Concejo en crisis

Concejo en crisis - Editorial El Medio MagdalenaEditorial El Medio Magdalena

 

Se ha vuelto recurrente que el accionar del Concejo se convierta en fuente de desorden político y desequilibrio administrativo con terribles consecuencias para el desarrollo social y económico del municipio.

 

Cada corto periodo de tiempo es posible ver como los concejales se olvidan del interés general y se centran en sus intereses, mostrándose ante la comunidad como un órgano desconectado de los asuntos que le importan a la gente.

 

Se ha convertido en una constante política observar como el Concejo no logra superar las agendas particulares y privadas de los corporados y dedicarse casi que exclusivamente a erigirse en una entidad que se le ha olvidado la discusión de temas colectivos y de interés local.

 

Así que todos los años en vez de avanzar en la solución de los problemas públicos o en el seguimiento al cumplimiento de las metas del plan de desarrollo, la labor de los concejales se centra en discusiones estériles, retrasos sin sentido en el trámite de proyectos de interés social, superficialidad en las declaraciones y falta de gestión para el desarrollo de la municipalidad, lo que muestra que los concejales tienen evidentes carencias en el conocimiento de temas sociales y económicos sensibles para la comunidad, ignorancia en el funcionamiento del Estado y la responsabilidad pública, grosero desconocimiento de la legislación nacional y un profundo desprecio por los principios de la acción institucional y publica.

 

Esta situación   lleva a que el Concejo se ha convertido en un lastre, en peso muerto para el trabajo del gobierno municipal lo que conlleva a retrasos en el cumplimiento del plan de desarrollo y al atraso en la gestión pública, que se traducen en la profundización de los problemas municipales.

 

Esto no es algo nuevo, en las últimas décadas se ha venido reforzando esta situación y desdibujándose el funcionamiento de esta institución, lo que ha llevado no solo al atraso de la gestión local, sino también al desprestigio de la corporación ante la ciudadanía y al incremento de la desconfianza de la población hacia el gobierno y la política.

 

Son varias las consecuencias que se han visto en el tiempo del accionar errático y egocéntrico del Concejo. La comunidad ha sufrido los atrasos en las inversiones públicas por culpa de las demoras socialmente injustificadas en el proceso de toma de decisiones de los concejales, que se han acostumbrado a preocuparse más por sus intereses que por las afectaciones sociales de sus atrasos y dilaciones.

 

Los gobiernos municipales han sufrido demoras en el cumplimiento de las acciones plasmadas en los planes de desarrollo, con las consecuencias sociales, económicas, políticas y administrativas que estas producen, debido a que las decisiones del concejo se demoran en el tiempo no por criterios técnicos sino por el caprichoso actuar de los corporados, haciendo que el accionar de la administración pública sea lento e ineficaz, ocasionando que la ciudadanía no vea resuelta sus problemas y facilitando la percepción que tiene la gente de desconfianza y corrupción de la política y el gobierno.

 

Esto en últimas genera que el Concejo no sea el espacio de discusión de los asuntos de interés de la ciudad, sino un espacio de conspiraciones, alborotos y farsas, que desprestigian no solo la institución como tal sino el accionar político en el municipio.

 

Así es como la ciudadanía no se ve identificada ni con los concejales ni con la entidad, la perciben como ajena y alejada, sin intereses sociales y más preocupada por su propio beneficio, tejiéndose entorno a corporación toda una serie de percepciones negativas, que deslegitiman no solo su accionar sino sus motivaciones e intenciones.

 

En este contexto difícil es necesario hacer un llamado a recuperar esa institución, fundamental para la democracia y la gestión pública local, con el fin de que sea el espacio de discusión de los asuntos públicos, donde prime los intereses sociales y donde se busque el bienestar colectivo.

 

Barrancabermeja necesita no solo hacer seguimiento y monitoreo de los planes de desarrollo, sino también construir de manera colectiva las políticas públicas que requiere para mejorar la calidad de vida de la gente, teniendo en cuenta la realidad social, fiscal y financiara de las entidades públicas con el fin de avanzar de manera sostenible en la solución de los problemas que aquejan a la gente.

 

La ciudad no necesita un Concejo reactivo y pasivo, lento y enredado, falto de conocimiento y pendenciero.

 

El municipio necesita un Concejo activo, conectado con la comunidad, ágil en la toma de decisiones, eficaz en la identificación de debilidades en la gestión administrativa para su corrección, con conocimiento suficiente de lo público para apoyar y no retrasar la labor del gobierno, y sobretodo que sea un espacio donde prime el interés colectivo, superando la lucha intestina de intereses privados y particulares.

 

Es momento que la ciudadanía, en especial las organizaciones sociales y la academia le hagan seguimiento y monitoreo al accionar del Concejo y los concejales, un verdadero ejercicio social de fiscalización del trabajo que se hace en la entidad para calificar su desempeño, pero desde criterios técnicos y por fuera de intereses políticos.

 

Si se quiere recuperar la confianza en la política es necesario conocer realmente la labor de los elegidos a corporaciones públicas.

 

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