VISA abU.S.A

Sample ImagePor: Rodrigo Báez Vallejo.
 
Tuve que tramitar mi visa para viajar a Texas. Me sorprendió cómo en los días anteriores a la cita el tema se vuelve eje central de la vida. Los compromisos laborales y el hogar pasan a segundo plano por 72 horas. “Hay que recoger la mayor cantidad de pruebas que demuestren que no se va a quedar en U.S.A”, es lo que primero le dicen a uno. Pero por alguna razón inexplicable cuando ya terminé de acumular fotocopias de ARP, Certificado laboral (con salario, tiempo, cargo, días de vacaciones), carnet de la pre pagada, certificados de libertad y tradición, papeles del carro, registros civiles, certificado del matrimonio, extractos bancarios; me dicen que “eso no lo revisan!”… Como rezaban aquellas historietas de nuestro amigo y filósofo suramericano: PLOP! Luego unos formularios que no sé cuán complicados son para diligenciarlos pero la gente se vuelve torpe llenándolos.

Llega el día de radicación de documentos. Es ahí donde me hago una idea errónea de quiénes somos los colombianos para los estadounidenses. La cita es a las 12:30 del mediodía, pero: CITA? Somos 500 borregos haciendo fila. Se oye una voz femenina dictando las mil prohibiciones muy estilo carcelario, pero para mi sorpresa, a mis compañeros de diligencia les parece muy normal. Cuando ingreso a territorio americano, -las embajadas no hacen parte del territorio nacional-, noto algo extraño en la gente: se transforman, caminan con delicadeza, con cuidado de no llamar la atención, con miedo e inseguridad, sienten que los vigilan (aunque sí que lo hacen); ambiente de humillación, de personas doblegadas, impotentes y  resignadas.

El lunes siguiente: la entrevista. La “cita” era a las 6:30 am. Tuve que levantarme a las 4:45 am, hacía mucho tiempo no madrugaba tanto; cuando hacía parte de la Reserva del Ejercito tuve que hacerlo por muchos años con regularidad; y ahora, irónicamente cuando no lo hago para servirle a mi país lo hafo para poder ir a otro país. Me encuentro con algo curioso pero triste: veo a personajes con el mismo vestido, camisa y corbata del viernes, con lo cual concluyo que sólo usan estos trajes para la ocasión, no es justo.

Es mi turno para hablar con la cónsul. Es confirmado que el grado de nerviosismo es inversamente proporcional a la probabilidad de la aprobación del preciado documento. Que dolor ver cómo mis co-solicitantes se volvían un 8 ante la mujer al otro lado de la ventilla. No fue mi caso, pues al ver cómo me hablaba y analizando la manera en que la “diplomática” me devolvía los documentos, deduje que su grado de cultura era inferior al mío. Por lo tanto el respeto que llevaba dispuesto a demostrarle se transformó en desprecio y lástima. En DOMEZA haciendo mi quinta fila (me gustaría saber cómo adjudican ese contrato, porque el negocio es redondo) pensaba: si ese era el comportamiento de la Señora conmigo y me aprobó la visa, cómo será su actitud con quienes se la niega?

Más sorpresa aún es en el momento de viajar. En El Dorado viajar un solo es motivo de sospecha, y nosotros los colombianos somos terriblemente desconfiados: las del check in no sé por qué preguntan tantas tonterías, los policías groseros y para completar nuestros coterráneos auxiliares de vuelo se creen estrato 20 mil. Al ver las formas de actuar de mis compatriotas que me están prestando un servicio me preocupé por cómo sería recibido en territorio gringo.

NADA! Llegar a trabajar Houston fue como ir de vacaciones. El aeropuerto parecía de alguna isla del caribe: policías sonrientes y prácticos, las de la aerolínea super atentas, inmigración ágil y en general es un relax total.

A la hora de trabajar: mis homólogos en la firma extranjera muy honestos y amplios; definitivamente los malos del paseo somos nosotros que siempre andamos con las ganas de tumbarlos.

Mucha contradicción, lo sé, pero no se puede uno llevar por la primera impresión e ir prevenido contra el mundo.

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