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Brasil, otra vez – Por Elda Cantú

"Los ataques del domingo no fueron ordenados por un solo gobernante autoritario o un ejército decidido a tomar el poder, sino que más bien fueron impulsados por una amenaza más insidiosa y arraigada: un engaño masivo."

Brasil, otra vez – Por Elda Cantú

Jair Bolsonaro, ex presidente de Brasil, está en Florida. Su sombra, no obstante, se cierne a más de 6000 kilómetros de ahí, sobre su país.

El fin de semana, decenas de sus seguidores irrumpieron en los recintos de los tres poderes de la nación, en protesta por lo que, alegan, fueron unas elecciones amañadas.

No existen pruebas de que los comicios de 2022, en las que Luiz Inácio Lula da Silva resultó ganador, hayan sido fraudulentos, a pesar de que Bolsonaro impulsó esa falsedad.

Para el lunes, más de 200 personas habían sido arrestadas en conexión con los disturbios y al menos 1200 habían sido detenidas en relación con los hechos, según las autoridades.

Hacía 60 días que los seguidores de Bolsonaro acampaban en la capital, Brasilia, y en otras grandes ciudades del país. Luego, el Supremo Tribunal Federal determinó que las autoridades locales debían desalojar los campamentos en el lapso de un día y ordenó la suspensión de las cuentas de redes sociales de varios usuarios.

Enero suele ser momento de receso de gran parte del sector público en el país, que vive un aletargamiento generalizado hasta la temporada de carnavales. Y, como era fin de semana, muchos de los edificios invadidos en Brasilia estaban vacíos.

Lula tampoco estaba en la capital en ese momento.

No obstante, el Congreso entró en sesión de emergencia, el gobernador del Distrito Federal de Brasil, que incluye Brasilia, fue suspendido de su cargo y los líderes del Congreso, el Ejecutivo y el poder Judicial calificaron los hechos del domingo de “terrorismo” y llamaron a una investigación.

A nivel nacional, ahora se espera que las indagaciones determinen si hubo coordinación para realizar los ataques a la sede del poder brasileño y quiénes serían los responsables.

“Lula tiene mucho trabajo por delante para mantener unida a su nación”, comentó Vanessa Barbara en las páginas de Opinión del New York  Times.

“Un buen punto de partida será mantener la calma tras estos deplorables sucesos y seguir con firmeza los ritos de la justicia para que los culpables rindan cuentas”.

A nivel internacional, los líderes de Canadá, EE. UU. y México se han pronunciado condenando “los ataques a la democracia de Brasil y a la transferencia pacífica del poder”.

El papa Francisco dijo “pienso en las numerosas crisis políticas en diversos países del continente americano, con su carga de tensiones y formas de violencia que agudizan los conflictos sociales”.

Y en todo el mundo, analistas y público en general formulan paralelos entre lo ocurrido el fin de semana y los acontecimientos del 6 de enero en el Capitolio de EE. UU.

Como escribió ayer Jack Nicas, corresponsal del New York Times en Brasil:

Independientemente de los fallos de seguridad que hayan ocurrido, los disturbios del domingo dejaron al desnudo de forma sorprendente el principal desafío que enfrenta la democracia de Brasil.

A diferencia de otros intentos por derrocar gobiernos en la historia de América Latina, los ataques del domingo no fueron ordenados por un solo gobernante autoritario o un ejército decidido a tomar el poder, sino que más bien fueron impulsados por una amenaza más insidiosa y arraigada: un engaño masivo.

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Elda Cantú  es una periodista internacional  senior News Editor de Latin América del New York Times


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