Día del Maestro: formar para transformar

Día del Maestro: formar para transformarPor: Jesús María Cataño

 

Con motivo de la celebración del día del Maestro, renuevo y amplío las percepciones que tengo sobre el proceso educativo. Y del mismo modo, renuevo y amplío mis sentimientos de gratitud a todos los Maestros, desde don Ramón Velásquez, quien me enseñó a leer en la escuela Jesús María Ocampo, del barrio El Jazmín, de Armenia, hasta mis maestros Germán Santamaría y Juan José Hoyos, a quienes les copié su interés por la simplicidad, detrás de la cual están todas las historias. Y quienes me motivaron en el aprendizaje del arte de encontrar historias y “garrapatear” cuartillas.

 

Además de la actitud y los contenidos, me parece que mientras los docentes no asuman un compromiso con la transformación de la realidad nacional, seguiremos educando para la rancia burguesía y sus intereses.

 

Cualquiera que sea la perspectiva desde la cual se mire la práctica educativa, siempre se debe partir del concepto objetivo según el cual este proceso es el conjunto de acciones dirigidas a formar, para transformar.

 

Y en tal sentido, la educación debe romper con tendencias memorísticas, que priorizan la acumulación de datos aislados de la realidad particular, para acoger todas las ideas venidas del entorno social, de las condiciones particulares que se presentan en el medio en el cual se desarrollan los procesos de aprendizaje.

 

Como una práctica de coincidencia social, los pobres, los oprimidos, los excluidos, quienes naturalmente tienen su propia ideología, son sujetos específicos que necesitan con urgencia revisiones curriculares y de metodología, para darle a la educación contenidos que realmente estén ligados a las necesidades de esas comunidades.

 

En la actualidad, la educación tiene un carácter “bancario”, una sumatoria de datos universales que olvida circunstancias particulares de las comunidades, sus intereses y sus anhelos.

 

La verdadera pedagogía es la capacidad de convertir la escuela en un espacio para el conocimiento, en donde se enseña y se aprende. Porque enseñar ya no es la transmisión del conocimiento acumulado y aprender no es, exclusivamente, la recepción de contenidos.

 

Se trata de comprender el mundo, los objetos, los fenómenos, percibir la belleza, comprender la exactitud científica, despertar el sentido común y, de manera especial, asimilar los comportamientos ciudadanos, el respeto de los demás.

 

A un estudiante de Corinto, Cauca, o al de una escuela rural de Solano, Caquetá; al de la escuela del Líbano, en Algeciras, Huila, o al de la escuela La Mariela, de Pijao, Quindío, les sirve muy poco saber de memoria las biografías de Simón Bolívar y de Cristóbal Colón, si no tienen competencias para comprender el origen de la violencia que se vive en su entorno. No comprenden por qué el Derecho, la justicia y la ley han sido sustituidos por la fuerza. Y aunque, de memoria, aprendieron qué son la Libertad, la Igualdad y la fraternidad, no han podido conocerlas. No comprenden por qué los negros son discriminados; por qué no hay comida suficiente y de buena calidad en sus mesas y mucho menos por qué el ejército y los guerrilleros viven enfrentados en un combate que involucra y destruye a la población campesina, a sus papás y a sus hermanos.

 

La rica diversidad del medio ambiente tiene que ayudar a los jóvenes a comprender la diversidad de los individuos, que, a su vez, genera las distintas posturas y opiniones sobre los fenómenos de la vida cotidiana. Y a partir de la comprensión de esa diversidad, se promueve el respeto, la tolerancia y comienza el desarrollo de otras habilidades como la capacidad de réplica y el reconocimiento de los errores, la autocrítica sana y oportuna.

 

Si en nuestra época de juventud, como sostienen los expertos, hubiéramos hecho un examen crítico del ejercicio docente, algunas conquistas tendríamos 30 años después, pero lo reconozco sin palidecer, quedamos absortos ante la ruta violenta que tomó la cotidianidad del país.

 

Los dirigentes callaron, los periodistas quedamos cautivos ante la presión de los grandes medios para los cuales trabajamos, o nos embelesamos con la novedad de unos luchadores armados que fracasaron precisamente por errores en su pedagogía, en su comunicación con la gente que decían representar.

