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SofismasEditorial El Medio Magdalena

 

Lamentablemente para Barrancabermeja están haciendo carrera en la ciudad una serie de mentiras y exageraciones que están afectando de fondo las relaciones sociales y políticas, lo que lleva a que se ahonde el desinterés de la población por los asuntos públicos y por la política misma, haciéndole un flaco servicio a la comunidad misma y a la democracia.

 

No es posible pretender que, atacando la institucionalidad, minando las relaciones con la administración pública, promoviendo la incertidumbre o animando los insultos se va a mejorar la calidad de vida o se va a conseguir el progreso de un pueblo.

 

Si se quiere mejorar la ciudad es necesario elevar el nivel de la discusión y pensar a Barrancabermeja por encima del insulto, la exageración o la mentira, de lo contrario no se resuelven los problemas, sino que estos se profundizan.

 

En este sentido es necesario hacer un llamado a la coherencia y señalar que la realidad económica local es el resultado de una crisis económica nacional caracterizada por una caída de los precios del petróleo, que se convirtió desde hace ya varios años en el jalonador de la economía, principal fuente de recursos públicos y un gran atractivo de la inversión extranjera.

 

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Los problemas de la industria petrolera se han traducido a la realidad local pues en menos de dos años decenas de empresas han cerrado sus operaciones o disminuido su presencia en la localidad, lo que ha significado en que un número cada vez mayor de trabajadores han perdido su empleo y no han logrado engancharse, esto ha conllevado a que la cadena de servicios locales se vea afectada, es así como hoteles, restaurantes, almacenes, ferreterías, etc., han visto que sus ventas se desploman como un claro efecto de la caída de la dinámica económica local.

 

Y el gobierno municipal no ha sido inmune a esta situación, sus ingresos producto de impuestos viene cayendo en los últimos dos años y por consiguiente su capacidad de inversión pública.

 

Ignorar esto es peligroso pues se desconoce un elemento clave de la economía local y es su dependencia directa e indirecta de la industria petrolera, más aun después de que Ecopetrol anunciara hace casi diez años la realización del proyecto de modernización de la refinería que llevo a los inversionistas locales a invertir sus recursos y a endeudarse para hacer parte de la cadena de servicios de esa industria, postergando el proceso de diversificación de la economía local, y haciendo más dependiente al municipio de la industria petrolera.

 

Hoy con la crisis de los precios es evidente la difícil situación que vive la ciudad, y pretender que en menos de un año y medio se pueda resolver esto no solo no es sensato sino irresponsable, pues cambiar la vocación económica de un pueblo no es algo sencillo ni rápido, más aún cuando hay inversiones atadas a unas expectativas de ingreso altas propias de la industria petrolera o que difícilmente pueden ajustarse para responder a la demanda de otro tipo de actividad económica.

 

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No hay que dejarse engañar, el desempleo o la demanda de bienes y servicios no está atada a lo que la administración municipal demanda, depende en mayor medida a la dinámica petrolera, que requiere servicios en gran escala relacionados con alimentación, hospedaje, transporte, entre otras cosas, y que en estos momentos está detenida pues esa industria no los está requiriendo.

 

Lo mismo el consumo de bienes provenientes de ferreterías y proveedores especializados, que han perdido uno de sus principales consumidores al estar casi parada la economía petrolera.

 

E igual sucede con el empleo de mano de obra especializada y no especializada, que mantiene altos índices de desocupación por la escasa o casi nula demanda de la industria petrolera, y que la dinámica local no logra absorber por sí sola.

 

Es irresponsable ignorar los problemas económicos del país, las proyecciones de crecimiento económico se vienen ajustando a la baja en los últimos meses y los pronósticos no son nada buenos, y eso se ve en todo el territorio nacional donde Barrancabermeja no es la excepción, así que es irresponsable y mentiroso pretender que de la noche a la mañana se resolverán los problemas de la ciudad.

 

La realidad es mucho más compleja y depende de muchas cosas.

 

No hay soluciones inmediatas a los problemas de desocupación o a la caída del consumo en épocas donde los hogares prefieren disminuir sus gastos debido a la reducción de sus ingresos y a la incertidumbre frente al empleo.

 

Las inversiones públicas tienen un importante impacto en algunos sectores económicos, como el transporte, la educación superior, o la construcción, y que se pueden ver impulsados por obras de gran envergadura como la ruta del cacao o la construcción de la PTAR, pero muchos de estos impactos son de mediano plazo y habrá que esperar su implementación.

 

Es por esto que en este tipo de coyunturas es mejor evitar promover la incertidumbre política, económica y social, al tiempo que se debe evitar despertar expectativas entre comerciantes, empresarios y comunidad con soluciones que no son reales, ni señalar resultados que no van a poder cumplirse, así que es mejor fortalecer las instituciones con el fin de generar mejores condiciones a los hogares y a los empresarios en el desarrollo de sus actividades.

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