División y fragmentación

División y fragmentación

Editorial

Editorial El Medio Magdalena.

 

El escenario político nacional actual es el uno de los más fragmentados en la historia del país, pues tanto en el espectro ideológico como en los partidos, organizaciones y movimientos, es posible apreciar grandes divisiones y una alta atomización que revela que las elecciones del próximo año van a ser un complicado juego de estrategias que van a representar un reto a la ciudadanía al momento de tomar decisiones.

 

Las divisiones son hoy el pan de cada día de la política nacional, lo que se conoce como izquierda está fragmentada en diferentes corrientes y candidatos que, aunque están buscando unirse entorno a una candidatura fuerte, aún persisten las diferencias que impiden que se consolide un proyecto de izquierda que pueda aspirar a una importante representación en el congreso y a competir con reales opciones de ganar la presidencia de la república.

 

Por los lados de la derecha las cosas no son diferentes, abundan los candidatos, los partidos y movimientos que buscan posicionarse ante la ciudadanía y lograr su favor.

 

Así mismo, hay una recia competencia entre caudillos que se buscan ubicar por fuera de los partidos políticos, pero al mismo tiempo y de manera disimulada intentan mantener el control de esas organizaciones y así poder contar con los votos propios de esas estructuras junto con los votos de opinión que atraigan con su apariencia de independencia.

 

Es así que para los partidos políticos las cosas no se ven bien, cada vez más candidatos a la presidencia se buscan presentar ante el electorado como independientes a estas organizaciones, ahondando los problemas de la política nacional pues privilegian ante los ciudadanos los escenarios particulares sobre las estructuras colectivas, diluyendo responsabilidades y favoreciendo las salidas de corto plazo.

 

En estas circunstancias lo que se avecina es una lucha política encarnizada, marcada por una competencia fuerte y agresiva entre muchos candidatos y que tendrá tres momentos claves que definirán el futuro cercano del país.

 

El primer momento será las elecciones parlamentarias, donde los partidos y los políticos en general, afectados profundamente por los escándalos de corrupción de los últimos meses, buscaran el favor del electorado, tanto de los partidos como de la opinión, para no solo alcanzar las curules en el congreso sino posicionarse al interior de sus organizaciones y ante las diferentes candidaturas presidenciales, pues ante la fragmentación existente serán un factor decisivo en la elección del próximo presidente de la república.

 

De esta manera, el juego de alianzas tendrá un papel fundamental en la primera, pero sobretodo en la segunda vuelta presidencial, donde todos los actores políticos se la jugaran por alguno de los dos candidatos que lleguen a esa instancia.

 

El segundo momento será la primera vuelta presidencial, donde se verán si se logran materializar los intentos que, desde la izquierda, y más tímidamente desde la derecha, se han planteado para constituir candidaturas de unidad, que van a intentar lograr ganar la presidencia en ese primer momento, pero que en realidad buscaran llegar a disputar la presidencia en la segunda vuelta.

 

El gran reto será que los partidos políticos lleguen unidos para que sirvan de base en el proceso electoral donde la disputa por el electorado será intensa en un contexto de desprestigio de la actividad política, por los escándalos de corrupción, y que auguran aumento en los niveles de abstención electoral.

 

El tercer momento es la segunda vuelta presidencial, que se convierte en un punto decisivo para la política nacional al tiempo que es el más complejo pues se incrementara el interés de la población por participar en la elección del primer mandatario, al aumentar el interés del público como consecuencia de la primera vuelta y al simplificarse el escenario al presentar solo dos candidatos.

 

En un país en donde la opinión publica tiene posiciones encontradas en temas como la paz, y en particular sobre el futuro de los acuerdos con las FARC, tal como se vio en el referendo del 2016. pero además tiene que lidiar con temas sensibles como la corrupción, que serán decisivos para el electorado que tendrá que tomar decisiones según las opiniones y posiciones que tomen los candidatos ante estos temas.

 

De igual manera los partidos y los políticos, en especial los congresistas, serán vitales en la elección al movilizar los votos de las organizaciones en favor de uno u otro aspirante, lo que hará más intenso el juego de alianzas que permita fortalecer un candidato ante el último momento de elección.

 

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Así las cosas, la coyuntura política está marcada por la fragmentación, donde el voto de opinión se encuentra enfrentado en un tema como el futuro de los acuerdos de paz, y confundido ante la lucha contra la corrupción, pues los candidatos, aunque busquen alejarse tendrán que tener cerca a la clase política salpicada por los escándalos en unas elecciones bastante disputadas.

 

Este escenario seguirá favoreciendo la división política que viene experimentando el país pues frente a la fragmentación, representada en muchos proyecto electorales, se podrá apreciar cómo se fortalecerán las posiciones particulares ante eventuales negociaciones frente a los candidatos de mayor posibilidad de éxito, así que ante la debilidad de los partidos, estructuras que facilitan la cohesión y la unión, se fortalecerá la atomización política nacional en beneficio de los caciques locales y regionales, dejándolos en una privilegiada posición al momento de la votación.

 

Esto será más visible en especial en la segunda vuelta, muy a pesar de la opinión pública, cada vez más alejada de los políticos y de los partidos.

 

Por último, todo este panorama hará más compleja y delicada las elecciones que se avecinan y las consecuencias de los resultados electorales podrían hacer más difícil las condiciones en que se desempeñara el próximo gobierno.

 

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