Nuestra sociedad

Nuestra sociedadPor: Darío Echeverry Jr.

 

Es extraño pero mucha gente habla mal de la política y de los políticos, pero en cada elección siempre hay gente nueva que se presenta, hace política y se convierte en político.

 

Hay una abierta discriminación y un sesgo en los juicios de los ciudadanos, pues se vuelve habitual decir que los políticos son malos, es decir que se critica sin contemplación a esa persona, a ese que hace de la política una profesión a pesar de que esa misma persona era el vecino o el compañero, pero que sufren una transformación en la apreciación que se tiene de ellos por parte de la sociedad cuando cambian su quehacer.

 

No es denigrando de la política o de los políticos que se va a lograr mejorar la calidad de vida de la comunidad, pues son las mismas personas que integran el conglomerado social los que se dedican a esa tarea, no son extranjeros o extraños, son miembros de la misma población.

 

Si hay inconformidad en la política o hacia los políticos debe ser porque algo está mal con la misma sociedad, pues estos terminan siendo un reflejo de ella.

 

En estos días se ha empezado a hablar de las elecciones del próximo año en el municipio, ya se asoman candidatos y candidaturas, se mencionan requisitos, se hacen exigencias, pero se volverá a caer en la costumbre de criticar al político y hablar mal de la política sin saber que realmente lo que está mal es la sociedad, que la política es un reflejo de lo que sucede en el medio social, así que la comunidad seguirá aumentando su desconfianza y desinterés hacia el quehacer político, sin que esto resuelva nada ni signifique un cambio.

 

Es necesario que la sociedad entienda para qué es la política, distinguirla del servicio social o la caridad, y entenderla más bien como la administración de recursos públicos para el bien común no para el beneficio individual, la sociedad debe empezar a asumir que los políticos no están para resolver los problemas individuales de las personas sino para el bienestar común.

 

Muchas de las frustraciones de las personas radican en que conciben al Estado como una estructura que debe resolver problemas y atender necesidades particulares y no las colectivas, de ahí surgen las visiones paternalistas del gobierno y las relaciones clientelares.

 

Cuando no se atienden las pretensiones particulares es que surgen las críticas y las desautorizaciones, los chismes y las calumnias, la desconfianza y la apatía.

 

El problema está en la sociedad, cuando la comunidad se dé cuenta de eso la política y los políticos serán vistos de manera diferente.

 

 

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