La ironía electoral

Sample ImagePor: Rodrigo Báez V.

En la contienda electoral para la próxima Presidencia de la República y en sus respectivas campañas están pasando cosas bastante curiosas teniendo en cuenta la trascendencia de la actividad. Por ejemplo, es inaudito que los medios estén eligiendo por nosotros. Se la pasan diciendo que a Pardo no se le ve nada, que Petro es engreído; pero a mi modo de ver las cosas son los candidatos que mejor responden las preguntas, los que mejores propuestas tienen, los que manejan los discursos más concretos, específicos y aplicados a la realidad y aún así son los que van rezagados en las encuestas.

Pero otra ironía: es comprensible que Santos con su gran maquinaria repunte en las encuestas, con un periódico, un canal de televisión y toda la contratación estatal a su merced;  pero Noemí tiene también una enorme maquinaria que fue el resultado de los conservadores uribistas inconformes pero que alguna vez recibieron algo del gobierno más los conservadores que no son ni fueron uribistas y mucho menos recibieron nada (esa suma es una gran maquinaria); ¿por qué va tan mal? ¿Así será de mala como candidata? Y para rematar con esos comerciales de televisión…

Vargas Lleras a pesar de su tenacidad, inteligencia y a veces malinterpretada practicidad que los medios transforman en pedantería; seguirá cargando la cruz de haber sido acérrimo uribista y luego antiuribista pero solo contra el mundo. Le seguirán cobrando que alguna vez como senador defendió las directrices del presidente Uribe, que le ayudó tanto como para fundar un partido político. El mismo con el que ahora critica al mismo gobierno. Mi papá me dijo algo muy cierto: “Si Vargas Lleras se hubiera quedado en el Partido Liberal –así sea del lado de Uribe como lo hicieron muchos- ahora tendríamos presidente Liberal”. Lo castigaron, por lo menos en esta.

Antanas Mockus goza del entusiasmo, pasión y trabajo desinteresado e impetuoso que solo la juventud le puede plasmar a algo que la misma juventud se niega a apoyar: la política. Cuando los jóvenes deciden participar en ella logran cosas que ninguna maquinaria puede igualar. Lo que ví con la Séptima Papeleta fue algo tan monumental que logró ¡HACER UNA NUEVA CONSTITUCIÓN! Y Mockus sabe cómo aprovechar eso, no malintencionadamente ni inescrupulosamente, él sabe del poder estudiantil, y no duda en trabajar con ellos y su inmedible creatividad. Lo que lo mantiene entre los favoritos es su transparencia, pero no la que predica sino la de su personalidad que a veces lo hace ver como ingenuo; tanto que se equivoca y rectifica. Irónico también, pero eso lo hizo tener una imagen del hombre cercano a la gente que le ha ayudado. Si, es diferente, pero no por eso debe dejar de comunicarnos sus políticas sobre la problemática actual, los demás candidatos lo hacen; que lo haga él también para ver qué tan diferente es.

Santos profesa el discurso más facilista y el que menos margen de error puede tener al confrontarse con alguien: seguir haciendo lo que otro ha venido haciendo. Pero, y ¿quién asegura que si mi jefe deja la gerencia general de la empresa para la cual trabajo y yo la asumo diciéndole a mis empleados que voy a hacer lo mismo que el saliente voy a ser igual de bueno a él? Sobre todo si al comienzo de su jefatura le hice oposición.

A pesar de que los medios insisten en reducir todo entre Mockus y Santos, por favor: olvidemos ese paradigma de “perder el voto” si votamos por el que va tercero o cuarto. Votemos por nuestras convicciones, por el que nos parezca el mejor. Y en la segunda vuelta por el que nos parezca el menos peor.

 

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