Para sobrevivir, Dios le da al Fiscal General la mentira de cada día

Para sobrevivir, Dios le da al Fiscal General la mentira de cada díaPor: Gonzalo Guillén

 

El Fiscal General de Colombia, Néstor Humberto Martínez Neira, cada mañana se despierta a maquinar la mentira de la jornada. Una vez la tiene elaborada, ordena que antes de desayunar lo llamen de los programas matutinos de radio para irradiarla sobre el país de viva voz y sin reparos de los locutores, que lo aplauden.

 

No obstante, cada vez encuentra más obstáculos para pasar arrastrándose por debajo de sus innumerables conflictos de intereses y de las corruptelas que comete día a día para cubrir una trampa con otra trampa.

 

Cada vez con mayor frecuencia monta espectáculos policiacos en los que presenta, amarrados de pies y manos, a “bandidos tenebrosos”, capturados por haber cometido crímenes “inenarrables”, basados en pruebas y evidencias contrarias a la verdad, la justicia y la decencia. Los jueces de primera instancia por lo regular no contradicen las vilezas del Fiscal General cuando les lleva ante ellos a inocentes que caza por las calles. Acceden a lo que él les pida por físico miedo de que también los mande a la cárcel, de donde solamente saldrán años después, cuando, humillados, empobrecidos, deshonrados y enfermos, logren demostrar que no hay con qué hacerles un juicio, ni siquiera una sindicación simple. Las indemnizaciones que ha debido pagar la Fiscalía en los últimos años por estos arrestos faltos de humanidad valen alrededor de dos millones de millones de pesos que salen de las arcas de la Fiscalía General. Quiero decir, de nuestros impuestos.

 

En la medida que arrecian las denuncias contra el Fiscal General en las redes sociales, en los medios de prensa internacional y en las columnas de algunos periodistas colombianos valerosos, como María Jimena Duzán o Cecilia Orozco, aquel presenta montajes, cada vez más aterrorizantes, contra inocentes a los que les endilga la administración clandestina de una red de fruterías de las FARC, de haber estado en la organización y ejecución de atentados terroristas o de manejar redes internacionales e imaginarias de lavado de dinero (nunca del lavado de sus clientes). Con el tiempo, los acusados vuelven a la libertad por falta absoluta de pruebas mientras otros ciudadanos inocentes van entrando con el objeto de mantener espesa y alta la columna de humo negro permanente con la que cubre, más que nada, el escándalo de los chanchullos con Odebrecht –y otros– de su mayor cliente y más antiguo como abogado particular: el Grupo Aval.

 

La semana pasada se conoció que el Fiscal General les ha impartido a sus fiscales subalternos, so pena de despido, la orden de, por lo menos, duplicar los encarcelamientos, haya o no pruebas. Es la manera, cree él, de mostrarle al país que su lucha contra el crimen –del que él hace parte– es implacable.

 

Martínez Neira es en muchos casos juez, parte y contraparte.

 

El 5 de diciembre de 1017, el senador Armando Benedetti concedió una rueda de prensa en la que reveló que el Fiscal General fue quien convocó a 30 empresarios, entre ellos Eleuberto Antonio Martorelli (presidente de Odebrecht en Colombia) con el objeto de que cada uno de ellos llevara 4.000 millones de pesos para financiar la campaña de Juan Manuel Santos en la segunda vuelta electoral para la reelección. Las reuniones correspondientes ocurrieron el 26, 27 y 28 de mayo de 2014.

 

El mismo senador, en la misma rueda de prensa reveló que el Fiscal Martínez se negaba –y sigue haciéndolo– a revisar los movimientos financieros de la empresa RGQ Logistics Group Internatonal S.A.S. Esta, presuntamente, fue utilizada por el empresario caleño Esteban Moreno para trasladar los 4.000 millones de pesos de Odebrecht a la campaña de Santos. Una vez pasó la cual, Odebrecht hizo un segundo aporte por otros 4.000 millones para pagar deudas pendientes. El pago que recibió Martínez Neira por estas corruptelas –denunció Benedetti– fue el haber sido nombrado en el inexistente y extravagante cargo de “Superministro” y luego en el de Fiscal General de la Nación.

