Inicio Benito Guerra ¡Qué coñazo! – Por: Rosberg Perilla Pérez

¡Qué coñazo! – Por: Rosberg Perilla Pérez

Rosberg Perilla

Dice una vieja regla del periodismo: «Si un perro muerde a un hombre, NO es noticia, pero si un hombre muerde a un perro, eso SÍ que es noticia».

El lunes festivo 7 de agosto, aproximadamente hacia las 9:45 pm, en la calle 50 con carrera 28 del barrio Palmira, en el local de la farmacia Drogas La Rebaja, el concejal de Barrancabermeja, Paul Enrique Solórzano García, del Partido de la U, fue objeto de una agresión física por parte de una persona, de sexo masculino, que le propinó un severo y contundente puñetazo en la nariz, dejándole como consecuencia una aparente fractura en su estructura laminar osteocartilaginosa conocida comúnmente como el ‘tabique nasal’.

Basado en esa regla del periodismo de la que hago mención, el anterior hecho es noticia, pues aunque no fue un hombre el que mordió a un perro, si fue un hombre el que agredió —inesperada y extraordinariamente— a una reconocida figura pública de Barrancabermeja.

Para mas detalles, el inusual hecho se presentó cuando el afectado se encontraba al interior del establecimiento en referencia, momento el cual fue agredido de manera sorpresiva.

Frente a lo anterior, el concejal perdió el conocimiento y fue remitido a la Clínica San Nicolás de Barrancabermeja donde recibió atención en primeros auxilios.

De acuerdo a informaciones que obtuve por parte de fuentes serias y de muy alta fidelidad, el agresor es el cónyuge de una dama con la que el concejal Solórzano habría sostenido una relación extramarital en el año 2015.

Debo aclarar a mis lectores que —amparado en los artículos 73 y 74 de la Constitución de la República de Colombia, que dicen textualmente: “la actividad periodística gozará de protección para garantizar su libertad e independencia profesional” y “el secreto profesional es inviolable”— me abstengo de dar a conocer el nombre del agresor.

Hasta el momento de escribir esta columna, el concejal, pese haber recibido una lesión grave en su rostro, ni ha instaurado querella ante las autoridades, ni tampoco ha concedido declaraciones a los periodistas sobre las desafortunados hechos presentados ese día festivo.

Algo que me llama poderosamente la atención de todo este ‘rollo’ es que  —pese a que el hecho habría gravitado en el entorno de una situación estrictamente personal, ajenas al cargo o filiación política del concejal agredido—  al día siguiente, el martes 8 de agosto, en  las horas de la mañana,  por la red  social  de Facebook  comenzó a circular un video en el que el concejal solicita a la Procuraduría General de la Nación  «investigar algunos contratos firmados por la alcaldía e investigar una presunta asignación de cargos en un instituto descentralizado», tratando con esto de desviar la atención, pues si  bien la agresión en su nariz habría  tenido motivos personales, se pretendió —perversamente— se le asociara ante la opinión pública, como hecho retaliatorio por las denuncias efectuadas por el corporado, sin duda, dentro de un afán de protagonismo que rayan en la ética.

Yo creo que frente a situaciones tan delicadas como estas, los periodistas debemos exigir total transparencia y claridad en los hechos.

En cualquier lugar del mundo si un servidor público de las calidades de un concejal es agredido brutalmente, como evidentemente sucedió con Solórzano, la sociedad estaría terriblemente sorprendida y exigiendo claridad en los hechos.

El señor Paul Solórzano es una figura pública en Barrancabermeja, quien además de ser concejal, obtuvo en las pasadas elecciones del 2015 la mayor votación entre los aspirantes de todos los partidos, logrando en esa oportunidad la suma 3.052 votos que —dicho sea de paso— han sido resultados cuestionados por algunos de sus críticos que le endilgan el hecho de ser hermano de Raul ‘El Mono’ Solórzano, capturado y puesto preso por las autoridades en el año 2009 como el principal cabecilla del ‘Cartel de la Gasolina’ en Barrancabermeja.

Si bien es cierto que uno nunca responde por las actuaciones de los hermanos, Paul Solórzano jamás ha explicado el origen de los dineros de su multimillonaria campaña política al Concejo, (que sus enemigos se lo achacan a una organización delictiva que trafica hidrocarburos).   Lo cierto  es  que el  Consejo Nacional Electoral (CNE) le otorgó oficialmente la credencial y hoy forma parte de los 17 concejales del puerto petrolero.

El concejal Paul Solórzano tiene todo el derecho a entablar las denuncias que quiera. Ni más faltaba.  Así como el señor alcalde también está en su derecho de defenderse en los estrados judiciales, sin embargo, lo que NO podemos tolerar es que se manipule perversamente un hecho íntimo y personal (en donde el concejal se vio involucrado) y lo quiera trasladar a la esfera pública para obtener réditos políticos.

Eso es inaceptable, por no decir asqueroso.

Lo peor de todo —y espero que ojalá sea mentira— es que el concejal viene siendo cuestionado en forma privada por muchas damas en la ciudad que dicen sentirse acosadas, especialmente en las horas de la madrugada, a través de mensajes privados en MessengerWhatsApp  con  propuestas  indecorosas que desdicen de su reputación e imagen.

Paul Solórzano tiene que aclararle a la ciudadanía qué pasó realmente ese día en Drogas La Rebaja.

El ejercicio de la política debe desempeñarse con decoro.  La política es un real ejercicio intelectual, que como primera condición debe tener, para los que la ejerzan, un alto componente de desarrollo humano integral.

Quizás lo que nadie le ha dicho a Paul Solórzano es que la política es una ciencia, un arte, una vocación en todo los sentidos, un instrumento de servicio a la comunidad de gran envergadura en importancia y extremadamente honorable y por lo mismo no es positivo para nuestra ciudad verlo envuelto en este tipo de situaciones.

Pero más lamentable aún, es la posición desvergonzada, hipócrita, doble moralista y perversa de algunos —dizque ‘opositores’ del gobierno— que no se han pronunciado sobre el particular y guardan un silencio cómplice que —inicialmente— cuando creían era cierta la primera versión de los hechos, salieron desde sus madrigueras virtuales, con ‘veneno de culebra’, a exigir ‘severas investigaciones’ que hoy —por supuesto— ya no las necesitan porque ‘no perjudican al alcalde’.

Esa es la doble moral que tanto daño le hace a la política y a nuestra ciudad.

Estoy totalmente de acuerdo con mi amigo, el ingeniero, Jairo Andrés Amaya, quien al enterarse de lo sucedido, escribió un reflexión que compartió en las redes sociales refiriéndose a los opositores del gobierno y que resumió de la siguiente manera:  «Al pasar las horas se van aclarando los verdaderos motivos de la agresión al concejal que pasan a ser de carácter estrictamente personal, muy alejados de los móviles políticos que ‘brillantes’ líderes opositores querían impregnarle … ustedes dan pena … tengan dignidad al usar la palabra oposición … estén a la altura de ella y no se dediquen a reducirse a seres inanimados que sólo reaccionan ante estímulos de odio hacia la administración».

Definitivamente … ¡Qué coñazo!

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ROSBERG PERILLA PÉREZ es un habitual columnista de BARRANCABERMEJA VIRTUAL.  Puede ser contactado en el correo electrónico: [email protected]

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