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Los cien primeros días

Sample ImagePor: Juan Manuel López C.

El Presidente Santos prefirió no hacer como se acostumbra en Estados Unidos el gran discurso de los cien días para la respectiva evaluación de los medios de opinión sobre el inicio de su mandato. Aunque se limitó a una reunión preparatoria para el Plan de Desarrollo, institución que sí forma parte de nuestro orden institucional, debemos analizar no los resultados pero sí qué pautas marca.

Y en esto ha sido claro en ‘desmarcarse’ para beneficiarse de lo que el país cuestiona del anterior gobierno: exceptuando el enfrentamiento con las FARC, lo que ha caracterizado el estilo y la orientación de la nueva política es el contraste y casi que la oposición con lo que venía antes. Y no  Santos quien fijará posición ante Uribe sino lo contrario.

El inmenso respaldo que ahora recibe el nuevo Presidente puede ser algo parecido a la ola de aprobación al inicio del Gobierno Obama por mostrarse como el extremo opuesto al de Bush. Pero, fuera de la diferencia de que aquí fue elegido como el candidato del Dr. Uribe y no como su alternativa, el riesgo que se corre es que, como en los Estados Unidos, las expectativas que está despertando acaben siendo demasiado lejanas de las realizaciones.

La situación actual es que Santos cuenta con la simpatía de los medios tradicionales de poder, de quienes se consideran por nacimiento con derechos privilegiados -en particular de la ‘elite bogotana’-, como en su momento Uribe contó con la simpatía (por lo menos) de lo que en su momento acabó siendo el nuevo poder -narcotráfico y paramilitarismo-.

Y puede ser que el interés de los dueños de los medios de comunicación alguna vez sea su función social y la promoción de una ideología, o que a través de la propiedad se sirvan intereses económicos. Pero para lograrlo, y como empresa autónoma, cualquier medio de prensa está sometido a estar en sintonía con la opinión pública, ser esclavo del rating y no confrontarse con el poder incumbente.

Por eso no se destaca el estado de parálisis, o por lo menos las demoras y diferidos, que está teniendo la agenda legislativa. Y por eso no se profundiza en lo que realmente debe ser significativo de un gobierno que se inicia, es decir, los nuevos propósitos, y de ser posible el nuevo modelo que propone, y no las formas y las medidas coyunturales que se toman.

Atender prioritariamente el empleo, la pobreza y la seguridad es simplemente aceptar las encuestas. Lo que no se ha divulgado es dentro de qué marco.

La seguridad puede ser simplemente la de atacar la delincuencia, o puede ser, en un contexto y orientación más amplios, la de atender los riesgos de poca atención a la salud, la justicia, los desastres naturales, además de terminar el peligro de la guerra y sus consecuencias.

La pobreza cualquier país tiene el deber de combatirla. Pero el disminuir el contraste con la riqueza que la rodea, o evitar un proceso de concentración de riqueza simultáneo, son objetivos igual o más importantes.

Y no es lo mismo un modelo que tiene por objetivo buscar el pleno empleo para formar una sociedad participativa y que toda la población esté integrada a la economía, que el buscar palear las consecuencias de un modelo que estructuralmente genera deterioro laboral  (satisfaciéndose con bajar el desempleo de 9.7% a 9.2% sin darle importancia a que al mismo tiempo subió el subempleo de 34% a 38.5% ¡!)

 

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