Píldora de optimismo

Por: Jaime Calderón Herrera

 

Me cuesta entender por qué somos tan reacios a reconocer los logros colectivos, los logros como sociedad.

 

Es cierto que hemos construido una historia que tiene mucho para avergonzarnos, pues no solo convivimos con una gran desigualdad, sino que la inequidad y la injusticia se escriben con letras mayores en Colombia. Pero no podemos olvidarnos de que hemos avanzado. Hoy más que ayer, hay menos pobreza en términos relativos, es decir somos muchos, somos más, pero proporcionalmente hay menos pobres.

 

La conectividad por aire y por tierra ha mejorado de manera no vista en el siglo pasado, nuestros aeropuertos y nuestras carreteras son por mucho bastante mejores que en el pasado. La educación llega a más gente, pero hay que reconocerlo que ha disminuido en calidad; pero también es cierto que hoy más personas de bajos recursos pueden acceder a formación técnica y profesional de alta calidad. Y por si fuera poco, hemos sido capaces de terminar el conflicto armado con las Farc.

 

Me dirán que eso no es la paz, que falta el ELN y las bandas criminales. Es cierto, pero la paz no se construye sin haber terminado el conflicto armado. Es más fácil finiquitar el proceso con el ELN habiendo cesado la guerra con las Farc. En salud nos cuesta reconocer los avances.

 

En ningún otro país de Latinoamérica existe tal grado de protección financiera ante la enfermedad como la tenemos en Colombia, donde podemos asegurar que un enfermo con falla renal terminal, tiene cierta su atención con diálisis o trasplante, que un recién nacido con una cardiopatía congénita va a ser atendido, que la mayoría de las necesidades en salud de la población están cubiertas. Claro que subsisten barreras de acceso, mala atención, demoras, pero si comparamos el ayer con el hoy, el camino que hemos avanzado ha sido gigante.

 

Si nos comparamos con el entorno, aunque me dirán que mal de muchos, consuelo de tontos, debo decir que la “referenciación” es una herramienta válida para comprender y mejorar.

 

Sabemos que la percepción casi nunca corresponde a la realidad y que nuestras mentes construyen su imaginario desde la experiencia y la emoción, pero bien valdría comprender que también desde la manipulación que hacen los vendedores de pesimismo y catastrofismo. Somos una nación que colectivamente está construyendo un mejor futuro: no lo olvidemos.

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