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Una consideración que falta en el Plan de Desarrollo

Una consideración que falta en el Plan de DesarrolloPor: Juan Manuel López C.

 

Bastante debate parece suscitar el trámite de la Ley del Plan de Desarrollo.

 

Algunos señalan -con razón- que mientras no se presente el Plan de Inversiones (que es complemento obligatorio tanto en lo legal como para cualquier evaluación de viabilidad) lo hasta ahora visto es solo un listado de buenos deseos.

 

Otros mencionan los faltantes que ese listado tiene, es decir lo que a su juicio son deficiencias de la propuesta misma (por ejemplo, la falta de programas y recursos para la Paz, o la poca atención al sector agrícola)

 

Pero falta también que se estudien los elementos que suponen ser punto de partida del Plan.

 

Concretamente no parece haberse considerado la información suministrada por el censo realizado el año pasado (2018). Pensaría uno que después de trabajar con proyecciones basadas en las variaciones entre los anteriores censos (el de antes del de 2005 fue en 1993) se encontrarían toda clase de referencias a la situación que éste reciente describe, y sobre todo a los elementos que corrigen las proyecciones anteriores.

 

Por ejemplo y a comenzar por las proyecciones demográficas (mientras se proyectaba que llegaríamos a los 50.000.000 de nacionales, resultamos siendo 45.5 millones), con consideraciones como las que hace un informe de la FAO y la OCDE al estimar que entre la desaceleración de China y la reducción de la natalidad en el mundo el crecimiento de los consumos de alimentos va también a decaer.  Este planteamiento a su turno debe ser analizado en general -pero más en nuestro caso- pues parece no tener en cuenta el ingreso de nuevos sectores al consumismo por la movilidad de clases excluidas o muy pobres hacia estratos de mayor capacidad adquisitiva.

 

En todo caso, es aún más indispensable tener en cuenta el impacto de la migración venezolana como un cambio en la estructura social colombiana. El más de millón y medio de ya desplazados es previsible que estén para quedarse. Esto implica un incremento de ese número de pobres que puede subir del 29 % -del cual nos preciamos como resultado de los últimos veinte años- a tener algo del orden del 39% como entonces. Y falta además un estimado de lo que podría aumentar la llegada de nuevos exilados (se habla de que podrían aumentar hasta tres millones).

 

Y otro tanto sucede con el desempleo: si de hecho el bajar a órdenes de un dígito se mostraba como un gran logro, la nueva realidad es que prácticamente todos los inmigrantes caen en esa categoría, devolviéndonos al problema de tener tasas de más de dos dígitos (el último dato es 12.8%)

 

Pensaría uno que una cosa era no tener en cuenta a los cuatro millones de colombianos que residían en el vecino país como si no fueran parte del problema nacional, desconociendo el hecho de que eran exilados por falta de respuestas en esta patria; otra cosa es ahora, cuando según parece los primeros y la mayoría de quienes abandonan Venezuela son nuestros compatriotas, y nos encontramos forzados a reconocer y manejar una realidad que había parecido muy cómodo ignorarla.

 

Lo menos que merecería la situación que hoy se vive sería incluir en el proyecto de Ley del Plan de Desarrollo un capítulo especial para manejar esto.

 

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