 

En la misma rueda de prensa Benedetti se refirió a las coimas con las que Odebrechet y el Grupo Aval obtuvieron multimillonarios contratos con el gobierno para la construcción de obras civiles. Parte de los sobornos se pagaron enviado plata a Andorra que regresaba a Colombia. Preguntó el senador, además, si el vicepresidente, Germán Vargas Lleras, había viajado a Italia con su hermano José Antonio con el objeto de pactar aportes negros de la empresa constructora Impregilo.

 

Benedetti también reveló que Odebrechet aportó dineros a la campaña electoral del cuestionado alcalde de Barranquilla, Alex Char, íntimo copartidario de Vargas Lleras y Martínez Neira. El dinero llegó a través de la firma Torrosa S.A.S., premiada luego con grandes contratos.

 

El senador reclamó porque todas estas corruptelas eran –y son– encubiertas por el Fiscal General, cuya respuesta fue la de desatar, como un gánster, una campaña de agravios, acusaciones, falsas investigaciones penales y denuncios improcedentes contra el Senador Benedetti y su familia. Le abrogó tener un “carrusel de pensiones” en el departamento de Córdoba. Al padre del Senador lo señaló de recibir sumas de dinero inexplicables, superiores a los 100 mil millones de pesos. A la hermana, Ángela Benedetti, de haber concertado un plan de corrupción con la contratación de obras civiles en Bogotá.

 

No obstante, a la Corte Suprema de Justicia –juez natural de los senadores– no llegó jamás prueba válida alguna de los señalamientos y el Fiscal fracasó buscando testigos falsos en las cárceles para obtener de ellos testimonios contrarios a la verdad a cambio de beneficios judiciales.

 

Por último, Martínez Neira reveló la existencia de una “gigantesca” red de interceptaciones telefónicas y ataques cibernéticos de la que acusó a Benedetti de ser cliente preferente y a un exdirector de la Policía Nacional de dirigir la empresa criminal de ese tipo nunca antes vista ni imaginada en América Latina. Metió a la cárcel, como a perros, a cerca de once personas y duró meses filtrando informaciones falsas a periodistas de los medios que le son afectos, en parte porque son propiedad del Grupo Aval o porque reciben publicidad de él.

 

El montaje de las “chuzadas”, como ha sido bautizado el caso, fue tan burdo que se desplomó con rapidez: todo era falso, como se comenzó a demostrar durante una emisión del programa Hora 20, de Radio Caracol.

 

De la misma manera, Martínez Neira se ha abalanzado con agresiones verbales, seguimientos ilícitos, injurias y acusaciones sin piso contra los periodistas que hemos investigado y denunciado parte de sus procederes criminosos. Parte, digo, porque todavía falta el rabo por desollar.

 

Los ataques y descalificaciones contra los periodistas los hace circular a través de una red anónima de páginas de Internet por las que fluyen, como entre una alcantarilla, la cochambre con la que intenta defenderse a sí mismo y al Grupo Aval.

 

El teléfono celular de Martínez Neira vibra y se ilumina durante el día con llamadas continuas de quienes administran aquellas alcantarillas. Reciben como parte de pago el beneficio de que él les mantengan engavetados los procesos penales que tienen en su contra o el de perseguir a enemigos de ellos con los recursos de la Fiscalía General de la Nación.

 

 

Tres preguntas al Fiscal General:

 

1) ¿Es cierto que a Eduardo Zambrano le dieron casa por cárcel cuando amenazó con revelar un contrato firmado entre Odebrecht y el hijo menor de Luis Carlos Sarmiento Angulo, también de nombre Luis Carlos Sarmiento?

 

2) ¿Es verdad que en una segunda versión del contrato que dice poseer Zambrano desaparecieron la firma de Luis Carlos Sarmiento?

 

3) ¿Es verdad que ese contrato es de transacción con Odebrecht y lo elaboró usted, señor Fiscal Néstor Humberto Martínez Neira?

 

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Tomado del portal La Nueva Prensa.com.co

 

 

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