¿Y la policía?

¿Y la policía?

Editorial

Editorial El Medio Magdalena.

 

Desde hace algunos años el panorama de la seguridad en la ciudad ha ido cambiando, es claro que aún hay problemas de lo que se conoce como violencia política, como las amenazas a líderes sociales, pero ahora son los crímenes comunes los que se han disparado de manera preocupante en los últimos años.

 

Y es que desde hace algún tiempo se ha venido agudizando la percepción de inseguridad relacionada con el crimen urbano en el municipio, ese que es representado en hechos como los robos callejeros y de viviendas, por ejemplo, que de alguna manera habían pasado a un segundo plano en el marco del conflicto armado pero que ahora han cobrado gran importancia en vida de la localidad por su impacto en la cotidianidad de la gente.

 

Lo más preocupante es que la prevención y el control de este tipo de actividades criminales es de responsabilidad de la Policía Nacional que se ha visto incapaz de reaccionar y dar reales resultados que cambien la percepción pública de inseguridad, siendo capaz de superar su incapacidad de reacción, vigilancia y respaldo a la comunidad.

 

Desde hace unos pocos años cuando Barrancabermeja estaba en la época de los altos precios del petróleo, inversiones y expectativa por la modernización de la refinería, comenzó un incremento permanente en los crímenes comunes sin que se pudiera controlar de manera efectiva esa situación, afectando permanentemente a la comunidad al exponerla a un fenómeno criminal que tocaba a toda la población sin distingo social.

 

Lamentablemente la comunidad ha tenido que padecer que en los últimos años el robo callejero, el hurto de motocicletas, el robo a viviendas, entre otros, que ha ido creciendo a todo lo largo y ancho del territorio municipal, con visibles consecuencias sobre la convivencia social que se manifiestan en zonas y horarios peligrosos para tránsito, así como barrios con frecuentes incursiones criminales.

 

La cuestión es que las acciones que ha tomado la policía a través de sus estrategias de intervención no han dado los resultados esperados, lo que ha generado que la gente se desilusione por la falta de avances y se refuerza la desconfianza ante una institución que se percibe como lejana e insensible ante los problemas cotidianos de la comunidad.

 

Lamentablemente las quejas por las demoras en la reacción o la mala atención de la policía se convierten en un curso de acción reiterativo, lo que refuerza el accionar criminal ante las demoras en la acción de control que debe desarrollar esa institución.

 

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Es necesario señalar que la Policía soporta restricciones en la cantidad de efectivos disponibles para su actividad y en su movilidad; además tiene que padecer las limitaciones que los procedimientos y decisiones judiciales le imponen a su labor.

 

Sin embargo, la falta de capacidad técnica y operativa ocasiona que no pueda dar mejores resultados frente a las circunstancias en las que debe cumplir con sus responsabilidades constitucionales y legales.

 

La comunidad reclama una policía más responsable y sensible a la realidad social, que presente resultados y articule su trabajo con el de las otras instituciones involucradas en el mantenimiento de la seguridad, con ejercicios de rendición de cuentas que permitan dar cuenta de los resultados contra los crímenes y avances en la coordinación institucional, que permitan aumentar las denuncias que aporte a la judicialización de los responsables.

 

Además, es necesario que la policía sepa responder a las demandas ciudadanas de manera eficiente y efectiva, teniendo de presente que son servidores públicos y tienen un deber con la comunidad. En este mismo sentido es indispensable que la Fiscalía, el CTI y los jueces asuman un mayor compromiso con una comunidad que necesita menos impunidad y complacencia con los delincuentes, para lo cual se necesita menos benevolencia con los reincidentes y más efectividad en las investigaciones y en la judicialización.

 

En estos tiempos de postconflicto y reconciliación, en donde además se viene padeciendo un aumento en los crímenes comunes en los últimos años, la Policía enfrenta desafíos para hacer más seguras las calles para la población, por lo cual debe hacer mejores esfuerzos para controlar los atracos en las calles, el hurto de motocicletas, los robos en viviendas, que deterioran profundamente la calidad de vida de la gente y deterioran la seguridad urbana, y para ello es necesario que se afronte de manera diferente esta problemática y se presenten resultados efectivos en la disminución de la ocurrencia de los crímenes urbanos, y por eso es indispensable que haga presencia permanente y efectiva en los barrios, mejore su comunicación con la población, responda rápida y eficientemente a los llamados de la comunidad y recupere la confianza del ciudadano cambiando el trato hacia la ciudadanía.

 

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