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El mono, aunque se vista de seda mono se queda

El mono, aunque se vista de seda mono se quedaPor: Juan Manuel López C.

 

Orgulloso se encuentran el gobierno y el presidente de la aceptación e ingreso a la OCDE (equivalente a Organización de Países Desarrollados); y con razón, ya que fue un propósito que se fijó el Dr. Santos y lo logró.

 

Pero no todo mundo tenía la misma visión ni considera de la misma manera el resultado.

 

Como siempre un paso como éste tiene aspectos buenos y aspectos dudosos.

 

Entre los positivos está que se convierte en una buena ‘carta de presentación’ y se supone que atraerá más fácilmente los inversionistas.

 

Al respecto no parece que la simple pertenencia a ese grupo elimine las consideraciones y estudios que adelanta cualquier empresario o banquero que potencialmente piense traer recursos al país; la otra ventaja que se menciona es que en esa organización se desarrollan investigaciones y se comparten experiencias que contribuyen a mejorar las economías de sus miembros; en cuanto a eso, igual se puede acceder a esos conocimientos sin pertenecer al club, y hasta cierto punto la focalización en los desarrollos económicos pueden desviar la atención de otras prioridades sociales.

 

Quienes cuestionan la bondad de este ingreso destacan que tal acceso se acompaña también de costos.

 

Uno, que no conocemos, de los aportes y cuotas que en relación a su funcionamiento nos obligamos. Pero también son varias las camisas de fuerza que nos imponen sin que tengamos la capacidad de cumplirlas.

 

Unas ya se han satisfecho en el papel al crear leyes que llenan los requisitos fijados como objetivos a mediano plazo pero que falta saber cómo se podrán satisfacer; los promedios de indicadores sociales (educación, pensiones, etc.) están muy por encima de los nuestros y los recursos para llegar a esos niveles están muy distantes de nuestros ingresos; ejemplo la tributación donde esos países cuentan con niveles de 35% del PIB mientras en Colombia ronda el 14% de tasa efectiva.

 

El gobierno maneja la misma manipulación mediática que con el tema de la paz.

 

Entrar a la OCDE no significa que llegamos a ser un país desarrollado, lo mismo que la firma de los acuerdos no implica que alcanzamos la Paz.

 

Y en igual forma que los males que generaron el conflicto siguen existiendo  -puesto que de acuerdo a lo afirmado por Santos y lo suscrito en los pactos no se cambia ni el modelo económico, ni el modelo político, ni el modelo de desarrollo-, respecto a la afiliación a la OCDE no se cambia el atraso del país ni mucho menos su condición de  ‘en vía de desarrollo’; o así lo indica que seamos el tercer peor país del mundo en materia de desigualdad; o como lo publicó el IMD World Competitiveness Ranking que por segundo año consecutivo Colombia va de para abajo en competitividad bajando del puesto 54 al 58 sobre 63 países estudiados.

 

¿Qué decir de lo que significa como subdesarrollo el desorden tanto orgánico y funcional como ético de nuestra institucionalidad (sistema -o sistemas- de Justicia, legislativo, electoral, etc.)?

 

Y al igual que con el Acuerdo no sabemos adónde nos llevará el posconflicto, pero ya empezamos a ver los inmensos problemas que trae, falta ver las dificultades y costos a enfrentar para acompañar a nuestros nuevos colegas.

 

Curiosamente coincide este ingreso al OCDE con las crisis que se derivan del problema de Hidroitunnago.  Nada que nos demuestre más que somos un país en desarrollo. Y no por la falla o accidente producido, puesto que errores pueden suceder en cualquier parte.

 

Pero solo en un país en desarrollo puede un proyecto crear tal dependencia que amenace con catástrofes como la energética, ya que las proyecciones de consumo de energía a partir del año 2.000 -y durante un par de lustros- dependen de esta obra, y el solo retraso obliga a probables montajes de termoeléctricas que, aunque pueden mejorar la llamada ‘matriz energética’ no estaban previstas. O el efecto económico sobre la segunda empresa más grande de Colombia, la EPM, y a su turno sobre las finanzas del Municipio de Medellín.

 

Hay algo de arribismo en pretender que pertenecemos al mundo de países desarrollados y que podemos participar como ellos en el liderazgo mundial en vez de trabajar sobre el mundo de realidades que vivimos como ‘país en vía de desarrollo’.

 

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