Huele a feo la segunda reelección de Uribe.

 Cuando el episodio de Yidis Medina no ha terminado, pese a que fue condenada por la justicia por el delito de cohecho, y esté en la cárcel por vender su voto para ayudar a aprobar la reforma que le dio vida a la primera reelección del presidente, todo parece indicar que el gobierno y su bancada en el congreso tienen el poder absoluto y han demostrado que no se detienen ante barreras legales o reglamentos, ni van a respetar la Ley, sencillamente porque a la Constitución de Colombia, el señor Uribe Vélez hace rato se la pasó por la faja y la botó a la taza del inodoro.

El escándalo de Yidis, protagonizado en el año 2004, es más que suficiente para que Uribe, desde que se conocieron los aberrantes hechos de su primera reelección, hubiera asumido alguna cuota de responsabilidad política, pues fueron varios de sus más cercanos colaboradores, quienes pactaron y conspiraron para torcerle el pescuezo a la Constitución en beneficio suyo.  Lo de Yidis está mas que comprobado.
 
Sin embargo, llegamos a esta segunda reelección y nos encontramos con otro escándalo, también protagonizado por un conservador y lamentablemente santandereano.
 
El proceso que se adelanta contra el senador Alirio Villamizar, quien tenía en su residencia 1000 millones de pesos en efectivo, puede ser apenas la punta del iceberg de todo lo que se negoció tras bambalinas para ‘fortalecer la participación ciudadana’ en este segundo intento de reelección.
 
El Ministro del Interior, Valencia Cossio, siempre saca a relucir el número de firmas que avalaron el referendo, pero lo que no dice es que los millones de firmantes jamás avalaron que se violara la Ley, ni que se saltaran todas las formas, ni que pisotearan la Constitución, como evidentemente se hizo.
 
El estilo administrativo de Uribe, prepotente, autoritario y hasta cierto punto arbitrario, y su deseo de controlar todos los centros de poder, de manejar a la opinión pública, de tener maniatados a los medios de comunicación, arrodillar a los partidos políticos y en general a todas las agremiaciones, trajo como consecuencia que en la aprobación de este referendo se cometieran, según expertos constitucionalistas, muchos errores que demuestran que estamos frente a un presidente que hace lo que se le viene en gana sin respetar la Constitución y la Ley.
 
Lo que se vio hace unos días en el Congreso no es más que una atrevida, cínica e insolente exposición pública de clientelismo y coacción oficial en las votaciones que se dieron en la Cámara.
 
Como es de suponer, el gobierno pasará ahora a presionar y a interferir a la Corte Constitucional, a obstruir la labor de la Corte Suprema de Justicia, a modificar las normas electorales y a manipular el referendo.
 
Ya denunció el periodista Daniel Coronell, en su última columna de opinión, que el gobierno de Uribe le regaló 496 millones de pesos al hijo del senador Alirio Villamizar.  La plata fue girada a través del programa Agro Ingreso Seguro, un plan del Ministerio de Agricultura, cuyo titular en el momento que se giró el dinero era Andrés Felipe Arias (el mismo que estaba tras bambalinas en el Congreso el día de la aprobación del referendo), ese que llaman "uribito".
 
Lo mejor de todo es que el beneficiario, el abogado Danny Alirio Villamizar Meneses, (el hijo de Alirio), pudo recibir la plata totalmente libre de impuestos gracias a una ley de la que es autor su padre, el mismo que fue un férreo impulsor del referendo pero al que le hallaron, ( ¡ que casualidad ! ), la caleta con los 1000 millones de pesos en Bucaramanga.
 
¡Por Dios a donde hemos llegado!
 
Con un presidente que tiene de prontuario el rápido enriquecimiento de sus 2 hijos, el cohecho comprobado con Yidis Medina y Teodolindo Avendaño, la repartición de notarias a diestra y siniestra para lograr su primera reelección, las chuzadas del DAS, los falsos positivos, las no muy claras cuentas del referendo reeleccionista, todo lo anterior adornado con más de 90 congresistas de su bancada presos e investigados por mantener relaciones con los paramilitares.
 
Lo más vergonzoso, lo más triste y lo más doloroso, es que el "referendo uribista", con todo y trampas, nos lo presentan como un proceso dizque "transparente"; como si hubiera sido una gran fiesta democrática.
 
No es sino escuchar a los periodistas uribistas como María Isabel Rueda, Julio Sánchez Cristo, Claudia Gurisati o Vicky Dávila para uno empezar a entender que estamos en un país caradura y enfermo pero del cinismo y la hipocresía.
 
En definitivas, huele a feo la segunda reelección de Uribe

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