El olor de la papaya verde

 Nuestra inmadurez como sociedad, se demuestra en la forma de administración pública que se ejerce a través del Estado. Sin duda los actos de estas últimas semanas, siguen demostrando el grado de ostracismo en cultura política, que todos los colombianos tenemos. Observamos en vivo, como el Congreso de la República de la manera más vulgar y descarada, daba vía libre a una nueva reelección presidencial, conocedores todos sobre los graves hechos de cohecho que se presentaron en el trámite de la primera reelección.

Para este nuevo proceso de reforma constitucional, las dadivas, los agasajos, convidios y los puestos, se repartieron con un clientelismo tan abierto y público, que nadie fue capaz de protestar, por miedo, o por la complacencia de pensar que Uribe, sigue siendo el mesías criollo.

Lo que más aterra, al menos a uno que otro colombiano con capacidad de regurgitar la permanente campaña mediática, es que el desprestigio sobre la compra de votos en el senado y la cámara, no recae sobre el siempre honesto y diáfano presidente, sino sobre la figura vapuleada del Congreso Nacional. Mientras los medios de comunicación presentaban la gripa presidencial como una catástrofe de proporciones bíblicas, y una tragedia familiar, el Congreso sigue punteado las encuestas como la Institución con menos credibilidad en la nación. Qué triste ver a todos los medios de comunicación presentando la enfermedad del presidente como la piedra angular de la noticia semanal, conocedores todos, que el ciudadano presidente, es el único que no tiene porque temer por la nueva influenza, gracias a que el no es atendido en la nueva EPS, ni en ninguna ESE, mientras más de la mitad de la población colombiana carece de servicios de salud con condiciones dignas.

Para nadie es un secreto en la sociedad política colombiana, que las mayorías en el Congreso, en las Asambleas Departamentales y en los Concejos Municipales, se logran a partir de componendas, contratos, nombramientos y en casos más aberrantes, con dinero en efectivo. Hoy todos los moralistas colombianos juzgan a un senador del partido conservador, cuando la práctica clientelista por la cual fue descubierto, es ejercida en todo el territorio nacional, y en todas sus instituciones políticas. Acaso el presidente Uribe no es el gran culpable de comprar las conciencias de los senadores y representantes. Siempre que en alguna corporación publica aprueban una propuesta o proyecto gubernamental, esas mayorías van de la mano de algún ofrecimiento, dadiva o regalo, que le es entregado por el gobernante de turno.

Es interesante, como mediante un fallo judicial, muy facilista y sin analizar con profundidad todas las aristas del problema, la Honorable Corte Constitucional sentencio, que el acto legislativo 001 de 2008, por medio del cual otorgaba estabilidad en carrera administrativa a muchos servidores públicos nombrados en provisionalidad, fue declarado inconstitucional, porque atentaba contra el Estado social de Derecho, mientras la primera reelección fue estudiada sin mayores discusiones filosóficas y políticas, rompiendo el esquema de frenos y contrapesos del mismo Estado Social de Derecho que en el fallo sobre el acto legislativo 001 de 2008 dicen defender. Seguramente se encontrara ajustado a derecho esta nueva ley de referendo, pues no encontraran mayor vicio en proclamar 4 años mas de burocratismo Uribista, haciendo caso omiso al poder omnímodo de la figura presidencial.

Sin embargo, el gran culpable de toda esta vergüenza pública, somos los mismos ciudadanos. Las elecciones se convierten en verdaderos encuentros de promesas vacías, donde la persona del común llega no en busca de solución de problemas sociales y colectivos, sino de lograr sacar provecho personal. Entre más descabellada sea la propuesta del político, más votos puede llegar a obtener. Los votos son directamente proporcionales al dinero invertido en campaña y a las propuestas más absurdas. La democracia colombiana es inmadura, irresponsable, intolerante, inútil y hasta descarada.  En todo caso, siempre será igual, cada sociedad tiene los gobernantes que se merecen, y por eso estamos tan mal.

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