 

Desde la primaria, los currículos son recetas que deben ser aplicadas en todos los contextos y quizás esa condición es la responsable de la calidad de la educación puesto que este modelo ha impedido el desarrollo de competencias que estimulen no solo el conocimiento sino la imaginación y la creatividad, tanto en los alumnos como en muchos docentes pegados a los mandatos oficiales.

 

A propósito, creo que la formación de los formadores, los contenidos, sus formas de actuar y de relacionarse con el mundo, las reflexiones críticas de sus prácticas y de las reformas que implementa el Estado, se ha debilitado en los últimos años y, particularmente, veo una tendencia a la capacitación en el manejo de los avances tecnológicos por encima de otros contenidos.

 

Personalmente pienso que, por encima de contenidos y metodologías, se deben proponer reflexiones sobre el papel de los docentes en el proceso formativo. Además de su preparación académica, el maestro debe prepararse física y emocionalmente. Su tarea es un compromiso y una actitud. Creo que no se puede enseñar, sin la capacidad de construir canales de comunicación con los más vulnerables para trasladar sus experiencias desde el aula a otros espacios en donde también se necesita la formación para la transformación social.

 

Porque mientras el mundo tiembla bajo las garras de un capitalismo salvaje, el pueblo desplumado, harapiento y con hambre, vive engolosinado con las limosnas de acción social, por ejemplo, en medio de un conformismo que dispersa los intentos de organización y de lucha.

 

La actitud sumisa del pueblo se explica por la dominación ideológica que es capaz de convertir las mentiras en verdades, todo a consecuencia de la formación acrítica que se ofrece en los planteles educativos.  La educación, como parte del aparato ideológico del Estado, está dirigida a homogenizar el pensamiento, a poner de acuerdo a toda la gente sobre los programas oficiales, a pensar de la misma manera sobre los problemas y temas de la coyuntura nacional.

 

Apoyados en la teoría conductista según la cual el entorno no es más que un conjunto de estímulos y respuestas, que surgió de las investigaciones evolucionistas de Carlos Darwin con las que demostró que el individuo se adapta a su medio, los ideólogos burgueses diseñan mecanismos —léase trampas— con las cuales conducen a las masas hacia los puntos de vista, hacia los anhelos de los poderosos, hasta crear sentimientos como el falso patriotismo o patrioterismo, según el cual, por ejemplo, “quien no apoye a la selección Colombia es un apátrida”.  En otras palabras, es poner a la gente del común a pensar, a sentir y a esforzarse para vivir como los miembros de la clase dominante.

 

Desde el punto de vista práctico, ¿de qué le sirvió a una persona del tumulto que nuestra selección clasificó al mundial del Rusia?.  ¿En qué la perjudican sus derrotas?. Para una persona del común, que se emborracha tras la victoria o la derrota, su rutina y sus dramas de pobreza serán los mismos aunque Colombia sea campeón mundial.

 

La dominación ideológica precede a la dominación económica y se ejerce a través de los Medios masivos de comunicación, de la Iglesia y de la educación con el fin de crear un monopolio del pensamiento que facilite la manipulación de las masas, grandes consumidoras de mercancías y también de ilusiones conformistas.

 

Los grandes Medios de comunicación, como instrumento ideológico complementario de la educación, y los periodistas como responsables del apostolado de la palabra, profanaron su oficio.

 

Este año, el día del profesor se celebra en medio de protestas por el incumplimiento de los acuerdos suscritos con motivo del paro del año pasado. Las condiciones salariales y la asistencia en salud, son temas que provocaron la anormalidad académica y que, inevitablemente, atentan contra la calidad de la educación.

 

La resignación ante el vencimiento es la expresión inobjetable de los procesos educativos actuales que, como dicen repetidamente los analistas, ”ofrecen un mar de contenidos con un centímetro de profundidad”, con los que la gente “aprende a leer pero no a pensar”.

 

 

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JESÚS MARÍA CATAÑO, es un habitual columnista de BARRANCABERMEJA VIRTUAL.  Comunicador social y periodista con más de 30 años de experiencia. Ha trabajado con importantes medios de comunicación en todo el país.

 

 

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