que se promovieran los derechos de las minorías o que entendiéramos que la cuestión es como protegemos a los más débiles, a los más expuestos, a los más indefensos, a los tradicionalmente excluidos.

 

Si hay algo que nos puede unir como nación es el reconocimiento a algo que todos tenemos en común, que todos compartimos, que todos poseemos, los derechos humanos.

 

Todos los seres humanos compartimos esas libertades y esas garantías sin importar si se es niño, mujer, homosexual, alto, gordo o cualquier otra apariencia.

 

Ese es el núcleo común de la nacionalidad y del Estado Social de Derecho, a partir de ahí se establece el orden institucional.

 

Pero en estos últimos días pareciera olvidáramos años de respeto y tolerancia. La violencia de las armas se ha llevado hombres, mujeres, campesinos, indígenas, negros, bebes, y no hay un rechazo común y contundente de la sociedad y las instituciones.

 

Episodios de exclusión se repiten en calles y plazas pero no hay un repudio generalizado y cuando se organiza algún tipo de manifestación de rechazo frente a estas situaciones  esta también es criticada y señalada sin contemplación. No tenemos un consenso ciudadano sobre lo que es aceptable y lo que no es, se tolera el mal por doquier a pesar de llevar décadas de sufrimiento y dolor.

 

La retaliación a través de la violencia no soluciona nada, décadas de conflicto armado deberían habernos dejado esa experiencia. Lo único que puede ayudarnos a construir la nación debe ser el respeto y la tolerancia, pero no cualquier tipo de tolerancia, es tolerar la diferencia dentro de un marco de dialogo, convivencia y supremacía de los derechos humanos.

 

No se puede ni se debe tolerar los excesos, la violencia ni la exclusión a ningún nivel ni en ninguna circunstancia.

 

En estos días de reflexión, deberíamos detenernos a pensar siquiera un momento en el país que queremos y en el país que estamos construyendo.

 

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